Pensamiento: Vuelo de Golondrinas


Caen diluvios, como lágrimas de millones de ángeles y querubines, mientras, cuestionamos cada gota de lluvia en las redes sociales, como si fuéramos dueños de algo y ayudáramos a alguien con un teclado. La madre naturaleza hace ajustes de su entorno, arrastrando todo a su paso, sin medir almas, ni pesar corazones. El santo planeta no calcula, ni especula, los días de pensar en maldiciones de dioses fueron superados hace cientos de años, y aun buscamos respuestas en los cielos y las oraciones, oremos mientras hacemos.

Caen tempestades de sueños perdidos, que se convierten en pesadillas de nuestros jóvenes, esperanzas arrastradas por el agua en mi amado Cibao, hortaliza de mi isla, mientras, muchísimos pernoctan el vuelo de las golondrinas, sus sábanas cálidas sobres sus cuerpos repletos de golosinas. Ineptos incompetentes. Despacio perece mi gente y muchos caminan dormidos, sonámbulos del espejismo de sus vidas vacías.

Caen manantiales celestiales sobre las espaldas de miles de madres hambrientas que guarecen sus famélicos hijos, mientras, sus casuchas son consumidas, en las noches más oscuras, por las aguas de un rio de llantos y lagunas de clamores y lamentos. Mientras, miles sonríen, cantan y bailan en las esquinas de sus secas y hermosas moradas, como si fueran bufones de la corte de un castillo construido por las heces fecales de sus podridas emociones.

Yo no puedo cambiar el mundo, lo sé, ni puedo detener las lluvias de La Niña, créeme que lo he intentado, he tratado de conjurar ceremonias del pasado, como si fuera un desequilibrado, para intimar detener los vientos, he colgado piedras en mi alma, hasta peñones, y he danzado los ritos indígenas de mis ancestros. Lo que sí puedo hacer es unirme a los esfuerzos de mis almas gemelas, portar un granito pequeño de mis esfuerzos, cada gota de mi sudor, seca, cada caja en mi espalda, construye, y cada dólar enviado, edifica esperanzas.

Únete, entrégate, apoya. El Cibao Nos Necesita, ¡Hoy!




Poema: Alas de Recuerdos

Juan Fernández



Saltamos, como chicos retozones,
entre recuerdos, como si fueran folios
que levitan en la superficie resplandecientes
de la laguna de la aspiración de mil amores,
y nuestros sueños.

Buscamos, como insectos, disimulados,
como si fuéramos infantes traviesos,
jugando a reírnos entre flores de cerezos,
el amor elusivo, que corre entre siluetas.

Pernoctamos, rotando sin sentido,
arropados entre sabanas de nubes de esperanza,
que parecen copitos de algodón,
en un cielo de promesas engendradas en silencio,
palmas que se aprietan,
respiros que emponzoñan el momento.

Despertamos entre cálidas despedidas,
apaleados por millares de látigos de músculos cansados,
embriagados entre sueños y fantasías,
que nos miman, lentamente, como críos.

Botamos placeres dotados de hermosura,
como si tuviéramos excesos de ternuras,
o poseyéramos dotes de alas del olvido,
escondidos entre cientos
de espejos fulminantes de miradas y sonrisas.

Tú que me pierdes con la magia de tus besos,
y te duermes,
yo que me transformo
y me convierto en el aire que buscas día a día para el respiro.

Vivimos entre moléculas de delirios cargadas de luz,
que como esclavos nos imponen los amos
del circulo hermoso del afecto.

Los recuerdos son...el sudor de la vida.

Poema: Baila

por Juan Fernández


Recuérdame como un baile de amapolas,
colgando de un pensamiento,
guiado por el movimiento del viento entre tu pelo.

Recuérdame como las olas de un océano de sentimientos,
destilando malabares de gotas alcoholizadas
por cada uno de tus besos.

Recuérdame, por un segundo, como la bachata de la vida,
con pasos de agigantados de luz y vueltas
entre las nubes del cielo de tus sonrisas.

Y así, como el viento en tiempo de bolero,
recogeré cada uno de nuestros momentos
para convertirlos en la danza eterna
de las memorias rítmicas
de una vida repleta de vivencias inolvidables.

Tú, que revolteas tu falda para decirme que recuerdas,
yo, que me quito el sombrero para en un giro del merengue de mi tierra,
decirte que soy tu esclavo y que siempre, te recuerdo
en el tango que no duerme de la vida.

Recuérdame y baila.

Poema: Rieles del Olvido

Rieles del Olvido
Juan Fernández



Flotando, alegres, van los espectros
que guían a ciegas nuestros destinos,
parece que no saben compadecerse
de las lágrimas de los honestos míos,
saltando sin ruta alguna entre los pétalos
de una flor moribunda de la luna nueva,
como obesos obscenos querubines caídos
de un nirvana obscurecido de pesadillas,
que trenzan con sus infantas alas de algodón
emociones dinámicas de un paraíso lejano.

Minutos atléticos que corren sin destino,
segundos imperecederos antes de la alborada,
cúmulos perpetuos de inmortales desafíos;
techados manchados gravoso que no nos cobijan,
que, como burbujas de jabón, se desvanecen,
entre los dedos de dólares del nuevo interesado tío, 
alimentos decaídos saturados de lombrices,
tratando de convencernos que no existen,
la huella de platos aun sin lavar en el lavabo,
manjar exquisito de flacas moscas y hormigas,
en una cocina de cenizas esquelética que respira
sus últimos fríos, frágiles y asquerosos respiros.

Un sol que nunca calienta, pero sabe cómo castiga
con correctivos firmes de pretinas de condenas,
que brilla sobre los rieles de un tren que corre a ciegas,
alimentado de leña sacada de la piel de mis negros
y sudor amargo y seco, cansado, de mis coterráneos,
del cielo nos caen las estrellas que nos aplastan,
como asfalto plateado de carreteras y castillos,
somos reemplazados como si fuéramos piezas
de una antigua locomotora conducida por un niño.

Vivimos modificando contantemente un juego de gusanos,
cuando nacimos para cristalizar en monarcas mariposas.

Abre tus alas, aunque sepas que te las van a cortar. Respira.

Poema: Esperanza

Esperanza



¿De qué tonalidad es la esperanza aparente
que nos colorean, como a niños, cada día?
¿Será que el verde brillante despertar,
detrás de fingidas sonrisas, destalla en arcoíris?

¿De qué gama empañada es la ilusión etérea
que nos sombrean, con crayones, cada noche?
¿Será que caminan descalzos los pies cansados
de los soñadores de quimeras de luces perdidas?

Huyen los pensamientos de tormentas grises
de espejismos que no existen, ni se extinguen.
Sueños escritos en sangre en pasaportes visados
con promesas de otros idealistas de pacotilla.
Ilusiones y promesas vendidas con cientos de flagelos
en las costillas desnudas y enflaquecidas de los míos.

Pasaje de ida, retornos al paraíso traspasados en filas
de fantasmas perennes de omisiones sin destinos.

Una vida alimentando la maquinaria del capricho,
una esperanza que viaja en aviones del capitalismo.

Promesas nunca cumplidas. Esperanza siempre perdida.
Retornando a morir en su mismo lugar de origen.

Ciclos de sueños infinitos.

Poema: Areítos

Areítos
Juan Fernández



Se me duerme, lentamente, la olvidada paz de mi delicado linaje, 
muchas veces dormido, corriendo exterminando, como fuego voraz, 
por cientos de vacías venas rotas del olvido.
 
No podré, nunca, aunque sea que lo más quiera, gritar, como loco, 
libremente, cual guerrero, las pequeñas afanadas victorias del día a día, 
de mi gente luchadora y sus dolidas fantasías.

Se me caen, careciendo de sentido, cual rocío, las decenas de 
permanentes mutiladas lágrimas, secadas por los vientos nobles 
del valle perdido. Corren por mi vieja y sucia cara mis mares y ríos.

Sólo siembro en surcos, en la arena blanca huraña, mis cargadas 
delgadas raíces rancias y primitivas, sujetas a las historias perdidas 
de naborías olvidados de una isla de playas de espinas y látigos de castigos.

No se de barcos viejos, de velas con cruces rojas, ni cientos de nuevas 
calaveras podridas en penumbras, ni de aguas turbias de ríos sucios, 
lejanas de mi bohío, no conozco la faz dañina del hombre conquistador, 
ni sus ojos sedientos de muerte color putrefacto, ni de la lluvia espesa 
y roja de sangre de los míos, ni de dioses pintados en ladrillos que no escuchan. 
No conocía de las guerras trastornada de conquista, ni las muertes agobiantes 
provocada por trabucos.

Sólo conocía el olor a yerba mojada de mi cielo seco, de las diosas isleñas 
con sus cabelleras largas y finas, sus caderas, sus melenas trenzadas 
en elaborados babonucos amarrados con cabuya. Mis hermanas de piel suave, 
como plumas de tórtolas, dermis canela, quemada por el sol implacable del mar Caribe. 
Mis ancestrales bailes nocturnos preñados de paz en areítos,
la cuna de mis grandes amores y lamentos, paz y tormento, los apasionados 
momentos eternos y sagrados que no olvido.

Yo no quiero que mi pueblo de Taínos se olvide de donde vino, de donde 
y como se siembra la batata, los jobos y la yuca, ni donde se tumban 
los mejores cocos y el palmito, del casabe recién tostado de ajo con aguacate 
y la auyama, de ni de la paz que una vez tuvimos, codiciada hoy por todos los ausentes.

Yo conocía del trueque para crear amigos y la búsqueda del equilibrio, mezclando, 
cada día, todo con sonrisas, abrazos y un beso de despido. Conocía de mil noches oscuras
huracanadas de tormentas de injusticia, y la búsqueda constante de soluciones de armonía,
persiguiendo la felicidad con dosis elocuentes del olvido.

La paz no nos llegará, como regalo de Dios, en el descuido, ni por sorpresa, 
la tenemos que sembrar, alimentarla con orgullo, cosecharla en el momento que esté lista. 
Nosotros somos responsables de la Hayití que nos dimos.

En ti vive el futuro que hoy cultivas. 

Piensa.


Poema: Melanina

Melanina
Por Juan Fernández

Si no me oculto detrás del color
de la piel de mis negros ancestros,
ni me escondo en la triste cultura
del millar de sus pulcros lamentos.
El compás ardiente del ritmo
de templados tambores del recuerdo
no me traza límites cognitivos
de flotantes pensamientos.
¿Por qué lo haces tú, hermano mío,
provocando lágrimas y tormentos?

Si antes de parir una negra guerrera
la gama de un millón de vívidos arcoíris,
y de su vientre fértil construimos
gigantescas pirámides y villas.
Si ya existían, enormes y poderosos,
los negros Olmec en Centro América,
¿Por qué no puedes entender, consanguíneo,
en tus indetenibles extensos insultos,
que cuando en África escribían poemas,
aun vivías desnudo en frías cavernas?

Si mi sangre caribeña no me asusta,
en definitivo, nunca me margina,
y las alas me crecen, y mi alma,
autónoma, libre, danza con las musas.
Si no juzgo, no juro, ni perjuro,
y mis pasos por mi corta y frágil vida
dejan inmensurables huellas.
Si no me pesan mis acciones.
¿Por qué tus derechos intentan
pisotear, constantemente, los míos?

Si el alto contenido de mi melanina
no me arrastra ni me humilla,
ni el crespo de mi fuerte pelo,
ni mis grandes labios me discriminan,
y mi libertad en tu mundo no contamina,
y no encierran de grises tus latidos.
¿Por qué no caminar en mis calzados
y hacer las paces contigo mismo,
y liberarte del puñal ardiente
que te dejaron clavado en la espalda
cientos de ignorantes que hace siglos
que se fueron, que no existen?

No te pido que camines de mis manos,
solamente que camines tu camino.
Yo no quiero consumir
mis cortos años en lágrimas,
ni pagando tus castigos,
sólo quiero cerrar mis negros ojos
cada fría o cálida noche
y besar las mejillas de mis hijos.

Quizás no nací para volar,
pero déjame por mis fuerzas descubrirlo,
no me encierres en las metálicas
limitantes jaulas en tus miles de castillos.

Quizás no nací para reinar,
pero en mis cienes siento
el peso de las coronas de mis padres,
no me pidas doblegar mi linaje
ante las heridas de tus grillos.
¡Déjame!, que antes de tu ser
una cosquilla en el ombligo de tu origen,
ya caminaba, orgulloso y erguido,
como amo de mis días.


Yo no quiero ser más que nadie,
solamente quiero ser libre….
Yo, con la herencia de los míos.

Poema: La Mata de Mango

Por Juan Fernández



De mi inocencia perdida lo recuerdo todo,
memorias, como si fueran cuentos de hadas,
el caer de la lluvia serena en tu negro pelo,
el correr, los susurros, el toque del viento,
los discretos uniformes azules del desaire,
tu sonrisa de ángel, tu mirada, tus dientes.

De mi juventud optimista recuerdo tu cuello,
nuestras largas horas de respiros silentes,
un beso lento debajo del árbol de los secretos,
tus labios moceríos, carnosos, asustados,
los míos tratando de perpetuar el momento.

Con el tiempo, lánguidamente, llegaron los años,
y retornaban el millón de carcajadas discretas,
el viento en tu pelo, la luz celeste en tu cara,
una vida completa buscando entre frutas prohibidas
el recuerdo, casi olvidado, de las memorias guardas
debajo de la mata de mango de nuestro colegio.

Tú que sin querer te pierdes en el viento,
yo preso eterno de cada uno de tus recuerdos.

Poema: Versos del Olvido

Por Juan Fernández


Esta noche, aunque quisiera, no podré escribir los versos tristes que una vez te inspiraron a escribir, mi amigo. El amor no ronda en mi rocío.

No tiritan azules tus astros en mi triste cielo, se esconden cada día en las nubes grises del olvido de las mentes indolentes de ángeles del castigo.

Te confieso que he intentado quererla, y ella, estoy seguro, nunca quiso a cientos de los míos.

Esta ciudad, he intentado tenerla en mis brazos. Puedo seguir intentando escribir tristes versos, pero el afán me agita, y sus besos no me alivian.

He buscado sus ojos grandes, y si, esos los he percibido tantas marcadas veces, a veces en sus gritos, otras en sus palos en las costillas de mis vecinos. Puedo escribir versos tristes, pero si continuo puedo ser detenido.

Una noche más, aunque inmensa, pero sin castigos, hoy no ha caído ninguno abatido, las balas, de alguna forma, quedaron en el olvido.

Al final, creo que si puedo escribir tristes versos esta noche por los cientos de ángeles caídos en manos de guardianes azules del destino.

Siempre has tenido razón, mi amigo, nunca seremos los mismos, yo los quise, pero ellos nunca me quisieron a mi. Han sido muchas las muertes, pero eterna será la intensión de que no caigan en el olvido.

En largas noches tristes, como estas, muchas madres los han tenido en sus brazos, y sus almas, definitivamente, no se alegra de haberlos perdido.

Tu amada, amigo Neruda, mi país en duelo por sus hijos perdidos, puedo escribir los versos más tristes esta noche, para asegurarme que nunca nadie los olvide.

Pensamiento: Sociedad Versus Asociación




Hoy, en la mañana, mientras llegaba al trabajo, escuché a un locutor de radio decir: “no es lo mismo *sociedad* que *asociación*, uno no escoge la sociedad donde nace, pero si las asociaciones que hace”. Esta oración se ha quedado conmigo toda la mañana, quemándome neuronas, y quiero compartir, contigo, lo que pienso.

La “RAE.es” define una sociedad como: “el conjunto de personas, pueblos o naciones que conviven bajo normas comunes”, mientras que una asociación (asociar) es: “unir una persona a otra que colabore en el desempeño de algún cargo, comisión o trabajo”. Todos juntos somos La Sociedad, pero nosotros escogemos a quienes nos asociamos, es una decisión propia, nosotros elegimos por preferencia los entes de nuestra sociedad con los que colaboramos.

En este orden, creamos asociaciones que nos permiten operar bajo procederes afines. Sea por preferencias sociales, sexuales, culturales, raciales, laborales…y cientos de otras afinidades que nos permiten operar a gusto. Esta acción, sola, no representa un riesgo para los demás con los que decidimos no asociarnos, el conflicto social inicia cuando un determinado grupo de asociados determinan que están por encima de los demás en la sociedad y se empeñan en rechazar a todos los que no son como ellos.

Esto se evidencia, marcadamente, en estos últimos meses, en la asociación más poderosa de cualquier sociedad, los uniformados, específicamente la policía. Se podría decir, que, en Estados Unidos, es un caso de “Ellos Contra Nosotros”, y no debe llegar, nunca, a este punto en una sociedad compuesta de entes racionales. Lo que nos falta es tolerancia y respeto.

Entiendo que las armas no matan, las personas lo hacen, pero este ensayo no es sobre por qué maltratamos, sino por qué no toleramos. Las asociaciones se han constituido en grupos conflictivos. Nuestras diferencias, en vez de darnos la oportunidad de aprender de nuestra diversidad, nos está llevando al borde del abismo social. Allí, divididos, nos recogen uno por uno, como leña para el fuego.

Yo pido, imploro, que nos detengamos por un momento, que somos entes de un sólo planeta, que no existen razas, ni colores, que somos todos parte del arcoíris de la multiplicidad. En el planeta sólo existe una raza…la raza humana. Nuestra sociedad necesita que las asociaciones que formemos trabajen unidas para mejorar el planeta. Eduquemos nuestros hijos, y a nosotros mismos, para asegurar que seamos el bien que queremos ver.

La tolerancia conduce a la paz.