Entre Tormentas
Creamos tormentas de sentimientos con nuestros pasos de vientos, dejamos huellas en la arena de cristales que rompemos con nuestras decisiones, ajenos del todo, conocedores de nada, contadores de pétalos y creadores de firmamentos. Nos convertimos en huracanes en el cielo de los planetas que compartimos, por breves instantes, con otros que luchan por tejer los lienzos de sus existencias.
Somos dibujos animados en la película psicodélica de la vida que criticamos de algún adolescente que repudiamos, nos convertimos en cicatrices en sus rostros perfilados en redes antisociales, dictadores idealistas de reglas irrelevantes, nos esfumamos, y nuestras huellas en la arena se pierden con el golpear constante de olas del olvido y la ignorancia, no logramos nuestros objetivos, se nos pierden los genes en cárceles que construimos con los sueños de nuestros jóvenes y los gusanos transforman nuestras moléculas en polvo en los cementerios de nuestras propias desgastadas ilusiones.
Gastamos el tiempo decorando nuestras tristezas, base de colores pálidos que ocultan el desespero, colores pasteles para aparentar estar llenos de vida, mascara y pintalabios que nos resalten la vida, fusión fortuita de lágrimas y pesadillas que nos cubren las pelucas y las fajas apretadas en las costillas. Jugamos a ser tormentas, y no llegamos a ventarrones, nos perdemos entre las hojas secas que arrastramos en el polvo de nuestros pueblos fantasmas.
Caminamos solos…entre tormentas de sueños.
Pasos en el Viento
Aún No Es Tiempo
Si exiten azules moretones en las costillas y ojos de un niño maltratado y sus hermanitas se esconden de un abusador desalmado, aún no tenemos la protección divina de Dios.
Si creemos que el blanco es mejor que el negro y no hemos aprendido a disfrutar de la rica gama de melanina que cientos de culturas depositaron en nuestro suelo, aún no sabemos ser Patria.
Si el rojo de la sangre aún corre en las mejillas de las reinas y diosas de mi país y sus cuerpos son razón de irrespeto y velorios, y al día siguiente la olvidamos, aún no tenemos Libertad.
Si las blancas sonrisas inocentes de miles de adolescentes; bellas, capaces e inteligentes, aún son empañadas por viles proxenetas, que las venden abiertamente y consumimos sus cuerpos como si fueran manjares, aún estamos subyugados a una esclavitud perpetúa.
Si los ojos despiertan rojos y cansados de cientos de niñas, que, sin ser aún adolescentes, cargan un niño en sus vientres, antes de empezar la intermedia, aún somos prisioneros en nuestras malas prácticas y sucias débiles mentes.
Si azules son las firmas en los documentos ilegales que expedimos a migrantes irregulares y por pocos pesos vendemos nuestras fronteras y nacionalidades, entonces no merecemos llamarnos, aún, hijos de Duarte, Sánchez y Mella.
Yo, este 27 de Febrero, conmemoraré el día, por el sacrificio que hicieron por mí, pero aún no puedo celebrar con fiestas y algarabía, porque yo sólo celebro la vida y las metas cumplidas.
Con gran pesar sólo comemoro las fechas de los duelos de cada mujer enterrada a destiempo; las perdidas, en manos de idiotas, que roban inocencias; y las fechas que causan tristeza a miles de personas indefensas que ponen en nuestras manos sus futuros y bienestar, y aún no les cumplimos.
Celebraré el día que bajo el cielo de mi Dios, mi Patria pueda gritar a toda voz que gozamos de la Libertad que soñaron los padres de mi nación y rescató Luperón.
El reto está aún por cumplirse, evaluaremos el próximo 27 de febrero.
Continuará...
Estrellas Olvidadas
Éramos estrellas brillantes, cuando caminábamos solos entre los grises nubarrones, danzando dormidos entres las gotas frías del rocío. Soñando con ser libre patria, mucho antes de tener ombligo. Súbditos de un cruel imperio de estiércol, urea y rufianes.
Seres humildes de luz, tejidos entre cruces blancas de las muertes prematuras de titanes, cubiertos de recuadros de colores dignos de respeto y probidad, siendo pueblo antes de ser nación, aldea nacida de la sangre de un puñado de moceríos, sangrando por libertad. Muchos injustamente olvidados entre las tristes penumbras de nuestras inapetencias.
Subyugados por las armas de un colindante sin alma, convencido que éramos peones, en un mundo de reinas y plebeyos, en el cual se creían invencibles, perinolas de un puñado de ratas.
Por ignorancia se les olvidó que de las cenizas nacen ideas, y de un pueblo pisoteado nacieron tricolores ruiseñores, que nos mostraron la luz, las barras de sus calabozos se convirtieron en poemas y de las rancias mazamorras, canciones de autonomía. Cada nota una inspiración que despertaron una aldea que siempre supo ser una nación.
Siete generaciones después, nuestro terruño hoy alberga once millones de Duartes y casi tres de L’Ouvertures, nos vemos en los mismos sucesos de un siglo y tres cuartos atrás. Ser victimas ignorantes una vez es un error indocto del destino, serlo, neciamente, una segunda vez, es simplemente una estupidez.
No podemos abandonar el destino que no depara la historia, pero no podemos, nunca, aceptar humillaciones en nuestro suelo, ¡jamás!, no podemos cerrar los ojos, cuando la patria demanda lealtad.
La nación no engendra lo que no sirve, somos estrellas caminado entre las nubes, de nuestras cenizas nacerán los héroes que defenderán nuestra independencia, una vez más. Es casi tarde, dominicano, se nos hunde la isla.
Defiende nuestros símbolos, tú dominicano, como defiendes el pudor de tu madre. ¡Tú eres República Dominicana!
El Amor
Gotas Sobre Las Amapolas
Por el Mes de la Herencia Dominicana
Actor de Mi Muerte
La Niña
No Calles Más
¿Qué debe pasar para romper los invisibles inútiles códigos retrógradas del absurdo silencio de nuestros hombres?
¿Otra muerta innecesaria con dos tiros en la cabeza, o un cuchillo en la nuca, o ahorcada?
¿Tres niños huérfanos más con la madre enterrada y el padre detrás de las rejas?
¿Qué debe pasar para que los hombres acepten la responsabilidad de su negligencia y la estupidez del silencio?
¿Qué encontremos los brazos en una bolsa, las piernas en un matorral, el torso en un safacón y la cabeza nunca aparezca, de una joven que ayer estaba llena de sueños?
¿Qué te ata la lengua cuando sabes que un idiota está a punto de lapidar la madre de sus hijos?
¿Qué harías si fuera tu hija?
Te aseguro que el día que vayan a matar la tuya, tú no estarás para protegerla, protege esta, cobarde, para que un valiente un día proteja la tuya.
Estamos viviendo en el mejor tiempo de la historia del planeta y parece que los hombres hemos perdido el honor, dejamos que nuestras reinas sean maltratadas y simplemente cerramos los ojos, creo que es mejor que los pierdan.
Yo no quiero vivir con el cargo de conciencia de saber que mi vecina murió y yo no hice nada.
Hago un llamado a todo hombre a *no callar más*. Ellas no son asesinadas tras el primer maltrato.
*Por nuestro silencio están muriendo mujeres. ¡Basta!*
Me comprometo, con toda mujer, que haré algo para detener, de alguna forma, su maltrato.
-- Juan Fernández (Metas 2018)
Más Allá de Mis Pasos
Los pasos dados pesan, aunque apreciemos la grama verde entre los dedos, de la misma forma que cargan los discursos nuestros ánimos, dejan, los pasos, marcas en los pies que las huellas mismas desconocen.
Son como los péndulos que nunca rotan y el tiempo no se detiene, pesan los pasos en los pies despojados de esperanzas, que van dejando marcas en la arena de nuestros días más recónditos. Algunos arrastrados, otros que parecen dormidos, todos propios, leyendas de asuntos del olvido.
Las grietas en los talones no revelan la carga que llevamos cuesta arriba, ni las mejillas muestran las lágrimas salpicadas de castigos, el dolor deja vestigios en las nubes del cielo de nuestras vivencias, pero ya nadie sabe leer las almas, las grietas se han convertido en abecedario de lenguas perdidas.
Las oraciones conjugadas en nuestras caras, trazadas con frases escritas por cinceles calientes de miradas que califican y pretéritos que nadie olvida, casi pluscuamperfectos. Inútiles para las huellas en los senderos de nuestros recuerdos.
Las cicatrices en las espaldas relatan las historias del látigo que jamás perdona, pero, ¿cómo se miden los azotes emocionales dados por los puños de quienes empoderamos para ayudarnos a llevar la carga? Los espinazos espirituales de nuestra gente son mapas más complejos que los de Vespucio, con más carreteras, construidas en sangre, que las cimentadas por los romanos en piedra.
Podríamos escribir enciclopedias y no raspamos la superficie de lo vivido en estas tierras. Los estados son unidos en los lomos de las minorías. El látigo no descansa y al verdugo americano cada día le crecen músculos diseñados para el castigo. Su esteroide escondido en las urnas electorales, nosotros creyendo que tenemos voces en el teatro de los perdidos. No llegamos a pantomimas.
Los pies no dejan huellas en las rocas y las que dejan en la arena desaparecen con una ola, ¿qué sabe el mar de los pies que arrastraron el alma en sus costas? Los prejuicios dejan marcas profundas, y esas nunca se borran.
Somos mazamorra en los pies podridos de supuestos gigantes, como baterías perdidas en el hielo de algún témpano, dormidos, pero a punto de despertar. Me pregunto, ¿qué contaminación ambiental derretirá las capas que no nos dejan prosperar?
Soy esclavo de mi cultura, por desconocerla, soy víctima de mis castigos autoinducidos, por ser ignorante...pero eso no será por toda la vida; cada paso que doy, cada libro que flota sigilosamente de derecha a izquierda en mis manos, cada palabra que tengo que buscar en el mataburros, ¡mata más al burro!, cada historia que se construye en mi memoria, como piezas de un rompecabezas que nadie quiere que vea, hace que mis pasos sean más firmes, y un día, algún día, mi ameba abrirá los ojos y mis huellas, hoy ligeras, crearan cuencas en la llama de mi entorno y mis pies me llevarán más lejos.
Los pasos dados pesan, pero no importa, soporto, yo quiero...






