Poema: Amarte Conjugado en Silencios

Amarte Conjugado en Silencios
Por Juan Fernández 

Quizás no te digo suficientes veces que te amo,
   el silencio recóndito no entiende de emociones,
   ni me permite decirte todo lo que llevo dentro.

Quizás no he aprendido a conjugar mis sentimientos
   en tiempos apropiados para decirte que te amo,
   pero Cervantes no sabía de la gramática excéntrica
   que rompe con las estructuras de las conjugaciones
   más complejas que nacen de un corazón que siente.

Quizás mis sonrisas no transmiten todo lo que siento
   y en mi silencio busco crear frases
   con palabras que no existen.

Quizás no te digo lo suficiente cuanto te amo, en palabras,
   pero si pudieras traducir mis respiros, entenderías,
   en el lenguaje del silencio, 
   que amarte es la única razón por la que vivo.

Aunque a veces en silencio, 
   amarte es una de las bendiciones de la vida.


Te amo.

Cuento: El Vendedor de Ilusiones

El Vendedor de Ilusiones
Por Juan Fernández

A unos 200 metros después del puente del rio Medranche, en el kilómetro siete y medio de la carretera Juan Bosch (antigua Duarte), está la entrada al callejón de la gallera de Pueblo Viejo. Justo en la esquina, frente a la casa de Papá Memén, hay un enorme framboyán que marca donde empiezan las tierras de los Costes. Esas fincas fueron dadas por “El Jefe” al Doctor Billin cuando le salvó la pierna su hijo mayor, pero eso se los cuento en otro cuento. Ahí, debajo del frondoso árbol se parqueó, en su guaguita vendedora, decorada con paisajes alusivos a bienestar, paz y salud, "el Vendedor de Ilusiones".

El megáfono trinaba una música tranquilizante con mensajes sutiles intercalados entre el sonido de tambores amazónicos, flautas de los Andes y brisas de mar. Una voz melodiosa nos invitaba hipnóticamente a acercarnos a escuchar el mensaje de buenas nuevas. Yo sólo tenía diez años y delante de mis ojos veía la magia de este encantador de sueños desarrollarse como la mejor de las obras teatrales.

En unos veinte minutos todos los moradores del paraje estábamos deleitados con los mensajes de buena voluntad de seductor vendedor, los niños nos subimos al framboyán, eran tantos los que se habían acercado al vendedor que los pequeños no podíamos verlo, hasta los guardias de las ruinas llegaron a escuchar el mensaje alentador del mercader.

- No deje que ese dolor de cabeza siga torturándola,  no deje que ese dolor de pie siga castigándolo, usted se merece lo mejor, no deje que la artritis se aproveche de usted. Yo tengo la solución a todos sus achaques, dolores y malestares. Desde dolores de parto, de espalda, roturas de huesos, músculos desgarrados, tendinitis, reumatismo, diabetes, impotencia, mal de orina, zaranana, grajo, mal aliento hasta mal de amor. Vengan, confíen en mí, yo tengo la salida perfecta a todos esas indisposiciones. 

La gente se miraban entre sí, susurraban frases de aprobación, y todos, como coordinados por un maestro de orquesta de la sinfónica, se acercaron un poco más cuando el sacó de su bolsillo un frasco de cristal oscuro con un sello blanco con un sol radiante que decía; “Elixir Egipcio del Dios RA”. El vendedor lo elevó sobre su cabeza con un movimiento rápido y sutil, parecía un bailador de música disco, como John Travolta en Grease. Su saco negro estrechado hasta el máximo, en su rostro, debajo de su fino y delicadamente afeitado bigote se podía ver una leve sonrisa, con la misma enigmática expresión de La Gioconda.

En el momento cuando el proveedor de quimeras iba a empezar su discurso, en el silencio absoluto de la esquina, donde se había detenido hasta el tráfico de los motoconchistas, se oyó el crujir de una rama del monumental framboyán,  habíamos más de cuarenta niños “gaviados” en mata, pero Raúl se había subido muy alto y cuando se rompió la rama no hubo forma de detenerlo, con el primer golpe se rompió algunas costillas; una rama gruesa, que para mí, se movió  para romperle un brazo; con la próxima se fragmentó la cabeza y la caída fue tan fuerte que levantó el polvo de suelo, su pierna izquierda parecía un rompecabezas.

El silencio se podía cortar con un cuchillo, más de trecientas personas estaban completamente perplejos, los ojos casi se les salían de las cuencas. Tragué en seco, no me podía mover, pensé que si hacia algún ruido me iban dar una pela, vi lentamente, sin respirar, a todos desde mi rama y casi pude oír, como en las películas de kung-fu, el sonido de los cuellos de todos cuando se viraron a ver al “Vendedor de Ilusiones”…”ssssuuuuuaaaaaa”.

- Rápide señó, rápide, usa el elixir egipcio pa’ salva nuestro niño, juigaaaaa. – le gritó Jean Claude, el vigilante haitiano de las ruinas, - corra, no dejá que se me muera nuetro carajito.

El hombre, delgado, con su pelo negro engrasado hasta quedar aplastado, se arregló la corbata blanca y se ajustó la camisa negra. Desde mi rama podía ver grandes gotas de sudor caerle por las cienes, cuando tragó la nuez de Adán le corrió lentamente, como un elevador, desde la base de la fina camisa hasta perderse en la cabeza.

- Yo no puedo hacer nada por ese niño, el Elixir Egipcio del Dios Ra no hace milagros, es perfecto para otras condiciones especiales, pero ese niño necesita un doctor. – Si las miradas mataran el vendedor hubiese quedado fulminado instantáneamente.

La doctora Maritza, la nieta del Doctor Billín, salió corriendo del consultorio, y Simeón, su asistente, levantó el cuerpo inerte de Raúl del seco suelo de tierra en la raíz del framboyán. La mirada de ambos al embustero fue de desprecio e irritación, hasta a mí me dio vergüenza. Desaparecieron entre la multitud y se podía ver pintado en el suelo el cuerpo de Raúl, como en las películas de detectives. 

- Déjeme decirle algo Señor Farsante, - dijo Don Cola, el viejo campesino que tenía el puesto de verduras frente a la clínica de Maritza, muchos pensaban que ni sabía hablar, - quizás en estos labrantíos no tenemos la capacidad de ver a través de sus pantallas de espejismos y sortilegios, nos dejamos enredar fácilmente con discursos sublimes, pero tenemos necesidades reales que no las van a resolver sus mágicos brebajes de otros mundos. Aquí necesitamos remedios inmediatos a problemas serios, cada niño es una promesa de bienestar para este campito, y si sus remedios no vienen a solucionar nuestros problemas, váyase y no retorne, que ya de embaucadores estamos cansados.

La gente fue alejándose, cabizbajas, de la entrada del callejón, los niños fueron bajándose uno por uno del framboyán, y yo me quedé parado recostado del tronco del árbol observando al comerciante caminar en silencio hacia su auto de vívidos colores. Sentada en el vehículo, rumiando una goma de mascar y pintándose las uñas de los pies, estaba una hermosa mujer pelirroja, con unas gafas oscuras usadas como cintillo. Su risa era casi burlona, la escuche decirle en voz baja, dividiendo cada palabra, como si él fuera un niño;

- Hace cuatro años que vengo diciéndote que ya en estos campos no viven indios.

Yo me sonreí solito, tratando de no hacer ruido, entré mis manos en los bolsillos de mis pantaloncitos cortos, y pensé que no podía dejar que Raúl se subiera tan alto en el framboyán cuando viniera a deleitarnos el próximo Vendedor de Ilusiones.

Cuento: A Ti, Que No Me Conoces

A Ti, Que No Me Conoces
Por Juan Fernández
Gloria Coste nació saludable, con las fortunas físicas de una diosa griega, rociada de una ternura y simpatía sin igual. Cada mañana, el ritual que repetía religiosamente, antes de tomar la voladora hacia su escuela, le elevaban algunas de esas delicadas características corporales, pero más, mucho más, le enaltecía el espíritu.
A las 7:15am, como todos los días, Gloria se fue a su colegio. Su padrino, Leo, el hijo de Papá Chuchú, era compadre del chofer de la voladora, y se la había encargado para que nada le fuera a pasar a su adorada ahijada. Don Pepe, el chofer, pensaba cumplir con su promesa.
A las 2:00pm, en punto, el chofer de la voladora estaba en la esquina, frente a La Catedral, el asiento de Gloria estaba reservado, pues Leo pagaba, por adelantado, para que el sillón individual de la segunda fila fuera de su protegida.
- Buenas tardes a todos, buenas tardes Don Pepe. Veo que hoy estamos llenos. ¡Qué bueno! – La voz de Gloria era una melodía, y cuando se reía se le hacía un pequeño hoyito en la mejilla que expresaba su sencillez y pureza. En cada extremo de su boca se le hacían comillas, y le formaban la cita más bella del planeta.
Al sentarse, movió la cortina, los siete kilómetros y medio desde el centro de la ciudad hasta Pueblo Viejo eran como ver una película en vivo, cada curva tenía su historia, así decía su primo Juan, quien vivía en Nueva York, a menudo él le pedía que le enviara fotos y, usando Whatsapp, ella lo mantenía informado de todos los cambios de cada sector. Mientras digitaba la clave del WIFI de la voladora, Gloria notó que en el cenicero, que ya no tenía uso, había un papel doblado delicadamente. Al abrirlo vio una letras palmer muy refinada que leían;
“A ti, que no me conoces;
En tus ojos nacen, de la nada, sutiles mariposas, entre el fulgor de tus marrones brillantes luceros, el delicado toque en tu faz de tu exquisito pelo, y el semblante ardiente de tu piel lúcida y morena, nadan, en ella, sin respiro, mis más humildes deseos…”
A sus 18 años Gloria había escuchado miles de piropos; algunos bellos, otros ridículos, y la mayoría inapropiados, pero este pequeño párrafo, este pequeño poema, le hacía sentirse apreciada, no como objeto sexual de pensamientos morbosos de viejos grotescos, sino como un ser meritorio de admiración.
Al día siguiente Gloria repitió la rutina, era martes, y le tocaba ir con su uniforme de falda, sus piernas parecían las de una atleta profesional, su pasión, el voleibol, la mantenía en óptimas condiciones, pues quería jugar en la universidad cuando fuera a estudiar medicina.
Al retornar de la escuela, inmediatamente se sentó en su asiento reservado, encontró otro papel doblado de la misma forma y con el mismo titular;
“A ti, que no me conoces;
…En tus afables manos puedo erigir increíbles universos, tus dedos, como hechos de moléculas de pétalos de rosas, cada una de tus venas, como ríos de mis perdidos delirios, cada fuerte falange, como guardián de un dócil rocío. En tus muñecas, estoy seguro, germinan extraordinarios paraísos…”
Gloria se vio la mano, incrédula, se preguntaba cómo alguien se había dedicado a mirar sus manos con tanta consagración, ella era una simple muchacha de campo y leyendo estos versos se preguntaba porque sentía mariposas en el estómago. Se acercó el papel a la cara y notó un leve olor a vainilla.
Las horas del miércoles fueron eternas, cada hora se convirtió en un día, cada minuto en horas y las agujas del reloj luchaban contra ellas mismas por moverse. El timbre de salida sonó más alegre que nunca, parecía reírse, y antes de que la monja pudiera decir que terminó el día, Gloria ya estaba en la puerta.
El tercer papelito brillaba, como un farol, desde su cenicero, cuando Gloria entró al mini bus, antes de abrirlo, lo olió y el olor le pareció dulce y delicado; vainilla.
“A ti, que no me conoces;
…En cada lunar de tu cuello, como estrellas brillantes, sembraría en besos celestiales mis profundas aspiraciones, la columna capital, que une tu bella testa a tu pulcro cuerpo, sería, para mí, un edén terrenal de aves exóticas de colores, tu boca salpicada de sonrisas, y la mía, perdida en tus besos…”
Gloria quedó en un trance, perdida entre sonrisas, besos y sueños. Don Pepe paró la voladora frente a la casa de los Coste y la vio caminar, casi arrastrando los pies, si no fuera por el polvo que levantaba al caminar, juraría que iba flotando, como suspendida en el aire.
Después de verse por horas al espejo, se tiró en la cama, Gloria no podía entender como “su poeta” se podía inspirar en ella, observó cómo su piel morena hacía contraste marcado con sus brillantes ojos y sus blancos dientes. Pero ni siquiera se había dado cuenta que tenía lunares en el cuello.
A las 2:00pm cuando llegó Don Pepe al parque, ya Gloria estaba esperándolo, entró corriendo sin saludar y se dirigió directamente al inútil cenicero, ahora convertido en guardián de su más preciado tesoro.
“A ti, que no me conoces;
…En el valle verde tierno de tu vientre de edén de flores, rodeado, como un paisaje, de las colinas de tus alegres alcores, donde surgirán, sin control y sin medida, millares de odas y versos, donde dormiré mis más profundos sueños, embriagado en alcohol suave y rico de tu olor, endulzado con la miel que emanas de tu piel”.
Gloria no podía pensar en más nada que conocer a ese galán,  a su poeta, al que ella inspiraba tantos pensamientos, tan bellos. Se bañó rápidamente, como era viernes, y su colegio le permitía vestir casual a los estudiantes de término, se puso un corto vestido rojo, un poco ceñido al cuerpo, con licras negras y unos tacones negros semi-informales cerrados con cordones, busco entre sus accesorios aretes de plata, le pidió a su prima Justina que le ayudara con las cejas y a la 7:15am se paró en la carretera a esperar a Don Pepe.
- Quiero pedirle un gran favor, - le dijo la joven al chofer - déjeme sentarme en el asiento del frente, hoy tengo que hacer un proyecto de la escuela y me asignaron tomar algunos datos, desde la voladora, sobre los parajes de la carretera Profesor Juan Bosch. Me voy a quedar sentada aquí hasta las 2:00pm.
Gloria tenía un plan perfecto, sabía que su galán se subiría después del retorno hacia Cutupú, y se quedaba antes de que la voladora llegue al parque a las 2pm. Por deducción lógica, si ella se quedaba con Don Pepe esas horas, estaba segura que lo podía ver.
Cuando retornaban un joven de unos 20 años; negro, alto, bien vestido, con la piel tan limpia que parecía de ónix, sus ojos brillantes como perlas, delgado, pero fuerte. A Gloria le dio un brinco el corazón cuando él escogió sentarse exactamente en el asiento reservado, donde estaba el cenicero. Llevaba unos audífonos blancos puesto, y bailaba, lentamente, con su cabeza al ritmo de la música que sólo él podía escuchar.
Cuando pasaron la finca de los plátanos de su Tía Annie, en Quebrada Honda, el joven le pidió al piche que lo dejara después del Restaurante de Cuca, Gloria cerró sus ojos y casi lloró. El apuesto joven no podía su galán.
- Ay chosfer, déjame en la vaina de Cuca, que tengo un macho que me va a recoger ahí en 10 minutos y quiero comerme unos huevitos y tomarme un cafescito con “milk” caliente antes de ver la delicia que me espera.
El joven era un homosexual muy definido en sus gustos, y Gloria sabía que ella no podía inspirar “nada” a ese apuesto joven, sería como pedirle a una gatita que ladre. Eran casi las 11:30am y Don Pepe no tenía tiempo para más de un viaje al parque de Las Flores.
Al dirigirse de Cutupú hacia La Vega, un poco después del puente de Río Verde, Don Pepe se detuvo frente a una humilde casita de madera, parecía de película, limpia y pintada de diversos colores y las esquinas en blanco. Una señora, muy mayor, despedía a un obeso joven con un beso en la frente. Gloria lo vio y le apenó ver su cara llena de espinillas y sus espesos lentes con marco cuadrados plásticos negros, fuera de moda. A ella le pareció conocido, pensó que era el joven que ganó estudiante del año de La Vega unos años atrás, pero, de todas formas, no lo conocía. Él se sentó en el asiento reservado, y Gloria se viró para pedirle que no se sentara en ese importantísimo lugar. Repitió esa misma mirada varias veces, para ver si se paraba, pero el joven iba leyendo un espeso libro de leyes y no se percataba de lo que ella quería.
Por el resto del camino ningún joven galán se montó en la voladora. Don Pepe se paró en la estación de autobuses del Quinto Patio y despidió al joven con la misma delicadeza con la que despedía a Gloria.

- Joven Álvaro, lo espero aquí a las 7pm, espero que en Santiago sepan que están educando al futuro de este país. - le dijo el chofer con una enorme sonrisa.

- Gracias Don José, usted como siempre, tan amable y atento, ya voy terminando esta etapa de mi desarrollo profesional, cuando termine por completo, usted será quien acompañe a mi madre a mi graduación. ¡Usted ha sido una bendición para mí desde mi niñez!
Gloria se viró a ver a este muchacho, su apariencia no estaba acorde con su forma de hablar, en su léxico había algo familiar, la ternura de un caballero y fue cuando sintió el olor a vainilla. Vio rápidamente hacia el cenicero y doblado con la misma delicadeza de siempre estaba, muy protegido, el papel de su poeta.
“A ti, que ya me conoces;
En tu mirada, mi princesa, vi lo que llevas por dentro, gracias por los años de ilusión que me inspiraste, eres, y serás para siempre mi musa, mi diosa y mi iluminación. Mantén tu espíritu en Sotavento, y tu mirada en Barlovento…el archipiélago de tus ojos vivirán por siempre en mi memoria. -- Álvaro Ramírez”
Gloria nunca más recibió un mensaje de Álvaro, su poeta, después de varios meses se armó de valor y le pidió a Justina que la llevara a la casita de su galán, allí su madre le dijo que una universidad de Boston se lo había llevado, Jaiva, o Jarva, o así, le dijo que se llamaba.
Por años Gloria pensó en cómo fuera sido su vida si hubiese sido un poco menos superficial.
Llegando a Santiago, unas décadas después, vio un gran cartel con el anuncio del Primer Vicepresidente escogido por los dominicanos del exterior, doctor en derecho, economista, graduado en Harvard University, un ejemplo de cómo había cambia la percepción del país hacia la diáspora, le pidió a su esposo que detuviera el auto frente al cartel. El rostro de Álvaro no había cambiado, ya no estaba obeso, al contrario, ni tenía espinillas, ni espejuelos, pero en su mirada pudo ver al joven poeta de su juventud portando una sonrisa que le inspiraba confianza, respeto y admiración.

Retornó al carro con la frente en alto, le sonrió a su esposo, y le dio un beso, se sintió feliz, y cerró sus ojos, al abrirlos vio en la esquina del cartel, en letras pequeñas, una frase escrita con una forma conocida para ella, “A Ti, Que No Me Conoces”.  

Poema: En Mis Huesos


En Mis Huesos
Por Juan Fernández




Se me termina el tornasol negro del esfero, 
y el antracita gris del lápiz se me carcome,
y agonizo en pedazos podridos de puntos,
y retorno, sin querer, a la edad de la piedra,
se acaban los pliegos blancos, y el oxígeno,
y las agallas no me destilan los sentidos.


Se me suspenden en el aire los pensamientos
y no encuentro como disponer de las letras
para expresar claramente lo que siento,
y me desmayo en segmentos de comas,
y las manos se me revierten en tripas,
los ojos, como camaleones, me delirar,
y la boca se me sella, sin dejar cicatrices,
y dejo de oler, otra vez, el sabor del sonido.

Se me escapan, como lentas liebres, las ideas
y los ideales se me vuelven rutina caídas,
y me entierro en fragmentos de sangrías,
cubierto por completo de gusanos y lombrices,
se me van entre las raíces y la tierra los deseos,
y los oídos, que no apaciguan, se me cierran,
y las miradas frías de las manos son castigos.

Se me caen las alas y me ahogo en angustias,
mis pulmones, parlanchines, dejan de discutir,
y mi chiflado corazón ya no emana lava ardiente
de mis más recónditas atormentadas ilusiones,
y, sin muchas emociones, desaparezco en recortes.

¿Vivirán en otras mentes iluminadas mis anhelos
y mis deseos quedarán cubiertos en mirra y oro?
Soñaran despiertos en veladas mis sueños idos,
y respirará mi aurora su último respiro ciego
y desde el más allá haré del polvo de mis huesos
el mensaje eterno de nunca dejar de luchar.

Quizás, quien sabe, cada frase acabe en silencio
y las oraciones estridentes dejen de tener sentido
y los versos no los pueda completar, aun así...
buscaré la forma desde el cielo o el infierno de decirte:
"Continúa, no te detengas, eres astro de luz enardecido
en este infecundo cosmos de tinieblas”.

¡Piensa, analiza y, vive!

Pensamiento: Arcos y Pirámides

Arcos y Pirámides
Por Juan Fernández

En la arquitectura, el arco es usado para distribución de fuerza y peso, es una estructura de construcción firme y estable, basado en la perfecta posición de un elemento central, la clave, que permite a todos los elementos asumir una responsabilidad correspondiente a la posición en la estructura. Su contra-parte, la pirámide, es una estructura basada en el soporte lineal del peso, los elementos de la base reciben mucha más responsabilidad de la carga que los de arriba, y la punta superior, ninguna.

En la política, estas estructuras también existen, los líderes que pueden aprenden a distribuir el peso de la responsabilidad entre todos sus elementos, se convierten en el “arco” estable del que nos podemos apoyar y soportar el peso de proyectos, retos, amenazas y prevalecer a través del tiempo.

Con los arcos políticos, como en la arquitectura, se pueden construir puentes que nos unan, cúpulas que nos protejan, y portales capaces de resistir terremotos y vicisitudes políticas que destruirían a otros. Estos arcos políticos fundamentan su comportamiento en el principio de “Unidos Somos Más Fuertes”.

Existen arcos desde hace miles de años, tanto en la arquitectura como en la política. En los últimos años nuestra República Dominicana ha experimentado un poco de todas estas estructuras; círculos, que nadie sabe cuál es el norte o sur; pentágonos, que, aunque fuertes, uno no sabe quién es quién; columnas, que, por no tener compañía, son débiles y de cualquier golpecito se desploman; pirámides, fuertes, pero aplastantes; y desde luego, arcos.

La pregunta mágica es; ¿Cuál necesitamos en esta etapa del desarrollo político del país? ¿Cuál puede garantizar que en los próximos 100 años nuestro país sostenga un crecimiento medido que nos posicione en un mundo competitivo cuando nosotros no estemos?  Sabemos que queremos UN ARCO, pero te reto a que cuestiones tus líderes

Las pirámides son duraderas, aunque aplasten su base, no olvidemos que estas fueron construidas como tumbas, no como lugares de progreso.

Mide tus pasos, analiza tus metas y únete a líderes que te ayuden a ser más fuerte, los arcos. El tiempo no te perdonará que hayas perdido tu tiempo siguiendo personas sin visión ni metas.

PIENSA.

Poema: Pensamientos de Lombrices



En el abundante norte de las calles más despintadas
de una ciudad fétida, bruna, que no es tuya,
donde por las noches sempiternas de un verano vil
te ocultas de la rabia de una masa de regaños inclementes,
esperando que la mañana de un sol frío, de pena, te salude.
Quizás, sin deber, que se olvide de ti, sin que te cobre
por el consumo esencial del aire que respiras.

En los márgenes del extremo sur de tus pavimentadas,
glaseadas, mugrosas, anchas y transitadas avenidas,
donde las luces primordiales de la existencia no llegan,
pero la iluminación de una pantalla plana te castiga,
donde los carros no se detienen y finges que no existes,
donde las lágrimas secan y los quejidos mudos son osados,
se mueven al compás de los ritmos más alegres
de una bachata sin música ni letra, llena de sueños muertos
y una salsa bailable de caderas clandestinas del olvido.

En tus laterales limitantes del espacio de una urbe crispada,
en este emporio gris y fosco que dices que es tan tuyo,
rellenado de ilusiones vendidas que te tragas cada día,
como el maná que te arrojan dioses falsos en migajas.
Constelaciones de soles decorativos de esperanzas lejanas,
de planetas terrenales exóticos, y lunas que no existen.
De campitos verdes surreales y miles de vírgenes reservadas,
con las que fantaseas cada día, sueños tocados e incoherentes,
que no te dejan crecer y deponen imperecederas cicatrices.

Por ignorancia universal no te unes a una causa con sentido,
ni te entregas a un pensamiento con metas específicas,
ni eres parte de nada, con una mente caminado al precipicio,
sonámbulo existencial, vagabundo bien vestido,
personaje cómico de una sátira del teatro de tu vida.
Perdido entre dos mundos, ciudadano de ninguno,
medido por un voto carísimo de burlas y sonrisas,
carente de conciencia de masa y razón colectiva.
Llenando, de vez en cuando, urnas repletas de castigos.
Escudriñamiento de tontos, de bolos y coludos, sin sentido,
marcando las caras de los arlequines escogidos del momento.

Busca en las cuadriculadas calles de tu metrópolis soñada
las razones por la que te mereces estar vivo, o suicídate,
para que no te extraigan del jardín como a un gusano cualquiera,
que ha dejado que la inconsciencia lo convierta en lombriz,
cuando nació para, con los años, convertirte en mariposa,
con alas de habilidades, y antenas endiosadas de conocimiento.

Sueña con ser parte de algo más grande que tú mismo,
y despierta en la realidad de que ya eres ente de una comunidad
que te necesita.

Poema: Sueños de Nada


Duerme en mí, 
fragiles canciones locas y silentes 
de llamados inútiles a la conciencia, 
de irresistibles sonidos, mudos, raros
que se desvanecen solos en el éter.

Ritmos dulces escodidos en nobleza,
en los bemoles de mil deseos
y notas brillantes de auroras boreales 
en el ecuador de mi existencia.

Duerme en mí, 
corazón de pétalos formados de sol,
como Duermen los pensamientos
en las mentes de mi buena gente, 
que transitan buscando glorias muertas, 
en la soledad perpetua de sus sueños.
Sueños de otros sueños que nunca llegan, 
en una realidad dormida que no existe.

Duerme en mí, 
curiosidad primitiva, incansable e infinita, 
respira el dolor del aire que respiro, 
lamenta el sudor cálido de mis lamentos, 
la pasión de mis profundos sentimientos, 
despierta del sueño en esperanzas palpables, 
de metas trazadas en acciones tangibles,
y  el ardor vivo, que te queme, en la sangre 
de despertar de una vez el pensamiento.

Duerme en mí, aprende, analiza e intenta,
o muere en sueños en tu ataúd de lamentos.


El Voto por Arrastre vs. Preferencial: La Ley 157-13



La Ley 157-13 establece el sistema de voto preferencial para la elección de diputados, regidores y otros. Esta Ley indica que los electores podrán escoger sus candidatos sin importar la posición que tengan en la boleta. 

En el Artículo 2, se establece que al elector seleccionar al diputado de su preferencia, está favoreciendo con su voto al partido de éste y al candidato a senador.

En el exterior no estamos exceptos de esta ley, y todo ajuste, por acuerdo políticos o no, que se haga debe conformarse dentro de lo establecido por la ley 157-13. 

En el proceso electoral anterior, "por arrastre" el país uso el sistema d'Hondt, que es una fórmula electoral, creada por Víctor d'Hondt, que permite obtener el número de cargos electos asignados a las candidaturas, en proporción a los votos conseguidos por el partido.

En este próximo periodo electoral, en el exterior, en la circunscripción 1 de EE.UU. y Canadá, eligiéremos tres diputados. Los acuerdos para que los incumbentes pasen a ser candidatos automáticos de una tarjeta unificada del exterior, bajo las posibles alianzas del PLD/PRD/PRSC, eliminarían el derecho de muchos aspirantes de elegir y ser elegidos, pero garantizaría que nuestro partido se mantenga en control de las riendas del estado (y esto, quizás, en la macro visión política del PLD, sea la meta por la que debemos luchar). 

La pregunta es, ¿Cómo podemos medir en nuestras demarcaciones, si los actuales diputados son los mejores candidatos para garantizar el triunfo de Danilo en las presidenciales (quizás lo sean, yo no estoy seguro)? ¿Qué pasa si por las alianzas ponemos a nuestro partido (en nuestra circ #1) en una posición de jaque-mate contra el PRM y perdemos la plaza mas importante en el exterior, Nueva York? 

Si los actuales electos deben ser reelegidos, entonces no debemos preocuparnos, que se sometan al escrutinio interno (quizás por encuesta, o algún método que preserve parte de la democracia que deseamos tanto en las filas de la base de mi PLD) y que ganen, si son los mejores, yo seré el primero en el equipo de apoyo de nuestros candidatos, sin importar que el que yo apoyo pase o no. Yo quiero ver al PLD de Nueva York llevarse la faja del triunfo, que Danilo sea nuestro presidente otra vez, y que mi Seccional sea catalítica en ese triunfo. 

En el 2004, después de un larguísimo día de trabajo en la JCE, llegué a mi partido a eso de las 4am, me recibieron José Fernández y Frank Cortorreal, me abrazaron y me felicitaron por el trabajo. En el 2008, llegué a mi partido a esa misma hora, más o menos, me esperó una gran comisión, Carlos Feliz, Morrobel, muchos besos, abrazos y sonrisas. En el 2012, el compañero Zorrilla y yo salimos de la JCE a las 12 del medio día, del día siguiente, el lunes; hediondos, sudorosos, cansados, con hambre, después una eterna batalla contra los demás delegados, jueces y empleados de la Junta para cumplir con nuestro trabajo, casi todos se fueron, Zorrilla y yo nos dimos la mano, y nos quedamos viéndonos por 5 segundos, felicitamos a los demás miembros de la  OCLEE, OPREE y unos cuantos delegados que regresaron bañaditos y olorosos.

El sabor agrio de "perder" es uno que no quiero en mi paladar político otra vez...Si Danilo gana en RD, pero perdemos en NY, entonces debemos dedicarnos a otro cosa. Yo propongo que nos matemos en esta campaña para demostrar que somos un poder político del PLD en Nueva York y en todo el exterior...no se lo demostremos a los demás, a los de RD, propongo que este sea un reto interno, exclusivo de Nueva York para Nueva York.

El candidato que yo apoyo, Gregorio Morrobel, puede ganar, somos soldados de este partido y acataremos las medidas inteligentes tomadas por nuestro Comité Político, solo pedimos que se evalúen las demarcaciones y que tomemos la mejor decisión para cada caso, en Nueva York no nos podemos dar el lujo de perder, Danilo nos necesita, el partido nos necesita, pero mas que todo, el país nos necesita.

¡Vamos a Trabajar!






Cuento: La Placa de Metal



El la mitad del camino de la carretera Duarte, que une a La Vega con Moca, en el kilómetro 7, exactamente entre las entradas de Las Ruinas de La Vega Vieja y el camino de las tierras de Don Telmo, Don Juan Polanco había sembrado una mata de limoncillo, que, después de crecida, se dio cuenta era macho. Tan hermoso y frondoso era el árbol, que decidió dejarlo crecer y hoy es uno de los arboles más copiosos en todo el campo de Pueblo Viejo. 

En la base del tronco, a unos cuatro pies de las raíces, se encuentra una placa de metal que apenas puede verse, es negra y dorada, de un material fruncido, como de cobre o bronce, en la esquina se puede leer aún una fecha escrita rudimentariamente con un clavo en pequeñas perforaciones; Mayo 30, 1961. Con los años la planta la ha asimilado, cubriéndola con fuertes capas de corteza, dejando ver solo las últimas pulgadas del mensaje.

Los que pasamos de cuarenta sabemos lo que dice, llegamos a verla completa, y los que pasan de ochenta saben porque la clavaron. Tío Chuchú, quien vivió cada día de la Era de Trujillo esclavo de sus pensamientos, escribiendo poemas provocadores que sólo él podía leer, escuchando radio clandestinamente de Cuba y leyendo poemarios que evocaban libertad y revolución, una vez me contó que los jóvenes del campo, aquellos que habían sufrido los años del tirano, acordaron clavar esa placa el día que se liberaran de su yugo.

El miércoles 31 de mayo a las 5:00 am, con autorización de Don Juan, quien les dejaba reunirse en la enramada de su patio a discutir sobre el futuro de la nación, mientras tomaban café y jengibre, cortaron un rectángulo del viejo limoncillo y aseguraron con tornillos galvanizados la pesada placa de metal. Duraron más de un año con ella escondida, esperando el momento, y el 30 de mayo del 1961 les llegó la noticia de que Trujillo había sido asesinado. 

Los hermanos Coste; Serafín, José, Memen, Chuchú, Papa Mio, Antonio, Agustin, Edita (mi abuela), Marola y algunos de los Polancos, que vivían después del Medranche, también dos de los Malares, del Aljibe, y hasta Nina Caridad, Tia Milagros, Tía María y Mami Tete, las esposas de los hermanos, se dieron cita para hacer el trabajo lo más rápido posible, estimaban que les tomaría tres minutos y medio en hacer todo, y asegurarse que la próxima generación supieran el porque de la placa.

Las mujeres se reunieron frente a la capilla para orar por "la gran perdida" de la nación, faltaban cinco minutos para las 5:00 am. Antes de entrar se persignaron, y le llevaron café y pan, a los dos guardias del cuartel, para mantenerlos dentro de la casucha, los Malares y los Polancos, que venían caminado despacio, pero hablando un poco más alto de lo normal, para llamar la atención, servirían de distractor, mientras que Chuchú, José y Tio Fifín (Serafin), clavaban la placa, los demás, estaban escondidos en las galerías de las casas para crear una comosión, en caso de que fuera necesario.

A las 5:03 am, sólo faltaba un tornillo, fue cuando el Sargento Alar levantó la mirada y desde la persiana del cuartel, rebuscó en la oscuridad en dirección al limoncillo de Don Juan, cerrando un poco los ojos para mejorar la mirada, se inclinó un poco hacia el frente mientras le echaba manos al fusil, fue cuando salió corriendo de Las Ruinas el vigilante, Jean Claude, un joven dominico-haitiano, que había nacido en el campo, de padres que llegaron a trabajar en los cafetales de La Vega, gritaba a toda garganta, con sus gigantescas manos en la cabeza; "Matao al Jefe, Matao al Jefe, Ay Dio Mio, Matao a Trujillo"...mientras corría hacia el cuartel. Alar miró al raso Pérez y con la cabeza le indicó que atendiera al haitiano. Las esposas recogieron las tazas, aparentando estar asustadas, se taparon sus cabezas con los paños de luto y se dirigieron a la capilla. 

Alar retornó a ver lo que estaba pasando en el frente de Don Juan, pero ya sólo se veía una que otra luciérnaga escapándose de la claridad que lentamente iniciaba día. Caridad se viró a ver a Jean Claude, y este con una leve sonrisa, casi tan imperceptible como la de la Mona Lisa, le aseguró que todo estaba bien, que el plan había trabajado. Debajo del velo Caridad sonrió también.

En unas horas, cada dominicano o dominicana, que sabía leer, de los campos de Cutupú, Rio Verde, Colorao, La Vereda, El Sumbio, que hacían el viacrucis al Santo Cerro para rendir respeto a la muerte del Benefactor de la Patria, se detuvo a leer la placa de metal en el árbol de Don Juan.
"Por cada gota de sangre derramada, por cada lágrima de una madre, por cada joven que guarde cicatrices de la infamia, despertará una voz de la conciencia y recordaremos que nunca, jamás, volveremos a permitir que un hombre se eleve por encima de su pueblo."
-- Mayo 30, 1961
De aquellos jóvenes de la Era de Trujillo, mis tíos, mis abuelos, sólo queda uno, Tío Chuchú, en sus ojos puedo leer un millón de vivencias, de historias contadas, y muchas más sin contar. Hoy, más que nunca, cuando muchos cuestionan nuestra identidad nacional, es vital que recordemos que ser quienes somos ha costado sangre, lágrimas y dolor, que cada uno de nosotros lleva la marca sagrada de Duarte, Sánchez y Mella, que no debemos pisotear a los demás, pero que nunca, jamás, permitiremos que nadie, ni individuo, ni gobierno extranjero, ni fuerza universal, nos subyugue a ser menos de lo que nos ganamos luchando; nuestra nación, nuestra independencia y nuestra libertad de decidir lo que es mejor para nosotros.

¡Celebra Hoy Ser Dominicano!

El Logro de la Sabiduría


Una vez un grupo de amigos hicimos un viaje al Canadá para ver un poeta que nos gustaba mucho, Alden Nowlan.

En ese tiempo empecé a escribir y las ideas me quemaban la mente, como el fuego de una caldera que nunca se extinguía. 

Alden empezó su charla con una frase que se me quedó clavada entre el lóbulo frontal y la última neurona del cerebelo para toda la vida; 
"El día que un niño se da cuenta que los adultos son imperfectos, se convierte en un adolescente (y me miró); el día que los perdona, se convierte en adulto; pero el día que se perdona a si mismo, alcanza la sabiduría".
Yo era el adolescente que empezaba a entender el mundo, la ultima frase empecé a entenderla a mis cuarenta y pico, aunque me creía el dueño de todo, empecé a comprender que todo era más grande que yo. Empecé a entender a mi padre, y sus largas horas en un partido político de un país que había dejado, hoy yo soy el que amanece en reuniones y política. Empecé a entender a mi madre, y su afán, constante, de que habláramos el español, "nuestro idioma", a la perfección, hoy soy yo el que peleo con mis muchachos para que dejen el OK, KLOK y las demás payasadas linguísticas que no ayudan en nada. Empecé a entenderlo todo, y fue cuando mejor entendí lo pequeño e insignificante que somos, especialmente yo.

De regreso del Canadá, yo venía sentado atrás, los cuatro apeñuscados en tres, cansados, pero llenos de vida,  el autobús de Greyhound casi vacío, leyendo en voz alta uno de los libros que compramos en la charla, no importaba de que discutíamos, lo importante es que por trece horas, cuatro jóvenes dominicanos conoceríamos más del mundo, despacio el velo de la ignorancia se nos caída.

Aún nos falta mucho, muchísimo, pero hoy, ya con nietos, pienso en ese viaje y me duermo meditando si podré perdonar algún día a mi más terrible critico, yo mismo. ¡Espérame sabiduría, que el camino es largo, pero no me he detenido!