Juan Fernández
Puedes ponerla de cabezas
con tu toque de respeto,
llevarla a la gloria,
cada día,
con la dulzura de tu olfato,
convertirla en la musa de tus sueños
con tus apasionadas miradas,
escucharla,
entenderla,
orientarla,
saborear cada uno
de sus más recónditos
sabores celestiales,
degustar el néctar de la esencia de su ser.
Vivirás en la gloria de su Edén
y serás eterno, como los ángeles y querubines,
danzando en las nubes de sus besos.
((Este mes de octubre asegúrate de apoyarla para que juntos vayan a hacerle la prueba para el cáncer de mamas. Ella se lo merece. Diosa.))
Nuestras Decisiones
Juan Fernández
La vida está llena
de momentos especiales
que no pueden ver los demás,
aún así existen,
nos marcan,
nos moldean,
nos hacen ángeles o demonios.
La vida está llena
de momentos especiales
que no pueden ver los demás,
aún así existen,
nos marcan,
nos moldean,
nos hacen ángeles o demonios.
Meditamos,
en cada cruce,
nuestras decisiones,
bendiciones o castigos,
y vivimos con ellas,
las arrastramos
como si fueran adornos o estorbos.
Este mes enfócate en la prueba del cáncer de mamas, asegúrate que todas las mujeres de tu vida lo hagan. No podemos seguir perdiendo esta batalla. ¡Decide Hoy Vivir!
en cada cruce,
nuestras decisiones,
bendiciones o castigos,
y vivimos con ellas,
las arrastramos
como si fueran adornos o estorbos.
Este mes enfócate en la prueba del cáncer de mamas, asegúrate que todas las mujeres de tu vida lo hagan. No podemos seguir perdiendo esta batalla. ¡Decide Hoy Vivir!
Duerme Pequeña Gigante
Juan Fernández
Se disuelven,
lentamente,
en tus manos mis dolores
y se me esconden
los pensamientos
hasta llegar al silencio
que solo vivo en tus brazos.
En tus hombros,
fuertes,
apoyo cada respiro,
como si fueran pesados,
provocando el olvido
de mis días cansados.
En tus pechos me pierdo
y evoco la voz del Divino,
te abrazo y te consumo
en pequeñas miradas.
En tu vientre corro,
como cuando era niño,
por el simple placer
de escucharte reír,
y me duermo,
contigo tocando mi espalda.
Eres una diosa
postrada en mi cama,
y te veo,
y te admiro,
y me pregunto,
que hice tan bien
en mis otras vidas
para merecer ser parte
de tus anhelos.
Duerme Pequeña Gigante,
que en mis brazos forjaré tu reinado.
((Este mes dedícale un minuto a las mujeres que amas y acompáñalas a hacer la prueba del cáncer de mamas. Las reinas nunca deben estar solas, al menos que ellas lo quieran.))
Se disuelven,
lentamente,
en tus manos mis dolores
y se me esconden
los pensamientos
hasta llegar al silencio
que solo vivo en tus brazos.
En tus hombros,
fuertes,
apoyo cada respiro,
como si fueran pesados,
provocando el olvido
de mis días cansados.
En tus pechos me pierdo
y evoco la voz del Divino,
te abrazo y te consumo
en pequeñas miradas.
En tu vientre corro,
como cuando era niño,
por el simple placer
de escucharte reír,
y me duermo,
contigo tocando mi espalda.
Eres una diosa
postrada en mi cama,
y te veo,
y te admiro,
y me pregunto,
que hice tan bien
en mis otras vidas
para merecer ser parte
de tus anhelos.
Duerme Pequeña Gigante,
que en mis brazos forjaré tu reinado.
((Este mes dedícale un minuto a las mujeres que amas y acompáñalas a hacer la prueba del cáncer de mamas. Las reinas nunca deben estar solas, al menos que ellas lo quieran.))
Eres Todo
Juan Fernández
Eres el balance perfecto
de mi vida, corazón,
con tus besos
yo me siento ser el amo
y señor del universo.
Eres agua,
eres tierra,
eres luna,
eres sol,
tú conjugas cada verbo
imperfecto
en mis tiempos de pasión.
Eres sombra,
eres lluvia,
eres aire,
eres luz,
en tus pechos tomo,
directamente,
de la fuente de la vida
y el manantial eterno del amor.
Gracias por ser
y dejarme respirar
en el aliento de tus días.
((Este mes debemos asegurarnos de apoyar a nuestras damas a hacerse las pruebas para detectar el cáncer de mamas. ¡Ellas lo van todo! ))
Eres el balance perfecto
de mi vida, corazón,
con tus besos
yo me siento ser el amo
y señor del universo.
Eres agua,
eres tierra,
eres luna,
eres sol,
tú conjugas cada verbo
imperfecto
en mis tiempos de pasión.
Eres sombra,
eres lluvia,
eres aire,
eres luz,
en tus pechos tomo,
directamente,
de la fuente de la vida
y el manantial eterno del amor.
Gracias por ser
y dejarme respirar
en el aliento de tus días.
((Este mes debemos asegurarnos de apoyar a nuestras damas a hacerse las pruebas para detectar el cáncer de mamas. ¡Ellas lo van todo! ))
Somos Polvo
Juan Fernández
Somos delicado polvo,
sacados de los átomos
de hermosas estrellas
que se esparcieron
por el firmamento
millones de años perdidos.
Fuimos creados
para ser dioses efímeros,
a la igual y semejanza
de un ser divino.
Nos friccionamos
en pequeñas moléculas
de miedo y nos olvidamos
que el plan de Dios
es que fueramos eternos.
Pero somos polvo
y en polvo nos convertiremos.
(( Ayuda al plan divino revisando tus senos y haciéndote el examen para detectar el cáncer de mamas. Te necesitamos entera, diosa de nuestro universo.))
Somos delicado polvo,
sacados de los átomos
de hermosas estrellas
que se esparcieron
por el firmamento
millones de años perdidos.
Fuimos creados
para ser dioses efímeros,
a la igual y semejanza
de un ser divino.
Nos friccionamos
en pequeñas moléculas
de miedo y nos olvidamos
que el plan de Dios
es que fueramos eternos.
Pero somos polvo
y en polvo nos convertiremos.
(( Ayuda al plan divino revisando tus senos y haciéndote el examen para detectar el cáncer de mamas. Te necesitamos entera, diosa de nuestro universo.))
El Universo en su Alma
Juan Fernández
La magia está
en ver el universo
a través de su alma,
tratar de entender
cada luna,
cada planeta,
cada sol.
Contar las estrellas
en cada una de sus sonrisas,
dejarla volar cuando abra sus alas
y perderte en las nebulosas
de sus miradas.
Acompáñala en sus momentos
de preocupaciones y estrés,
el cáncer de mamas,
detectado a tiempo,
se puede manejar,
si has disfrutado
del paraíso de sus pechos,
asegúrate de estar con ella
cuando se haga la prueba.
((El Memorial Sloan Kettering en Harlem lo hace gratuito y sin pedir documentos de identidad. Si eres mayor de 40 o si en tu familia alguien ha padecido de cáncer de mamas, ¡haz la cita hoy!))
La magia está
en ver el universo
a través de su alma,
tratar de entender
cada luna,
cada planeta,
cada sol.
Contar las estrellas
en cada una de sus sonrisas,
dejarla volar cuando abra sus alas
y perderte en las nebulosas
de sus miradas.
Acompáñala en sus momentos
de preocupaciones y estrés,
el cáncer de mamas,
detectado a tiempo,
se puede manejar,
si has disfrutado
del paraíso de sus pechos,
asegúrate de estar con ella
cuando se haga la prueba.
((El Memorial Sloan Kettering en Harlem lo hace gratuito y sin pedir documentos de identidad. Si eres mayor de 40 o si en tu familia alguien ha padecido de cáncer de mamas, ¡haz la cita hoy!))
Tu Siervo por Siempre
Juan Fernández
Quiero beber,
como el ser más sediente,
cada gota que emana
del manantial de tu vientre.
Ser la copa donde viertes tu vida,
la suave escala donde mides tus besos.
Quiero ser la brisa que entra tu pelo,
tocar tu cráneo con mis dedos,
dormir enredado en tu cuello,
lamer cada gota de miel
que sudas, mi negra.
Quiero ser la alfombra donde caminas,
tú, mi reina, yo, siervo de tus respiros,
por siempre.
((Desde 1989, la cantidad de mujeres que mueren por cáncer de mama ha disminuido a un ritmo constante gracias a la detección temprana y las mejoras en los tratamientos. ¡Vamos, el siguiente paso es tuyo!))
Quiero beber,
como el ser más sediente,
cada gota que emana
del manantial de tu vientre.
Ser la copa donde viertes tu vida,
la suave escala donde mides tus besos.
Quiero ser la brisa que entra tu pelo,
tocar tu cráneo con mis dedos,
dormir enredado en tu cuello,
lamer cada gota de miel
que sudas, mi negra.
Quiero ser la alfombra donde caminas,
tú, mi reina, yo, siervo de tus respiros,
por siempre.
((Desde 1989, la cantidad de mujeres que mueren por cáncer de mama ha disminuido a un ritmo constante gracias a la detección temprana y las mejoras en los tratamientos. ¡Vamos, el siguiente paso es tuyo!))
Atrapado Entre Respiros
Juan Fernández (c) 2018
Viajo, como lo hacen las luciernagas en las noches de verano, tratando de llevar mi luz entre árboles oscuros de dos islas. Una, perenne, el centro de mis raíces, la otra, parte de algo enorme, dueña de mi sudor y mis días más pesados.
En pleno vuelo, se me esconden las alas de mi aguila, y nacen las verdes de mi cotorra salvaje. Mis garras de cazador las transformó en uñas de caricias y esplendor. Mi grito, despertador de libertad de una nación de perpetuas tareas, en cantar de once millón de sonrisas, que llevo enredadas en el alma.
Mientras toco las nubes, siento el negro de mis luchas diluirse en el colorido de mis montañas bañadas por las olas de mis mares. El tricolor de mis pies, botas de nieve convertidas en chancletas blancas, rojas y azules. Arrastrando el repicar de tamboras, acompañadas de timbrar de cada perforación de una güira metálica que me dice...¡Bienvenido a tu país, mi hijo!
Cierro mis ojos ciudadano de un mundo y despierto en otro, rehén voluntario de mis costumbres, cada poro respirando jobos y tamarindo. Busco en el firmamento, escondido entre los rayos del sol, el momento donde se transfigura mi espiritu, donde dejo atrás los cereales de los ingleses y añoro el desayuno de las viandas de mis taínos.
Veo los rascacielos de metal y cristal cambiar en el horizonte, en el medio, desgarrando mis extremidades, sostengo las partes mejores de dos mundos, lágrimas tatuadas en el palpitar de mi ombligo. Un mundo, donde nací, nadando en el capitalismo, el otro, de donde vienen mis orígenes, ilusionados con lo mismo. Ambos perdidos, sin entender que somos gotas en el océano que nos divide, que destrozan lo único que vale la pena, nuestra cultura.
Viajo para tejer las partes que se me desgarran cada día. Las horas en el aire, gastadas viendo como los demás tratan de hacer lo mismo, creando universos con nuestros respiros, contando los minutos, escondidos en un trago de alcohol y la ilusión del vaivén de unas caderas caribeñas. Nos vamos con sístoles de una cultura prestada por Washington y regresamos con las diástoles de los sueños de Duarte bañadonos las espaldas.
Nos vamos con taquicardia, volvemos con el corazón partido.
Somos ciudadanos de dos mundos, entendidos, lamentablemente, por ninguno. En cada vuelo dejamos un poco de nosotros en el aire, así, en contra de nuestra voluntad, en el lomo de nosotros, los ausentes, nacen las ramas del árbol de un millar de esperanzas y de nuestro sudor nacen los arcoíris.
Mis dos países viven en mi, yo soy un poco de ambos. Yo soy dominicano para los gringos y extranjero para los míos. Atrapado entre respiros. Flotando entre dos mundos. En los pulmones me nace una bachata mezclada con un blues.
Soy Dominico-Americano. Yo soy yo.
(Escrito en un vuelo de Jetblue, comiendo papitas azules, soñando que en unas horas me comeré un mangú.)
Viajo, como lo hacen las luciernagas en las noches de verano, tratando de llevar mi luz entre árboles oscuros de dos islas. Una, perenne, el centro de mis raíces, la otra, parte de algo enorme, dueña de mi sudor y mis días más pesados.
En pleno vuelo, se me esconden las alas de mi aguila, y nacen las verdes de mi cotorra salvaje. Mis garras de cazador las transformó en uñas de caricias y esplendor. Mi grito, despertador de libertad de una nación de perpetuas tareas, en cantar de once millón de sonrisas, que llevo enredadas en el alma.
Mientras toco las nubes, siento el negro de mis luchas diluirse en el colorido de mis montañas bañadas por las olas de mis mares. El tricolor de mis pies, botas de nieve convertidas en chancletas blancas, rojas y azules. Arrastrando el repicar de tamboras, acompañadas de timbrar de cada perforación de una güira metálica que me dice...¡Bienvenido a tu país, mi hijo!
Cierro mis ojos ciudadano de un mundo y despierto en otro, rehén voluntario de mis costumbres, cada poro respirando jobos y tamarindo. Busco en el firmamento, escondido entre los rayos del sol, el momento donde se transfigura mi espiritu, donde dejo atrás los cereales de los ingleses y añoro el desayuno de las viandas de mis taínos.
Veo los rascacielos de metal y cristal cambiar en el horizonte, en el medio, desgarrando mis extremidades, sostengo las partes mejores de dos mundos, lágrimas tatuadas en el palpitar de mi ombligo. Un mundo, donde nací, nadando en el capitalismo, el otro, de donde vienen mis orígenes, ilusionados con lo mismo. Ambos perdidos, sin entender que somos gotas en el océano que nos divide, que destrozan lo único que vale la pena, nuestra cultura.
Viajo para tejer las partes que se me desgarran cada día. Las horas en el aire, gastadas viendo como los demás tratan de hacer lo mismo, creando universos con nuestros respiros, contando los minutos, escondidos en un trago de alcohol y la ilusión del vaivén de unas caderas caribeñas. Nos vamos con sístoles de una cultura prestada por Washington y regresamos con las diástoles de los sueños de Duarte bañadonos las espaldas.
Nos vamos con taquicardia, volvemos con el corazón partido.
Somos ciudadanos de dos mundos, entendidos, lamentablemente, por ninguno. En cada vuelo dejamos un poco de nosotros en el aire, así, en contra de nuestra voluntad, en el lomo de nosotros, los ausentes, nacen las ramas del árbol de un millar de esperanzas y de nuestro sudor nacen los arcoíris.
Mis dos países viven en mi, yo soy un poco de ambos. Yo soy dominicano para los gringos y extranjero para los míos. Atrapado entre respiros. Flotando entre dos mundos. En los pulmones me nace una bachata mezclada con un blues.
Soy Dominico-Americano. Yo soy yo.
(Escrito en un vuelo de Jetblue, comiendo papitas azules, soñando que en unas horas me comeré un mangú.)
Los Amos
He pensado escapar tantas veces, desde que empecé mi esclavitud, 33 años atrás, pero ayer, mientras caminaba por los alrededores de la granja donde nacieron mis padres, vi como flagelaban a un par de miserables, que, como yo, trataban de abrir sus sentidos en un mundo de ojos cerrados. Ciegos intencionales con retinas perfectas. Creo que vamos creando, con nuestras acciones y nuestro intento de educarnos, montañas en las cordilleras de nuestras colonias, perdidas en los archipiélagos de nuestros antepasados.
Vamos entrelazando hilos de algodón imposibles de tejer, que arrastramos por siempre, convirtiendo nuestros sueños en hilachas, por el resto de nuestros invaluables míseros respiros. Perpetuamos nuestras colinas de falsas esperanzas esculpidas entre nubes de desconsuelos. Somos exploradores en nuestras jaulas de ignorancia, ilusionados en un vuelo que no despega, sin entender quienes nos cortan las alas.
Escalamos, con sogas de frustraciones, nuestras propias limitaciones, buscando clavar nuestras escarpias entre las rocas que nos hacen extraer de las minas, donde laboramos. Nuestras manos, picos y palas, nuestro sudor lubricando las maquinarias que ensamblamos nosotros mismos, luego nos venden las joyas fabricadas en las heridas de nuestras espaldas, ¡hasta nos hacen reír, felices, cuando las pagamos!
Somos naborias de pueblos conquistados por dioses que creamos para preservar nuestra cordura, así no los culpamos, pero les prendemos velas y le cantamos salmos al ritmo de sus melodías infernales, aún, servilmente, les cocinamos sus platos, le servimos sus vinos y le abrimos sus puertas, con nuestras mejores sonrisas, sin importar si dan, o no, las gracias. Sentimos que nos bendicen cuando nos dan una limosna. Bajamos nuestras cabezas en reverencia y cerramos nuestros ojos para que no nos castiguen.
Lo más penoso es que son peores los demás esclavos que los amos les permiten dormir en la casa grande. Creen que son hombres libres porque comen con cubiertos y en platos de losa fina. Nos han cambiado el látigo por un papel insignificante, por el que nos matamos, el que gastamos en la hacienda de otro amo. Sin entender, nunca, el ciclo del capitalismo.
El logro más grande de ellos, los amos, fue hacernos creer que somos libres cuando nos soltaron las cadenas y dejaron de atarnos las manos. Ya no nos compran en subasta, no es necesario, vamos voluntariamente a sus factorías, consumimos todo en las casas que de ellos mismos rentamos. Comemos sus alimentos podridos, mientras cocinamos para ellos filete de los mejores peces que pescamos, que compran con el dinero que consumimos en sus miserables espejos. Colón les enseñó el cómo, nosotros perpetuamos el cuándo, en ciclos eternos en el que siempre perdemos.
En las noches, cuando todos duermen, cuando sólo puedo escuchar sus ronquidos, me escondo en sus librerías y leo sus libros, los cristianos y los paganos, los que hablan de igualdad entre los seres humanos, y me rio de sus obras solemnes, ¡Iguales! Eso me produce mis mejores carcajadas. Cuando ya no puedo más y los libros descansan en mi pecho, como cobija en el desierto, retorno a mi camita de paja, me escondo en mis altares y por costumbre me pongo los grilletes, aunque me dicen los otros cautivos que ya no es necesario, nunca quiero olvidar que soy esclavo, aun camine en el mismo mundo que mis amos.
Yo no tengo que cambiar mis costumbres, ni esconder mis dioses de cavernas, ni olvidar mis ritos ancestrales, yo también sé jugar mi papel en este mundo de teatro, donde ellos juegan a ser dioses y yo a permitirles creer que son mis amos. Mañana intentaré escapar, otra vez, pero en la alborada escribiré otra historia desde el escenario de felicidad y cielos azules creado por los amos.
((Escrito después de unas vacaciones inolvidables en RD, de mucho trabajo, de conocer mejor mi país, de ver tantos detalles que nunca entendí. De pronto la jaula se me volvió más estrecha.))
Soy Yo y Mis Raíces
Juan Fernández © 2018
Los demás, inútiles, fastuosos cómplices del destino, tratando de hacer socavones en mi voluntad y mi alma, igual que hormigas en el pan de mis ilusiones, sus acciones amasando despedidas. Despacio fui aprendiendo a sembrar en ellos mis semillas. Asimilé como extender en sus huecos mis raíces y crear la base de mi avenencia. Diminutos cambios que producen las enormes permutas de mi savia.
Ellos bailando en sus lunas, tratando, sin éxito, de eclipsar mi planeta, nunca pudieron entender que los soles son los centros de sus propios universos. Nébulas infinitas de galaxias entrelazadas, unidas por materia oscura super complicadas, alimentadas por cada una de mis supernovas calcinantes. Son ellos cometas que se arrastran destronados, meteoros de un millar de lamentos, yo, con mis mundos, me mantengo enfocado en un norte por el bien, sencillamente, de los nuestros.
Caminaron por senderos de roña, cavilaron que eran míos, se equivocan y se pierden, en la mugre, los gusanos, abalando ellos en sus errores, mi camino, y mis pasos trillaron mis propias líneas, haciendo lo justo, asfaltando la vía, marcando en calzadas de necrópolis perdidas, las malas decisiones de muchos que se llamaban amigos. Mís viejos sinsabores, todos enterrados con cruces de mi propio tallado. Lágrimas de un pasado triste, buscando crear sonrisas donde otros crean lamentos en un valle de miradas perdidas.
Nada debe violentar el enfoque de los ecuánimes, ni hacer llorar a los auténticos, ni hacer temblar la certeza de los razonables, todos deben apuntar a una sola vía. No soy yo, no, ni son mis pasos para cumplir algún final, es la siembra perpetua de los ideales, las metas comunes, el sueño entrañable de mis compueblanos.
Quizás no vea el día donde la siembra produzca los frutos, pero lo disfrutaré, aun este muerto, en mis hijos, o en sus proles, o en las obras de sus hijos…pero mi fin tendrá sus frutos, siempre y cuando pueda lograr que mis raíces crezcan en los hoyos de mi alma que producen mis rivales, ayudándome a crear hortalizas en mi regia labranza.
Soy yo y mis raíces.
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