Poema: Pensamientos de Lombrices



En el abundante norte de las calles más despintadas
de una ciudad fétida, bruna, que no es tuya,
donde por las noches sempiternas de un verano vil
te ocultas de la rabia de una masa de regaños inclementes,
esperando que la mañana de un sol frío, de pena, te salude.
Quizás, sin deber, que se olvide de ti, sin que te cobre
por el consumo esencial del aire que respiras.

En los márgenes del extremo sur de tus pavimentadas,
glaseadas, mugrosas, anchas y transitadas avenidas,
donde las luces primordiales de la existencia no llegan,
pero la iluminación de una pantalla plana te castiga,
donde los carros no se detienen y finges que no existes,
donde las lágrimas secan y los quejidos mudos son osados,
se mueven al compás de los ritmos más alegres
de una bachata sin música ni letra, llena de sueños muertos
y una salsa bailable de caderas clandestinas del olvido.

En tus laterales limitantes del espacio de una urbe crispada,
en este emporio gris y fosco que dices que es tan tuyo,
rellenado de ilusiones vendidas que te tragas cada día,
como el maná que te arrojan dioses falsos en migajas.
Constelaciones de soles decorativos de esperanzas lejanas,
de planetas terrenales exóticos, y lunas que no existen.
De campitos verdes surreales y miles de vírgenes reservadas,
con las que fantaseas cada día, sueños tocados e incoherentes,
que no te dejan crecer y deponen imperecederas cicatrices.

Por ignorancia universal no te unes a una causa con sentido,
ni te entregas a un pensamiento con metas específicas,
ni eres parte de nada, con una mente caminado al precipicio,
sonámbulo existencial, vagabundo bien vestido,
personaje cómico de una sátira del teatro de tu vida.
Perdido entre dos mundos, ciudadano de ninguno,
medido por un voto carísimo de burlas y sonrisas,
carente de conciencia de masa y razón colectiva.
Llenando, de vez en cuando, urnas repletas de castigos.
Escudriñamiento de tontos, de bolos y coludos, sin sentido,
marcando las caras de los arlequines escogidos del momento.

Busca en las cuadriculadas calles de tu metrópolis soñada
las razones por la que te mereces estar vivo, o suicídate,
para que no te extraigan del jardín como a un gusano cualquiera,
que ha dejado que la inconsciencia lo convierta en lombriz,
cuando nació para, con los años, convertirte en mariposa,
con alas de habilidades, y antenas endiosadas de conocimiento.

Sueña con ser parte de algo más grande que tú mismo,
y despierta en la realidad de que ya eres ente de una comunidad
que te necesita.

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