Pensamiento - Te Veré Partir


Sentado, me siento sólo, en el horizonte gris de un velero de mástiles de conciencia. A estribor veinte años de estudios, a babor una vida de instrucciones que sólo puede brindar una aldea de reyes y reinas. Sangre roja revestida de matices de azules del acero de mis costumbres y mi herencia. La proa repleta de metas, detalles de proyectos para cada tempestad por venir. 

Un año más que se nos va, un latido en el tiempo del planeta, nos gastamos respiro a respiro, no somos más que moléculas de polvo buscando su lugar en un cosmos de estrellas. Dioses de nuestros propios universos, creadores de galaxias y constelaciones eternas e imperfectas.

En unas horas amanecerá otro día, otro segundo en una estela de minutos que se queman con los retos. Espero que cuando me saquen cuenta por los regalos de la vida, yo pueda explicar lo que hice con los minutos que han pasado y los que me quedan. Quiero ser merecedor de la cosecha.

Las olas de un nuevo año se acercan, conmovidas por una tormenta, y mi barco me sonríe, las velas de mi alma cien por ciento dispuestas. 

En unas horas una bola en la ciudad que no duerme le dirá al mundo que es año nuevo, espero haberme ganado uno más por la forma que viví el viejo.

¡Gracias 2016 por los bellos recuerdos!

Pensamiento - Te Fuiste Amigo

Juan Fernández 

Cada segundo es un amigo que se pierde en momentos disipados. Sostenemos el aliento tratando de detener el tiempo y quedamos grotescamente desmembrados en ridículo, los minutos malgastados por el viento de actos que se pierden en nuestros pensamientos preñados de fetos inertes.

Cada hora que dejamos que camine sola por los caminos recónditos de nuestros pueblos fantasmas de nuestras mentes ambulantes, no son más que lémures, temerosas de sus propias sombras, que caen inconscientes por el precipicio perpetuos de nuestras alucinaciones. Ciclos de lo mismo, ruedas que giran entre ruedas, que se pierden en el infinito.

Cada día que pasa va dejando su marca, pies de seda que dejan huellas en nuestras espaldas de arena, fósiles de intenciones que se quedan olvidadas en el manto eterno de la época de momento. Ideas que nunca nacen, tareas que no se hacen, proyectos que no germinan, programas que cavan sus propias tumbas, sistemas que se quedan flotando en las nubes de cielos que no existen.

Otro año que, como un manantial de pesadillas, se queda en las sábanas de nuestros delirios, cincuenta y dos semanas de vacaciones mentales, completamente improductivas, doce meses escalando montañas de enormes inquietudes, un segundo más que se pierden y como el humo se disipa. El tiempo es una constante que no duerme.

Te fuiste viejo amigo. Gracias por tus recuerdos.

El 2016 fue un año increíble en un calendario de incrédulos. El 2017 promete más, está en ti que no sea lo mismo.

¡Felicidades!

Pensamiento - Muerte Inesperada

Juan Fernández | Diciembre 21, 2016

Un impulso mal medido hacia un vacío de pánicos y horrores, desde un precipicio angosto, el abismo más alto y riesgoso, igual que nadar en las aguas turbias y profundas de un espanto, divagar en el silencio de un lecho de desechos calados, sin medidas y sin fondo, como un sol que no brilla, abandonando totalmente el delirio súbito de vivir y hacer nuestra propia marca.

Nos pasamos la vida planeando cada paso, como si fuéramos dueños de algo, esperamos controlar el todo y simplemente no somos más que un puñado de elementos químicos que no sirven para nada. Bolsas de piel repletas de estiércol y huesos, movidas por un músculo involuntario, repleto de ventrículos y miedos, parecemos un arcoíris de emociones; una sangre roja que nos une, soñamos, una materia gris que apenas usamos, una carga de melanina azabache que cualquier incoherente usa para juzgarnos. Caminamos con cadenas en las manos.

Circulamos melancólicos debajo de una lluvia de conmociones, arrastrando nuestras botas en cada charco, metiendo nuestros pies en el fango creado por otros y por nosotros, sin saber, nos envenenamos con nuestra propia toxina y después queremos juzgar nuestra muerte de insospechada. Cavamos nuestras propias fosas, en búsqueda de metas ilusas, que no existen. Nos convertimos en nuestros propios verdugos, o peor, escogemos los postores menos oportunos para que nos pasen sentencias.

Somos peritos en construir nuestras propias muertes espontáneas, jugamos el papel que otros escriben para el teatro de la obra de nuestras propias caídas, martirizamos a todos los que tocamos y crucificamos a cada ente vinculado directamente a nuestro propio sosiego, arrastramos sus cadáveres por décadas, y nos sofocan sus respiros. Nos vamos convirtiendo en máquinas reproductoras de canciones de quebrantos y quejas. Nos sentamos cada día a escuchar el disco rayado de la vida monótona de nuestros camaradas escogidos.

El reto es simple, vive una vida con metas y objetivos, o resígnate a morir en vida, impeliendo una muerte que con el tiempo llamaras imprevista, toda una farsa, tu muerte será premeditada, simplemente tu entierro será un poco más tarde. Tus aliados, igual de extintos, te mantendrán en vida, conectado a un artefacto artificial, consumiendo licor, música y sexo sin sentido. Creerás que tienes derechos, igual que los demás vivos, cuando no vales ni la masa cúbica que ocupan tus células en el planeta.

Quizás mi escrito te parezca exagerado e insólito, no estoy seguro que no lo sea, para mi ese juicio lo pasas tú, pero yo estoy tratando de entender si estoy vivo. Al final, tú eres el dueño de lo que tú crees que es vida…tenga yo la razón o no. Sueña, piensa, planifica, ejecuta y vive, que la otra opción es hacer a todos creer que tu muerte fue lenta, oportuna e inesperada. 

¡Mentira!

Cuento de Navidad 2016


La mañana del 24 de diciembre inició extraña para Martin y sus hermanos, Alberto, Henry y Checo. Tenían dos días sin dormir, la venta de los puercos había sido un éxito. Los cuatro guerreros tainos del siglo 21 se pasaron el tiempo en mucho trabajo y tomando Brugal Leyenda, un regalo de sus amigas, Sonia y Lilliam.

Durante las largas horas del 23 se rieron más que nunca, entre picar puerco, comerse unas carnitas y videos para los demás integrantes de su grupo de whatsapp, contaron cuentos de sus años en el colegio y las bromas sanas de su época. A las 12:00pm Martin recibió un mensaje que le dejó pasmado, su amigo Emilio, desde Nueva Jersey, le dijo que para el negocio iban dos diplomáticos dominicanos desde Nueva York, el vice cónsul, Francisco Nobles, y el ex embajador George Morrodel, dos peledeistas legendarios de esa urbe. Ambos estaban de cumpleaños y un amigo le recomendó el cerdo de la Alitas Picantes de Riki Martin.

Sonia y Perla llegaron para ayudarles a decorar el área antes de que llegaran los “dominican yorks”.  Un despectivo que con el pasar de las horas iba a desaparecer del vocablo de todos los que estuvieron esa tarde en el pequeño restaurante.

- Lo más probable es que lleguen con un séquito de babosos hablando de todo lo que tienen y de lo que van a conseguir cuando gane el PLD otra vez, - dijo Checo mientras montaba unas luces nuevas en el humilde establecimiento. – Yo soy miembro del partido, pero tenemos que retornar al boschismo…es lo único que nos salva.

- Bueno, que no vengan a joder, - respondió Martin, - aquí vendemos puerco asado, no pasadías en el paraíso.

- Tranquilos, están como dos viejas chismosas – dijo Sonia, - si Emilio les recomendó venir es porque son buenas personas. Al final en ese partido se educaba a los miembros como líderes, no como vividores. Esos hombres son de la vieja escuela de Juan Bosch. 

- No, eso no importa, lo importante es porque tienen cuarto y eso es lo que necesitamos, - refutó Henry – no tienen que ser buenas personas para comer puerco, si beben romo, y comen cueritos, son de los míos. 

Todos brotaron en carcajadas…

- Choco, Choco, mire…mire- vociferó la nietecita de Fátima, la vecina, que era vegetariana y odiaba el olor a carne de todos los días. Algunos decían que el viejo con que vivía se la quería llevar para otra ciudad, solo para no escucharla quejarse de las carnes de Martin, pero él, el vecino, era su cliente número 1.

Bajando por la Beler venía una carabana de jipetas y lambones, como nunca se habían visto en los Pepines.

- Coño, ¡pero ni que fuera el Papá! - dijo Alberto mientras llegaba la avanzada a inspeccionar el lugar, - ven acá, ¿pero estos tigres están locos?

- Cállense la boca que estos “tigres” vienen a hacernos la navidad. – dijo Sonia, poniendo el orden, Perla salió a encontrar la primera jipeta.

- Saludos, bienvenidos a las mejores Alitas de Santi…

- Señorita, perdone que le interrumpa, cuatro miembros del PLD de Nueva York, Charles McToy, Migdalina Echevara, George Morrodel y Francisco Nobles han venido acompañados de un invitado especial y queremos asegurarnos que no haya peligro en los alrededores. – dijo el coronel Frías.

- Perdóneme coronel, pero no sabíamos, que eran tan importantes…

- No es que lo sean, de por sí, ni siquiera el líder se considera así, – respondió el pulcro coronel. – Algunas personas del exterior dicen que ustedes hacen el mejor puerco del área, y hasta yo quiero un poquito, pero no se lo diga a nadie.

En unos minutos la calle era intransitable, las cuatro jipetas que llegaron estaban repletas de regalos para los niños del área; libros, útiles escolares, reglas y transportadores…todo lo básico para el estudiante de hoy, además una tarjeta de regalo de Librería Cuesta para comprar 12 libros en el año y un regalo especial al cumplir un año leyendo 12 libros, notificados a través de un correo electrónico especial del departamento de educación.

Los cuatro políticos de Nueva York entraron a la humilde casa, para sorpresa de todos, eran personas excelentes y calmados, no los arrogantes que se imaginaban los hermanos, eran producto de una crianza dominicana cementada en décadas trabajando en una comunidad de líderes de la diáspora dominicana. McToy era un profesional de la electrónica, Nobles, uno de los cumpleañeros, estaba asignado al área de visados especiales en el consulado, Morrodel, el más joven, y el otro cumpleañero, había sido embajador alterno por años, ahora trabajaba en un proyecto de liderazgo interno del PLD, y Migdelina, la subsecretaria de prensa, era la directora de una agrupación cultural en el Bronx.

- Gracias Señor Santos, usted no puede ni conjeturar el placer que nos da compartir con usted estas suculentas despensas, un puerquito navideño, así como no hemos consumido en los últimos años. – dijo el líder, mientras le pedía a Perla que le sirviera a los de seguridad y sus acompañantes primero. – Sería un placer para nosotros si el Señor Santos y sus hermanos nos acompañan.

Terminando de decir estas palabras se escuchó un disparo, la bala pasó a pulgadas de los 4 neuyorkinos y casi le da en la cabeza al líder, un enorme aparataje de seguridad entró en acción, el encargado de seguridad personal del líder, Alejandro, entró a protegerlo, fue cuando pudo ver el cuerpo de un hombre vestido de negro con un cuchillo en la mano, se había escondido detrás del arbolito de navidad.

- Líder, vamos a sacarlo de aquí… - dijo Alejandro, cubriendo el cuerpo de su empleador. En la azotea de un edificio comercial estaba su mejor franco tirador, Alberto Coste, un joven militar de campamento de La Vega, oriundo de Pueblo Viejo. Cuando Alberto estaba de turno, Alejandro respiraba tranquilo.

- Gracias Alejandro, por favor vengan conmigo, Martin, ¿Podemos usar su sala por unos minutos? – pidió el líder con la voz sutil que le caracterizaba.

- Claro, vamos. – Martin los dirigió a su salita, y se sentó junto al líder a escuchar.

- Compañeros, antes que nada, quisiera desearle al compañero Morrodel y a Nobles, un hermoso día, me he sentido orgulloso de compartir con ustedes todo el día de hoy, especialmente siendo sus cumpleaños, es una pena que concluyera de esta forma, pero son gajes del oficio.  – dijo el líder, - pero además, quisiera desearles a todos en este hogar las mejores navidades de sus vidas, a la joven Perla, quisiéramos desearle que continúe su recuperación, nos enteramos que recién sobrepasó una difícil operación y la vemos aquí, en pie de batalla. A las personas, en colectivo, como siempre, simplemente queremos para ellos lo mejor, para los compañeros y compañeras inseparables de Unión 86, nada, el universo es pequeño para todo lo que ustedes se merecen, para los hermanos y hermanas de Areito Político Cultural, ustedes saben que los amo, y para todo dominicanos y dominicana, donde quiera que se encuentren, que no olviden su patria, que la patria nunca se olvidará de ellos. 

¡Feliz Navidad!

Cuento - ¿Por qué te vas?

Juan Fernández | Diciembre 20, 2016

La noche del 20 de diciembre, al salir del trabajo, Josefina Almánzar sabía que empezaba la navidad. Como abogada esperaba este día con ansias, entre los largos días en el estrado y las noches en la universidad, el año era eterno, pero con la salida de sus estudiantes en la noche del 20, se cerraba “la matanza de las neuronas” y empezaba la “gozancia”. 

Su primera parada era el colmado de Don Andrés, a comprar un par de “juguitos verdes”, “vestidas de novia”, para tomárselas con una de sus alumnas predilectas, Margot, en el campito precioso de Pueblo Viejo, en La Vega, y celebrar la vida. Margot había perdió a su esposo trágicamente unos años atrás, y tomarse esa cerveza fría se había convertido en casi un ritual navideño para las inseparables amigas.

Normalmente subía por el Santo Cerro, pero esa ruta estaba cerrada por un accidente, por lo que tomó el cruce de Cutupú. Pasando el Callejón de los Rodríguez, a unos metros del cruce de La Vereda, Josefina se encontró frente a frente con la muerte; tirada en la mitad de la carretera estaba desangrándose una mujer delgada, parecía malnutrida, como salida de un cuento de horror, en su cara, aunque era negra, se podía ver el moretón de un fuerte golpe, en su brazo la sangre le corría sin control.

- Mujer, ¿Qué te pasa? Habla… – Preguntó Josefina a la temerosa víctima, casi dictándole que tenía que responder.

- Ayúdeme mi señora, él me quiere matar. – Respondió, sin esperar que Josefina terminara su pregunta. – Se volvió loco, se volvió loco.

Josefina se levantó y puso de pies a la señora, en la rodilla derecha se le podía ver casi el hueso, y de su abdomen salía otro chorro de sangre. Normalmente no se metía en este tipo de cosas, pero era navidad y no iba a permitir que pasara una desgracia frente a ella.

- Doña, usted no debe meterse en esto, - dijo un hombre que salió de los matorrales, la ira le salía por la boca, los ojos y casi por los oídos.

- Posiblemente no, pero hoy, usted no va a hacer nada. – Respondió la abogada. – Yo no sé lo que está pasando, ni me importa, pero hoy empecé mi navidad y ustedes dos no me la van a arruinar.

- Señora, entrégueme a la mujer y siga su camino, no se meta - dijo el hombre, mientras agarraba el machete firmemente con la mano derecha.

- Escúcheme bien, si da un paso más lo mato, como a un perro, y averiguamos luego. – Josefina sacó de su costado un revolver calibre 38 edición especial, cromado, “su amigo inseparable”.

El hombre, creyéndose Superman, dio un paso más, y sin temblarle el pulso, Josefina le disparó en el hombro derecho, el disparo rasgo la piel, arrancándole un pedazo, pero no le penetró el cuerpo, los años de práctica con el arma habían servido de algo;

- El próximo te lo pego en la cabeza, idiota, tú crees que vivimos en los tiempos de Lilí,  – su brazo, extendido, no le temblaba ni un milímetro – no he venido a este campo a que uno de ustedes…

Lo que pasó a continuación dejó a Josefina sin respiro, el hombre, quien había caído al suelo y soltado el machete, estaba llorando del dolor, y como si fuera la escena de una novela, la mujer se le tiró encima.

- No lo mate mi señora, que él no es malo, es por el alcohol, usted sabe… – La mujer apenas podía con su propia vida y estaba defendiendo la de un malnacido como este.

Josefina pensó en darle un tiro a los dos y salir de ellos, ayudar al planeta eliminando dos inútiles, pero la bala valía más que los dos juntos, y al final su ruta era a tomarse una cerveza con su amiga, y no la de un cuartel defendiendo algo que no valía el tiempo, ni la pena. Se montó en su vehículo y se marchó. El timbre de su celular la sacó del trance.

- Mi bultis, ¿dime en que estas? – Era su amiga Aracelis desde España.

- Nada mi amor, acabo de ver una escena “de amor” de los tiempos de las cavernas, que casi me arruina la navidad, pero nada otra escena más de la ignorancia de los míos.  – Dijo Josefina mientras se arregla el pelo. – Voy camino a Pueblo Viejo a ver a la bultis menor, a Margot.

- Muy bien, dale un beso de mi parte, no olvides que te adoro, llámame cuando estés de regreso. – dijo Aracelis con un acento del viejo continente.

Josefina condujo en silencio el resto del camino, pensó en lo mucho que necesitan nuestros campos de todo tipo de educación; cívica, moral, respeto por la vida, valor propio… la lista era interminable. Pasando el puente de rio Verde, respiro profundo, no quería llevar a su amiga ningún estrés.

Cuando pasó la clínica de Maritza Coste redujo la velocidad, a unos metros tenía que hacer una izquierda, en la gallera, para llegar donde su amiga, al fondo esperaba ver la vieja palma seca que estaba en el frente de la casa;

- Bultis, ¿y la palmera? – preguntó Josefina.

- Saludos mi Bultis, con ella me voy a hacer una casita para usarla de centro de reuniones para los de este campo. – dijo Margot arreglándose la blusa.

- Pero amiga, estas sudada como una bestia, - dijo Josefina viéndola casi de lado.

- Tumbar la maldita mata fue más difícil de lo que yo pensaba. Pasé la mañana en la fiscalía buscando el permiso, y una idiota de los nuevos administradores de Don Aldo me la puso en China. – respondió Margot.

- ¿Y qué pasó? – preguntó Josefina.

- ¿Tú no ves la mata tumbada? – dijo Margot, y ambas reventaron a carcajadas.

Las amigas se sentaron tranquilas a tomarse la cerveza que Josefina había traído, en el fondo se escuchaba el sonido de las hachas sacando las tablas de la vieja palmera. Hablaron por horas de las necesidades de educación de las mujeres de esos predios, del abuso intrafamiliar, de los crímenes de pasión, de las mujeres que pierden la vida por amor.

En los ojos de Margot, Josefina podía ver una nueva chispa de vida.

- Tu sabes que cuando quieras en mi bufete tenemos espacio para ti, - dijo Josefina despidiéndose de su amiga.

- Gracias mi Bultis, usted sabe que se le quiere, pero mi trabajo está aquí en mi campo, hoy más que nunca entiendo eso, Miguel así lo hubiese querido. – dijo Margot, mientras le daba un abrazo a su profesora.

Amabas sonrieron, y prometieron verse antes de que terminara el año. 

- ¡Feliz Navidad! – dijeron casi en acorde. 

Cuento - Toqué Fondo

Juan Fernández | Diciembre 19, 2016

Margot se despertó espantada, la misma repetida pesadilla de los últimos años, mezclada con los truenos de una lluvia infernal de otro frío diciembre. A su lado dormía Prescila, su pequeña e inocente hija, lo único que le quedaba de su amado Miguel. 

Unos años atrás se habían conocido, “bíblicamente”, en un pasadía en la casa de verano de su compadre, Luis Souffront, en Burende. Ese día, sentada en un columpio, que colgaba en un gran árbol de caimito, que crecía al lado de la enramada, mientras Miguel la mecía, Margot se olvidó de todo y de todos; de su campo, Pueblo Viejo, de su familia, de su crianza, de su creencia, de su vergüenza, con cada ir y venir del bendito columpio sus inhibiciones se perdían. Esa noche, bajo la luz de una luna llena de un octubre precioso, sereno y tibio, Miguel la hizo su mujer.

Para nadie en Pueblo Viejo fue una sorpresa la boda de Miguel y Margot, se amaban por años. El respeto de Miguel por Margot era legendario, habían prometido no tener relaciones hasta que ella terminara la universidad, y ya había terminado la maestría. 

La boda fue coordinada de la noche a la mañana, algo extremadamente sencilla, los invitados no llegaban a veinte, las dos familias se dieron cita en la capilla, y la tía Annie y José, el rubio, los dejaron celebrar la ceremonia en la vieja casa que era de los Polanco. Su prima Justina fue la madrina, y como el padrino, un primo de Miguel, nunca llegó del exterior, Pablo tomó su lugar y celebraron el acto civil, para cumplir con la ley.

En el fondo se podían escuchar enormes guacamayos emitir los más extraños sonidos, parecían animales de otro mundo, pterodáctilos perdidos en el tiempo. Sus colores hacían contraste con las grises nubes;

- Annie, ¿desde cuándo tenemos guacamayos en Pueblo Viejo? Ese animal no es de aquí. – preguntó la vieja nana, Annette. 

- Son nuevos en estas áreas, - respondió la tía Annie. - Unas personas del Aljibe trajeron unas parejas desde Suramérica, Colombia o Venezuela, y se han multiplicado a montones, vienen aquí a comer de las semillas de amapolas.

- Prepárense para las permutaciones, - respondió Annette, - un animal tan grande no entra a un ecosistema, donde no tiene predador que lo controle, sin causar problemas, pronto creará pequeñas alteraciones ecológicos que afectaran a otros animales de lugar.

Todos se quedaron en silencio, escuchaban a la vieja nana explicarles lo que ha pasado en la historia del planeta cuando un animal no es controlado desde su inicio. Les contaba en detalles los riesgos de un crecimiento descontrolado, Pablo, Justina y Margot, sintieron que les hablaba a ellos directamente. Cuando terminó no entendían si les hablaba del guacamayo o de algo más complicado. 

- Mis hijos, vengan que quiero decirles algo, - pidió Annette con sus brazos abiertos. – Ustedes dos acérquenseme un poco más, quiero poder tocarles sus manos, los demás, hagan un círculo cerrado, no cierren los ojos, ni bajen sus cabezas…esto no será una oración, ni un sermón.

Los jóvenes no estaban seguros de que estaban supuesto a hacer, se acercaron a la nana, uno de cada lado. Frente a Annette quedó la tía Annie, Pablo y Justina quedaron agarrados de manos.

- Cada vez que dos jóvenes deciden unir sus historias para formar una nueva, las familias nos regocijamos y entendemos que unidos podemos crear el nido que necesitan para echar las raíces para convertirse en los pilares que necesita esta comunidad seguir creciendo. Los que estamos aquí presentes somos sus familiares, Margot, yo fui tu segunda madre, y para mí fue un gran honor, a usted Miguel, no lo conocía, pero si mi ahijada lo escogió para su compañero, entonces usted ya tiene la bendición de esta vieja. Reciban la bendición de esta, su familia, llegará el día que de ustedes dependerá el futuro de Pueblo Viejo. 

Y como si fuera una señal del cielo, la nana elevó la mirada al firmamento y empezó a llover. Corría la tarde de un 19 de diciembre, y ese día, con apenas dos meses de embarazo, Margot unió su vida a Miguel, el mismo día que Dios se lo llevó.

Miguel había construido una casita de dos cuartos de dormir con el primo Félix, el hijo de Tete, en el callejón detrás de la gallera, en la tierra del difunto tío Memén. La casita, aunque pequeña, era perfecta para una nueva pareja; una sala con cuatro mecedoras, una mesita redonda y algunas otras piezas que le regaló su prima Charito antes de irse a vivir a Alemania. 

Cuando salieron de la ceremonia, aquella noche fría y lluviosa, Margot aún tenía puesto el vestido de novia, decidieron irse caminando los cortos metros por la vieja carretera Duarte, Annette y Annie les llevaron hasta el portón, los cuatro mojándose bajo las bendiciones de la lluvia.

Miguel se reía como un niño todo el camino, le dijo a su amada que nunca había sido tan feliz, y la besaba y abrazaba mientras caminaban, le dijo que recordaría cada segundo de este día como si fuera el último día de su vida, y diciendo estas palabras, el universo alineó todo para cumplir su deseo; un rayo cayó sobre una mata de palma, un pedazo del tronco voló y traspasó a Miguel desde la espalda hasta salirle por el pecho. 

Exactamente tres años después, en una noche lluviosa e igual de fría, a las 2:00am Margot estaba sentada en la mecedora de su cuarto, en la oscuridad observaba el rítmico respiro de su adora Priscila. Esta noche no era diferente a las demás, pensativa y triste no podía sacar su pensamiento de su amado Miguel. Desde la ventana de su cuarto podía ver el lugar específico donde cayó muerto, en sus brazos, su amado.

Los últimos días habían sido difícil para todos en el campo, el ataque a su primo Pablo, la despedida de su prima Mercedes, el golpe en la cabeza de Lisbeth...y la larga noche que habían pasado todos en la galería de su casa escuchando canciones de Arjona, Silvio y Aute, los preferidos de Miguel, ella, sus primos y la vieja nana.

Margot se puso de pies, caminó despacio por la oscura y desolada casa, vio hacia el dormitorio y su hija respiraba igual de profundo que como lo hacía su padre. Silenciosamente abrió la puerta de la calle, se tiró una toalla sobre la bata de dormir y bajo la lluvia caminó lentamente hacia el tronco muerto de la infecunda mata de palma, se paró frente a ella y lanzó un grito que parecía de ultra tumba, como un animal herido, cayó de rodillas y sus lágrimas ahogaban las gotas de lluvia.

En la oscuridad, desde la gallera, Annette, Pablo y Justina observaban en silencio, la nana sabía que esta noche algo pasaría, los primos temblaban desesperados, pero la vieja nana los mantenía controlados.

- Déjenla, hoy mi ahijada ha tocado fondo, mañana renacerá, como el ave Fenix, necesitamos su capacidad y su entrega, nuestra odisea está a punto de forjarse, necesitamos la abogada brillante que sabemos que es. – dijo la nana, mientras los primos lloraban escuchando cada grito desesperado de la joven.

Margot se puso de pies, secó su cara con la toalla, entró a su casa, veló el sueño de su hija por unos segundos, y entró a bañarse…con el agua se escurrían tres años de dolor, de amarguras, de penas. Abrió los ojos, por un segundo le pareció ver a Miguel parado en la puerta, su imagen se esfumó perezosamente.

- Mi familia me necesita, mi hija me necesita. ¡Ya está bueno! - Margot se acostó a dormir, por primera vez soñó en paz.

Poema - Incomprensión

Juan Fernandez | Diciembre 18, 2016

Se me harán llagas en los pies de tanto transitar los caminos que no he andado y me faltan por andar. Lamentos que nunca he sentido, temores que nunca he vivido, en el casi medio siglo que el universo me ha regalado, serán mis compañeras en la cruda realidad del despertar de la razón, marcándome el corazón, con cinceles de apatías y cortafríos de desidias.

Seré el fruto neto de un millar de indiferencias criadas en matorrales límbicos de seres invertebrados, poseedores de verdades escritas en autobiografías de sus inútiles vidas clandestinas, que no merecen ser vividas. Crudezas escondidas detrás de cortinas, doctrinas prostituidas, ideales trasferidos, como substancias prohibidas, en las calles de una ciudad consumida.

Cada farol que se oculta en las avenidas de nuestras mentes hipnotizadas por las pantallas chicas y los celulares grandes, programados para con sus anclas prenderse de cada una de nuestras neuronas. Pensamos en sucesos digitales, automatizados en números de dos guarismos, por un dios de puntitos negros y un ejército de caritas amarillas que expresan nuestros sentimientos, mejor que nuestras palabras. Comprendemos mucho de un todo que no vale nada.

Un paréntesis y dos puntos que detonan una sonrisa, para mí un error gramatical de una mente vacía. ¡Cervantes se moriría! Yo prefiero los besos análogos, y abrazos sinónimos de vida, el calor de células empáticas, sonrisas repletas de dientes y un millón bacterias defendiéndome la vida.

Esta navidad me regalaré el mejor de los calzados, caminaré caminos nunca trillados, ¿Y tú, ya corriste los caminos que la vida ha marcado para ti?

¡Ven, sígueme!

Poema - Perderte Fue Necesario

Juan Fernández | Diciembre 17, 2016

En el lodo de un chiquero se marchitan azahares y azucenas, como directrices sembradas en un huerto de piedras, mueren en el mismo fango las ideas, se revuelcan, como orondos cerdos, las inquietudes descuidadas de imaginaciones infantiles, huérfanas de ideales, y se duermen abatidos los pensamientos perdidos, como luces encendidas en el infierno.

Mueren neuronas, por millares, en conversaciones intelectuales que no brotan, maquinarias de un tren que no anda, velas elevadas para una embarcación que se pierden atada al puerto, en vez de un horizonte entre mundos nuevos.

Ataúdes que florecen en la hortaliza de estrategias muertas, velas que no alumbran, oscuridad perpetua de un deseo, que caducan en las líneas que un papel construido en el éter. Un bolígrafo sin tinta, una pluma de un ave casi extinta, ambas inútiles en las manos de un analfabeta graduado de colegios y licenciado de un silencio.

Lombrices pretendiendo convertirse en mariposas, alas que nunca crecen, objetivos perdidos en el abismo de ilusiones carentes de realidades, fantasías que nadan en las mentes de ilusos pretendientes. Poetas narradores de poemas nunca escritos, versos abortados del vientre de una marioneta de elementos lujuriosos, prometedores de castillos.

Calan las palabras en las montañas de los instintos despertando en el amanecer de un libro, una página que se despliega en el aire, como movida por el viento de un destello de luz en la gnosis de un adolescente, un aplauso que no escuchan los dementes, otra página que vuela hacia el horizonte del crepúsculo del entendimiento, un velo que se cae, una luz que ilumina. Lo siento amiga ignorancia, que me acompañaste tantos días, hoy perderte fue necesario.

Cuento - Capcioso

Juan Fernández | Diciembre 16, 2016

Lisbeth se despertó temprano, llena de vida, como siempre, quería llegar a tiempo a la rueda de prensa que iba a sostener el alcalde electo del municipio de Cutupú, Don Aldo, la mañana del 16 de diciembre. Como estudiante de comunicación Lisbeth había conseguido un pase especial de prensa, estaba asignada a la 5ta fila, en la silla de la esquina a la derecha del pulpito.

Cuando Don Aldo entró al gran salón todos se pusieron de pies, duraron más de 10 minutos aplaudieron, algunas señoras lloraban de alegría, en el rostro de otros se veía la euforia de las metas cumplidas, el orgullo, el honor de haber logrado llevar a este pichón de emperador al poder.

El discurso de apertura del lisonjero no pudo ser más grotesco, apenas podía hablar entre los aplausos, obviamente pagados, algunos hasta gritaban “amén” y “aleluya” al final de cada una de sus promesas vacías, este acto parecía más una obra de teatro que una rueda de prensa. Cuando llegaron a la parte de las preguntas fue otro acto de la misma obra coreografiada. Hasta que el conductor cometió su único error;

- Si, la joven de Pueblo Viejo con la blusa de rayas. - dijo el conductor, arrepintiéndose, casi de inmediato.

- Gracias caballero, a Don Aldo también, por todo el tiempo que nos ha dedicado esta mañana, ¿Si su nuevo departamento de policía se dedica, como usted propone, a investigar a cada extranjero en nuestros campos, quien va a protegernos de los crímenes que se cometen, especialmente los cometidos por agentes de la policía, e abarca su investigación el estatus legal de todas las extranjeras que trabajan en sus casinos y prostíbulos?

La sala quedó en completo silencio, Don Aldo, que eres un hombre obeso y muy blanco, cambio a color rojo encendido. Se fue a parar para responderle, pero uno de los secuaces le recomendó que no, que se tomará su tiempo.

- ¿Cuál es su nombre mi amor? - preguntó Don Aldo aún molesto. Su mirada era fulminante, la prensa había creado un túnel invisible entre la joven y el nuevo alcalde electo.

- MI nombre, Don Aldo, no es “Mi amor”, es, más que nada, irrelevante, que le baste saber que soy de los Coste de Pueblo Viejo, del mismo campo de Pablo Coste, el hombre a quien usted le mandó a partir la cara. Responda mi pregunta, ¿es sólo a los haitianos, a los negros, que van a deportar, o van a deportar a las venezolanas ilegales que trabajan en sus negocios? - retó la joven.

Don Aldo se puso más furioso, su esposa era extrajera también, una modelo venezolana de una belleza espectacular, él sintió que la joven fresca se refería a su esposa cuando hablaba de prostitutas, como su esposa había hecho algunos desnudos en su carrera, todos pensaban que no era una mujer pulcra. 

- ¿Esto es una rueda de presa o un juicio? - interrumpió el conductor. - ¡Cuidado, tiene un arma!

Una vieja lanzó un grito como de ultra tumba y apuntó en dirección a la joven. Lisbeth recibió un fuerte golpe en la cabeza, de su mano cayó el celular que acababa de sacar del bolsillo trasero de su pantalón, la sangre corría de su cabeza y la multitud corría frenética.

A Don Aldo lo sacaron del lugar corriendo, protegido por varios agentes de su cuerpo se seguridad. En el pavimento quedó lánguido el cuerpo de la joven, la pierna izquierda le temblaba involuntariamente, el golpe en la cabeza que le propició un guardia con la culata de su carabina le partió el cráneo. 

Lisbeth Coste duró varios días en coma, cuando despertó a su izquierda estaba su primo Pablo, quien había regresado de Baní, a su lado Justina, él estaba llorando, cabizbajo, su cara aún negra del golpe en la cara que había recibido unos días atrás.

- Prima, ¿cómo se siente? - le preguntó Pablo agarrando su mano, con el mismo respeto que trataba a todos, Lisbeth tenía 21 años, Pablo 48, pero para él todo ser humano merecía la misma consideración. 

A la derecha de la cama estaba la nana de ambos, Annette, que había viajado desde Nueva York cuando oyó la noticia. Su cara negra estaba marcada por la angustia, parecía de cuero pulido, su mirada tierna se había endurecido, y el dolor tenía un nombre, Don Aldo. Al pie de la cama Lisbeth pudo ver a una de sus primitas llorando, Gabriela, en su mano llevaba un libro de Poesías que le regaló la nana, “Pensamientos desde El Exterior”.

- Nana Annette, primo Pablo, Justi, ¿Qué me pasó? Lo último que recuerdo es que saqué el celular para llamarte y un silbido agudo en los oídos. - dijo Lisbeth cerrando los ojos. – Escuché el ruido de las personas corriendo, ¿qué día es hoy?

- Prima, han pasado tres días desde la rueda de prensa. – Respondió Justina, aún con la cabeza baja. – Esto no se quedará así, si no detenemos a este patán, nos matará a todos.

- Paciencia, Justina, paciencia. Lisbeth, ahora lo primordial es tu recuperación, Maritza se encargará de tu cuidado, esta lucha aún no ha comenzado. Una amiga mía, la doctora Paula Marilyn, viajará de la Florida a tratar el cuidado de tu cráneo. Necesitamos que pasados estos días retornes a la universidad, no podemos permitir que pases un semestre fuera.

Para Pablo la educación era primordial, el futuro de Pueblo Viejo descansaba en las manos de aquellos que habían sacado el tiempo para prepararse. La esperanza de un cambio permanente llega con la inversión en la capacitación de las siguientes generaciones. Pablo tenía un plan, pero no para una confrontación sin sentido, sino para capitalizar en las debilidades de un hombre sin escrúpulos. Lisbeth había tocado una llaga, sus preguntas capciosas habían expuesto una falla en el rufián, Pablo quería aprovecharlas…pero no hoy.

- Prima, usted enfóquese en curarse, nosotros haremos nuestra parte. Justina, vámonos, tenemos mucho que hablar. – dijo Pablo, dejando el salón, le dio un beso en la frente a su prima, y un abrazo caluroso a su nana. Tomó el libro de poesías de las manos de la pequeña Gabriela y dijo;

- A ellos, los del exterior, los necesitamos también. – Pablo salió a paso firme y secó sus lágrimas, respiró profundo, afuera lo esperaba su madre y algunos de sus primos. – Mamá, busque a tía Annie, y tráigame a mi nana, esto no lo vamos a lograr solos. Mantenga la calma…estamos en navidad, sonrían, aunque tengan que fingir las sonrisas, que no nos vean decaer.

Pensamiento - Vivir o Morir

Juan Fernández | Diciembre 15, 2016
(Basado en hechos de la vida real)

Caminando bajo la nieve de un invierno impío, llevo columpiando mi alma en la cuerda floja de una sociedad dormida, ambicionando decidir entre dos polos disímiles, o mejor, simplemente me dejo caer y determino, yo mismo, mi propia suerte. 

Marcando cada paso, con detalles, para sobrevivir otro día, con precisión, para darme la oportunidad de luchar contra otro ocaso, jugando a equilibrar mi aliento entre la vida y la muerte.

En estas madrugadas frías, mi espíritu cuestiona el vacío de la nada y hoyo negro que consume el todo, si la salvación de mi comunidad está segura por gracia o por acción, si podemos predecir la paz de nuestros días, que creemos eternos, o socialmente continuamos durmiendo, soñando utopías de vida o muerte, pensando que mañana estaremos, casi seguro, mucho mejor. Dudando cada paso por no tener estrategias. Orando de rodillas a un dios perfecto sin poseer nuestros ideales, desconociendo lo que queremos, desperdiciando deseos, aniquilando ambiciones.

Flota mi esencia entre cadáveres sociales y difuntos arlequines, entes inertes que, porque respiran, creen estar vivos, carentes de una razón de ser, ignorantes de sus propios destinos, enemigos del orden y disciplina, seres que se flagelan cada día con sus lenguas litigiosas serpentinas.

Carece mi sociedad de un plan que les garantice la existencia; cero tácticas, todo reactivo, arrastramos cada día, despacito, nuestras propias silentes cadenas, con las mismas que nos esclavizan. 

Sangrando de los tobillos que curamos los domingos con alcohol y cervezas en una fiesta entre homólogos, casi enemigos. Cada eslabón enlazando nuestras historias muertas y nuestras vívidas pesadillas. Ciudadanos desechables, olvidados en almacenes, futuros indecisos, debatiendo en elecciones inútiles, decidiendo, con cada voto, entre vivir o morir.

Perdemos moléculas de sangre con cada deportación, con cada visa nos castigan, nos desintegramos entre juegos de azar y trabajos sin sentido, piñones reemplazables, bailando al son de una música tocada con cuerdas construidas con las arterias del sudor de las cadencias de nuestras propias costillas.

Marcamos almanaques perpetuos sin destinos, viviendo un día más o muriendo segundo a segundo, sin razón de ser, creando millares de excusas para permanecer dormidos. Educándonos en ciencias inventadas por nosotros mismo. Como magos, conjuramos ilusiones y disgustos. 

Mañana un poco más de lo mismo, otro día en una estéril secuencia eterna de horas trenzadas, convertidas en moños de desperdicios, peinados en salones de belleza donde nos pintan las caretas del descuido.

Nos deleitamos con jocosos videos o gráficas preciosas de buenos días, enviadas como diarrea de reacciones incoherentes, descargadas en celulares inteligentes, gastando las células grises de nuestros cerebros consumistas.

Dejándonos convencer que el último modelo de un aparato, que nos hace brutos, que carece de importancia, es una meta y una razón de existir. El capitalismo tiene un plan, nosotros fantasías.

"No todo está perdido", me dijo ayer un profesor, que cuento entre los míos, casi llorando, mientras discutíamos si el afán por despertamos valía la pena, si éramos soñadores o creadores de pesadillas, si podíamos escuchar la música de poetas de tiempos más gentiles, hoy casi perdidos, si aún se podía volar con Gardel y Silvio, y dejar que nuestro afán por estar vivo venciera nuestra propia y ardua tarea por morirnos.

"Somos autores de nuestros propios destinos", me dijo, citó a Juan Bosch, Bob Marley y Cervantes en un sólo movimiento de palabras danzarinas, puso el punto final con Bob Dylan.

Le respondí que no sabía, que sus años viejos eran más importantes y mis años nuevos más ignorantes, que necesitábamos de todos, aun de los más dormidos, aquellos que sólo son carne de cañón, los que consideramos perdidos, que cada uno de los entes de nuestra hermosa sociedad vale todo el sacrificio, y como Lot lo hizo por Sodoma, discutimos, entre locos, en Gomorra, en conteo regresivo por la vida, y casi nos convertimos en sal, los dos queríamos ver el final, y decidimos dar un paso al frente más, la cuerda floja tejida por la necesidad de ser creadores de nuestros propios destinos. 

"¿Vale la pena vivir o morir?", pregunté, y una niña, quizás tenía unos seis, caminó entre el profesor y yo, nos sonrió, le faltaban dos dientes, pero de su boca, les juro, nació un arcoíris, sus ojos fueron dos soles y su mirada fulminó mi respiro. Nos miramos y nos abrazamos, nos reímos, habían ya otros tres, nos despedimos entre amigos y el silencio marcó nuestro destino.

¡Si, decretamos (entre sonrisas), mejor vivimos!

Cuento - Mentir Fue Necesario

Juan Fernández | Diciembre 14, 2016

Mercedes llegó al aeropuerto en Nueva York sola y pérdida, no se imaginaba que la terminal fuera tan grande. Mientras caminada se enfocó en el sentimiento tibio que le causaba pensar en su amado, Eduardo, lamentó no verlo antes de partir, pero si no hubiese sido así no llega a tiempo.

Afuera la esperaba Claude, el hijo de Annette. la nana de su primo Pablo. Eran los seres más nobles que ella conocía, una familia ejemplar en cualquier país del mundo. Desde que Claude la vio le preguntó por su tía, Silvia, la esposa de su tío Jean Claude, el guachiman de las ruinas.

Mercedes pensó en contarle lo del ataque de epilepsia y la caída, pero pensó en el amor que le tenía el joven a su tía y decidió cambiar la historia. Claude era un joven muy delicado de salud, había nacido con un problema en el corazón y su tía lo había cuidado como a un hijo cuando a Annette le salieron los papeles para viajar. El amor entre ellos dos era legendario en todo Pueblo Viejo, y una de las razones por lo que todos habían aprendido sobre el amor familiar entre los haitianos.

Al montarse en el auto, Claude le pidió que se pusiera el cinturón, Mercedes pensó que no era normal, pues iba en el asiento trasero, pero Claude le explicó el riesgo que sería que fuera suelta y terminara convirtiéndose en un peligro para los demás si iba suelta.

- Mercedes, quiero presentarte una persona muy especial, se llama Amanda, es tu prima, y quiere ser economista, como tú. - dijo Claude en un español perfecto, pero con una mezcla de un acento francés e inglés a la vez.

Una jovencita hermosa le sonrió, en su cara pudo ver algunos rasgos muy familiares, se le acercó para darle un beso y entonces le vio su brazo izquierdo.

- Espera, tu eres la hija de mi primo Juan, el hijo de tía Annie, - dijo Mercedes, - tu papá y el mío eran mejores amigos cuando eran niños. ¿Qué te pasó en el brazo?

La pequeña llevaba una cura parecía una quemadura de tercer grado le quemó su bracito. Le contaron del incendio que había pasado y como Amanda había salvado la vida a muchos. Iban transitando por el "Van Wyck" cuando escucharon en la radio una noticia que dejó a Mercedes pasmada:

- Interrumpimos este programa para llevarles en vivo al lugar de los hechos, Gutiérrez, danos detalles. - dijo el locutor con una voz de un galán de novelas.

- Jim, tu vez, ¡por eso es que pasan las vainas! - Mercedes conocía esa voz, era José Gutiérrez, su cronista favorito, de Santiago, - la muerte a disparos que le propició la policía a un taxista y un mecánico en Baní, ha creado un enfrentamiento en ese pueblo, las injusticias no tienen límites. El alcalde de ese municipio es el primo hermano del nuevo alcalde de Pueblo Viejo, en La Vega, que se preparen nuestro vecinos de La Vega.

- José y dicen que todo ha sido organizado por dos jóvenes de allí, de Pueblo Viejo. - Afirmó el locutor.

Mercedes le pidió a Claude que detuviera el vehículo, la cabeza le daba vueltas, aunque ella votó por Hilaria para alcalde, Don Aldo había ganado y el futuro de su campo estaba en peligro, y ella a 1471 millas de su amado.

- Mercedes, lleguemos a mi casa, mamá me dijo que te llevara directo. - dijo Claude sin detenerse.

Mercedes sólo pensaba en sus primos, Pablo y Justina, de seguro que era ellos que se había ido a Baní. Justina le había dicho que iban a hacer algo, que lo de Don Aldo no podía agarrarlos sin estar preparados, pero no pensó nunca en esto. Su mirada se perdió en los rascacielos, el resto del viaje fue en completo silencio. Amanda se había movido al asiento de atrás, y después de ponerse el cinturón, se recostó del regalo de su prima.

Unos 30 minutos después, llegaron a Washington Heights. Annette la esperaba en el frente del edificio, abrigada de nariz a los pulgares, le contó que ahí, en la calle 135, había llegado la primera Coste que viajó a Nueva York, su tía Edita, la abuela de su primo Juan, pero que eso era parte de otra historia. Subieron a su apartamento y la sentó en la cocina. Claude y Amada siguieron con las maletas al cuarto donde viviría mientras estudiaba, era obvio que ya habían acordado todo.

- Licencia Mercedes María Coste Saviñón, debo iniciar diciéndole que estamos muy orgullosos de usted y sus logros, economista a los 22, magister a los 24, y ¿doctora a los 26? - dijo Annette con una sonrisa que le llenaba la boca,- estas son las últimas palabras que le hablo en español, a partir de mañana sólo inglés, el futuro de Pueblo Viejo depende de usted, el que estudia es el dueño del mundo. Usted puede vivir con nosotros sin pagar, ni un chile de palmita, mientras estudie. Don Aldo va a causar estragos, pero esperamos que personas como usted puedan enmendar lo que va a pasar en estos 4 años. ¡No nos falle!

Mercedes y Annette duraron horas en aquella cocina, en la mesa estaba el regalo que le guardó la nana, una colección de libros; Nietzsche, Descartes, Maquiavelo, Kant, Rousseau, Marx...El reto era leer 12 libros en el 2017, le explicó la nana. Sus temas eran interminables, Mercedes entendía porque la mamá de Pablo le confió la crianza de su hijo a aquella señora, era una líder a carta cabal. 

A las 3:00am Annette llevó a Mercedes a su cuarto, le agradeció el hecho de que no le dio detalles del accidente de su hermana a Claude, hubiese sido devastador, le explicó. Mercedes le dio un largo y cálido abrazo y le dijo al oído.

- Mentir fue necesario. - apagó la luz, cerró sus ojos y lloró. 

Cuento - Sedición

Juan Fernández | Diciembre 13, 2016

El martes 13 de diciembre empezó como todos los martes 13, lleno de bendiciones y, como una señal divina, en la capital todo estaba tranquilo. Muchos empezaron las celebraciones de navidad debajo de la hermosa Torre Eiffel, frente la plaza de la bandera, otros empezaron en una sala de hospital, producto de un lunes que ellos calificaron de “inolvidable”. Estúpidos, el alcohol no perdona pasatiempos.

Para Pablo la época era más sencilla, sus preocupaciones eran de otro orden. Mientras los demás enfocaban sus energías en celebrar, él pensaba en todas las vicisitudes y crujías de su campo, Pueblo Viejo. En el hecho de que habían escogido un alcalde nuevo, un empresario, una persona sin ningún historial político, el dueño de unos edificios y un casino en La Vega, Don Aldo Trucios.

Pablo llegó a la estación de La Metro a las 10:00 am, el próximo autobús salía a las 11:00 am hacía Santiago, de allí se iba en voladora hasta su campo. Siempre que viajaba a La Vega lo hacía por Santiago para ver a su amiga Sonia, quien trabajaba a unos pasos de la estación de llegada. En La Metro tenía la oportunidad de ponerse al día con los correos electrónicos del trabajo y en la voladora con todos los detalles del día a día de su pueblo.

A las 2:00pm, Pablo estaba entrando a la casa de sus padres, al lado de la capilla, frente a frente a la casa de su prima Justina. Le dio un beso en la frente a su mamá, y le entregó los coconotes que le pidió, a su padre le llevó una MamaJuana de Azua que le había encargado.

- Mi hijo, - dijo la madre, - usted cada día está más delgado, tenga cuidado que esa mujer no le esté cocinando su comida bien, usted sabe que esas mujeres profesionales no les gusta la cocina.

- Mamá, Pamela es de la capital, pero su papá es cibaeño, de Nagua, y su mamá, que en paz descanse, es de la frontera, familias de mucha honra, - respondió Pablo, – tenemos una señora que nos cocina, yo como bien mamá, pero usted sabe que tengo que cuidar la diabetes.

- Bueno, si tú lo dice, - respondió la madre dándole la vuelta para verlo y emitiendo su descontento con una mueca en la boca, - mire, sus primos quieren verlo, están todos en la casa de mi ahijada Justina.

- Está bien, creo que sé de qué se trata.  – Pablo dejando su mochila sobre el sillón de la sala, se dirigió hacia la casa de su prima.

Al entrar a la sala, Pablo se detuvo por un segundo, todos sus primos, de los 18 a los 40 años estaban sentados en la sala.

- Pablo, entra, te estábamos esperando – dijo la prima sin saludarlo.

- Sa…lu…dos, - dijo Pablo, pensando “¿En que lio me he metido?”

- Pablo, estamos preocupados, de nosotros tu eres el que sabe de política a nivel de gobierno, cómo te criaste en el Partido de la Liberación Dominicana, sabemos que tienes una base educativa en la materia, - dijo Justina, era, obviamente, la vocera del grupo. – Necesitamos tu ayuda. En unos días Don Aldo inicia su “reinado”, como dice el mismo, y creemos que los de Pueblo Viejo vamos a ser víctimas de excesos. 

- Pero, ¿ustedes porque creen eso? Don Aldo no tiene antecedentes que podamos evaluar. – Dijo Pablo como para enfriar un poco las cosas, en las caras de sus primos se podía ver una mezcla entre temor, ignorancia, preocupación y rabia. 

- Oh, pero, ¿tú tienes que esperar que te azoten para saber que lo pueden hacer? El tipo sonó el látigo dos o tres veces en campaña, – dijo Justina, – además, es el hecho de que es lo suficientemente loco para hacerlo.

- ¿Y qué tienen ustedes en mente? – dijo Pablo, enfatizando cada palabra, – parece que ustedes ya tienen un plan.

- Lo nuestro es sencillo, el 20 de enero Don Aldo toma posesión, y el 21, el día de la Altagracia, nosotros despertamos la conciencia de la gente. – Justina estaba de pies, los demás acertaban con la cabeza. – Y tú serás nuestro vocero. Necesitamos un discurso de esos que mueven la gente. Queremos que renuncie antes que inicie sus atropellos, o, por lo menos, que sepa que no vamos a aguantar maltratos, prometió deportar todos los haitianos, el problema no es él, el problema son los secuaces, los policías, los guardias, los de la frontera. ¿Tú te imaginas lo que van a pasar los haitianos respetuosos, trabajadores, honestos que viven en nuestro pueblo?

Pablo pensó en Jean Claude, su amigo de infancia, en su bella esposa, en su nana, que se había ido a Nueva York, pero que viajaba regularmente.

- Si Don Aldo es un hombre de palabra, como dice el mismo, entonces va a cumplir con sus promesas de campaña, - dijo la prima levantando el puño, - y no podemos permitirlo. ¿es que vamos a consentir que nos arrastre a los años de las cavernas de la democracia?

- Primos, no podemos llegar al punto de la sedición, tenemos que tratar de actuar dentro del marco de la ley, tenemos que iniciar un proceso de adaptación y aprendizaje, ya Don Aldo es una realidad de nuestro pueblo, y vamos… - dijo Pablo, cuando como una tormenta entraron un grupo de policías y guardias por la puerta delantera y la del patio.

- Que no se mueva nadie, coño, que ya sabemos en lo que ustedes están, - dijo un policía mientras le daba un bastonazo a Pablo en las costillas, - tu vienes de caquito caliente de la capital a armar líos aquí y no lo voy a permitir. El nuevo jefe nos dio instrucciones claras, no vamos a tolerar esta mierda aquí. ¡No ha empezado su mandato y ya tu vienes a cagar la vaina!

Pablo quedó tirado en el piso, los primos estaban asombrados, mientras estaba en el suelo, uno de los guardias le dio una patada en la cara.

- Ese es un regalito de Don Aldo, - le susurró el guardia mientras le ayuda a levantarse. La sangre le corría de la nariz partida. – Eso es sin hacer nada, ya tu sabe lo que te espera si pasa algo.

Pablo levantó la mirada, la cabeza le daba vueltas, al mirar hacia atrás, mientras los policías lo arrastraban para sacarlo de la casa, vio que su prima Justina, tenía un cuchillo en la mano derecha, dio un paso y Pablo la detuvo con la mirada y un gesto leve de negación con la cabeza. Ella escondió el arma, y dio dos pasos atrás.

Cuando Justina se acercó a la ventana del carro de la policía donde lo llevaban detenido, Pablo le dijo una frase que enfrió sus venas;

- Reza por mí el día de la Altagracia, prepara una misa a las 10:00am. Cuando la autoridad no es justa, la sedición es la única respuesta lógica.

Justina se quedó frisada en la mitad de la vieja carretera, las lágrimas no dejaban de correr por su cara. La madre de Pablo la agarró por un brazo y le dijo;

- Mire, cállese, seque sus lágrimas y déjese de pendejadas, lléveme a la jefatura a buscar a mi muchacho. No se me vuelva un etcétera que en esta familia las mujeres tenemos los ovarios bien puestos.

Justina tragó en seco, en ese preciso momento entendió, perfectamente, porque Pablo era el líder de su generación, secó sus lágrimas y respiró profundo, apretó los puños y junto a su madrina, salió a buscar a su primo. 

Pensó;

- Este es sólo el principio…

Pensamiento - Lágrimas Heladas

Juan Fernández | Diciembre 12, 2016

Germina la primavera entre expresiones grotescas e insectos, saltando libres y castos entre capullos de flores indiferentes, sin contemplar las equivocaciones de miles de inocentes, que buscan exterminar tus delicadas y gentiles ofrendas.

Nadan en veranos tibios y turbios, de lagunas y ríos sin vida, como viajes irregulares, serenos, de incomodas golondrinas. Pensamientos podridos que sólo culminan en quimeras, inclinaciones mentales que sólo engendran condenas.

Palpitan las hojas secas de los otoños que no se olvidan, tallos secos y viejos de árboles sin esperanzas, ni honra, raíces sin razones de ser, enterradas por error en tierra fértil, como telaraña que atrapa parásitos y entes anómalos.

Se han quedado inertes e indolentes mis sollozos, pasmados, en un invierno extinto de sentimientos atónitos e inútiles, colgando en una bota pegada de una chimenea de hielo, tratando de descubrir si de la nada puede arder el fuego.

No puedo ser político de distintas estaciones, incoherente, soy la cepa de una floresta aborigen de un idealismo nuevo, el néctar de flores que aún no hemos dejado que florezcan, exterminio de muertos, votos infalibles en urnas de conciencia.

Soy presente, pasado y futuro, soy dueño de mis acciones, amo absoluto de mis decisiones, entregado a mis convicciones. Soy la descendencia nueva de una sociedad de inocentes, en mi descansa la honra, el trabajo, el bien y el mal, el castigo.

Despierta, tus lagrimas heladas no son excusas para la inconsciencia.

Poema - Te Sigo Amando

Juan Fernández | Diciembre 11, 2016

Te sigo amando, reconcomio alegre,
como se aprecia un abrazo cálido
en las madrugadas más frías,
desconociendo los límites del todo,
con la simpleza pavorosa de la nada,
juzgando una vida de momentos eternos.

Te sigo amando, amor, arduamente,
con la ternura inocente de un niño,
como las rosas cultivan sus espinas,
por necesidad de vivir sin prejuicios,
por amar simplemente sin prohibiciones,
con la libertad que otorga la paz.

Te sigo amando, detenidamente, mi ser,
porque eres savia, que sabes colmar
el tallo de mi árbol con tus encantos,
porque sin tus hechizos endiablados,
amar pierde razón de ser, pierde sentido.

Te sigo amando, absolutamente, bondad,
porque mis sentimientos más profundos
han aprendido a correr tras el sabor embriagador
de cada uno de tus más escuetos besos.

Te sigo amando, simplemente porque respiro.





Cuento - Llegaste Tarde

Juan Fernández | Diciembre 10, 2016

Cuando Eduardo llegó al Nueve, las voladoras de “Moca por Dentro” ya estaban llenas. En la primera trataron de acomodarlo, pero fue imposible, en la segunda le ofreció pagarle el pasaje a una señora, si ella esperaba la próxima, y no pudo convencerla. Era un día especial para Eduardo, pero ni todos los dioses del Olimpo, ni todos los Ángeles del firmamento podían llevarlo a Pueblo Viejo a tiempo para poder cumplir con su compromiso.

Cuando estaban a punto de salir, como si Dios mismo hubiese escuchado sus oraciones, la señora lo llamó desde la ventanilla y le pidió $500 pesos para darle el asiento, con mucho dolor tomó un gran respiro y se los pagó, el viaje valía un millón. Diez minutos más tarde Eduardo iba sentado en el asiento del frente de la voladora que lo llevaría a la gloria.

A su lado iba una joven haitiana con una herida en la cabeza, parecía reciente y dolorosa, cuando pasaron por el Abanico del cruce de Constanza, ya le había contado la historia, eres la esposa del vigilante de la Ruinas, tenían años viviendo en Pueblo Viejo, Eduardo conocía al vigilante, un hombre de mucho respeto y un alma de Dios, ambos. 

El resto del viaje pasó sin pena ni gloria, algún chistoso decía algo, pero al final el chofer le explicó;

- Es el WIFI que lo tiene callados, mire para atrás y se dará cuenta que no son pasajeros, son “zombies” cibernéticos, esclavos de los celulares, en esta voladora, antes, se podían escuchar las mejores conversaciones, los mejores chistes, es más, he escuchado aquí poemas que pueden competir con Neruda y Mir. – dijo el chofer, mientras se acomodaba la gorra.

Eduardo contaba con eso, con la tranquilidad, hoy, 10 de diciembre iba a dar un paso enorme en su vida, y lo último que necesitaba era un chofer distraído o un tipo celoso peleando con una mujer, o algo que pudiera interrumpir su viaje.  Hoy tenía que llegar a tiempo y decir las cuatro palabras más importantes de su vida.

Cuando la voladora dobló a la derecha para entrar a la vieja carretera, el corazón se le detuvo, el tráfico estaba completamente detenido. El chofer sacó la cabeza para preguntarle a un policía que estaba pasando, y la respuesta dejo a Eduardo frío;

- Mire, lo voy a dejar pasar, pero quiero que me cierre las cortinas de la guagua, y los niños y personas delicadas deben bajar la cabeza, nadie puede ver para afuera…abra la puerta para yo entrar y cruzarlo hasta Pueblo Viejo, nadie puede abrir nada. – el policía medía más de 1.80 metros, y su uniforme parecía brillar. Cuando entró a la voladora, mandó a sentar al piche, se sentó en el suelo asustado. 

- Arranque y no me pase de 5 a 6 kilómetros de velocidad, los de adelante, cierren los ojos, coño. – La voz del policía parecía un trueno y el silencio sacó fuerza y se empoderó de todos.

Eduardo no pudo evitar ver, la carretera parecía un campo de batalla, con teipi blanco habían marcado lo que parecían cuerpos y extremidades humanas, así como en las películas, en las posiciones que habían muerto, el marco que más le impresiono fue el que estaba encima de la virgen, sin cabeza. El chofer iba temblando.

- Comando, ¿y qué fue lo que pasó aquí? – dijo el chofer sin mover la cabeza.

- Cállese y siga, y no me levanten la cabeza los de aquí atrás. – dijo el policía molesto.

Limpiar la sangre del accidente de unos días atrás, había sido un imposible, todos pedían un poco de lluvia, pero como había llovido tanto en las últimas semanas, en el Cibao, se habían secado las nubes. Eduardo, por fin, llegó a su destino, pero pasar los 7 kilómetros de carretera había tomado más de una hora, y la razón de largo viaje, se había ido, lamentablemente, Eduardo llegó tarde.

- No Eduardo, lamentamos decirte que Mercedes se fue ahora mismo para el aeropuerto, con lo del accidente en la carretera, el tráfico ha sido un desastre y no podíamos arriesgarnos que la dejara el avión. – le dijo la hermana.
- Gracias, ¿y la doña está?, le traje un dulce de los que a ella le gustan, y la canquiña que le prometí le traería. – Eduardo se sentía triste, pero su corazón se iluminó cuando vio a la madre.
- Mi hijo, se te fue la muchacha, ella esperó lo más que pudo, pero llegaste tarde. – le dijo mientras se secaba la mano con el delantal y le daba un abrazo, – esa muchacha está enamorada de usted. Mire que ella me dijo que no le dijera nada, pero usted es un joven serio, y de buena familia, los Costes han sido muy buenos con nosotros, desde los tiempo de Billín y después Serafín. Coja y lea esto que ella le dejó.

Eduardo extendió su mano y tomó la carta, la abrió delante de la señora, quien le dijo que se sentara. La hermanita se le sentó al lado, pero la mamá la levantó por una oreja y se la llevó. 

“Estimado amigo, 
Has sido una inspiración en estos últimos meses. Si estás leyendo esta cara, llegaste tarde, pero no llegaste tarde a mi vida, ahí llegaste justo a tiempo. Eres todo lo que buscaba; un caballero y tu delicadeza para manejar tus sentimientos ha sido ejemplar. Aun cuando te había dicho que nunca pasaría nada entre nosotros, que ni gastaras tu tiempo, permaneciste firme, sin presionar. Te has convertido en amigo, y ahora que te conozco, no puedo negarte que fue un error no salir contigo. 
Esta maestría sólo dura un año, y cuando regrese…¡Prepárate! 
Tu…bueno eso veremos. 
Mercedes”

Cerró la carta, se la colocó en el pecho, y cuando subió la cabeza se encontró con la mirada de la hermana, quien decía que si con la cabeza, dejándole saber que ellos sabían, todos, como Mercedes se sentía. Se despidió de todos, y se fue caminado solo por la vieja carretera, pensó en las largas e interminables horas que gastó frente al espejo lo que le iba a decir a su amor desde que la viera;

“¿Quieres ser mi novia?” - Simple y directo.

Llegó tarde para escuchar la respuesta, pero las almas hablan el lenguaje silente del amor, y allí, donde nacen los sentimientos, las palabras, muchas veces, sobran.

La luna lo acompañó el resto del camino y sus pasos dejaron el suelo, sus alas se desplegaron…y voló.

Poema - Música en Estupor

Juan Fernández | Diciembre 9, 2016

Cada nota métrica de la música de tus carnosos labios, me aniquila, como la obertura de una opereta de suspiros. Me conservas, casi inerte, el corazón, que rara vez palpita en tu presencia, como las estrofas del aturdimiento de cada uno de tus respiros de sonata. Así, como un solfeo, me levita y me lleva al orden de tus pechos.

Soy esclavo de tus pupilas divagantes, perdidas entre las plumas de un espasmo, naboría del tempo más ardientes de tus pensamientos, flotando en el trémulo de cada uno de tus orgasmos, como bemoles del piano de nuestras vidas, en las teclas de la melodía de tus notas fragmentadas sostenidas entre las cadencias del arpa de tus senos y la armonía que concentras en tus piernas.

Mantienes mi juicio en embotamiento, y me robas con tu canto la conciencia, soy el acorde que se pierde en tu guitarra, y la llama que se enciende entre tus cuerdas. Has oído mis lamentos en a cappella, y mis risas más recónditas en barítono, en unísono, eres música que se duerme en mi estupor y me despojas con el arco de tu vientre cada gota de clave de mi arpegio.

Dotada Remanente de Milagros, Facultada de Sol, Laurel de mis conquistas, Si, mi alma y mi espíritu eres en crescendo, la música interminable del universo de instrumentos que no existen. Eres luz y el brillo de mis días….tu amor en concierto de sentimiento.