Juan Fernández
Eres el balance perfecto
de mi vida, corazón,
con tus besos
yo me siento ser el amo
y señor del universo.
Eres agua,
eres tierra,
eres luna,
eres sol,
tú conjugas cada verbo
imperfecto
en mis tiempos de pasión.
Eres sombra,
eres lluvia,
eres aire,
eres luz,
en tus pechos tomo,
directamente,
de la fuente de la vida
y el manantial eterno del amor.
Gracias por ser
y dejarme respirar
en el aliento de tus días.
((Este mes debemos asegurarnos de apoyar a nuestras damas a hacerse las pruebas para detectar el cáncer de mamas. ¡Ellas lo van todo! ))
Somos Polvo
Juan Fernández
Somos delicado polvo,
sacados de los átomos
de hermosas estrellas
que se esparcieron
por el firmamento
millones de años perdidos.
Fuimos creados
para ser dioses efímeros,
a la igual y semejanza
de un ser divino.
Nos friccionamos
en pequeñas moléculas
de miedo y nos olvidamos
que el plan de Dios
es que fueramos eternos.
Pero somos polvo
y en polvo nos convertiremos.
(( Ayuda al plan divino revisando tus senos y haciéndote el examen para detectar el cáncer de mamas. Te necesitamos entera, diosa de nuestro universo.))
Somos delicado polvo,
sacados de los átomos
de hermosas estrellas
que se esparcieron
por el firmamento
millones de años perdidos.
Fuimos creados
para ser dioses efímeros,
a la igual y semejanza
de un ser divino.
Nos friccionamos
en pequeñas moléculas
de miedo y nos olvidamos
que el plan de Dios
es que fueramos eternos.
Pero somos polvo
y en polvo nos convertiremos.
(( Ayuda al plan divino revisando tus senos y haciéndote el examen para detectar el cáncer de mamas. Te necesitamos entera, diosa de nuestro universo.))
El Universo en su Alma
Juan Fernández
La magia está
en ver el universo
a través de su alma,
tratar de entender
cada luna,
cada planeta,
cada sol.
Contar las estrellas
en cada una de sus sonrisas,
dejarla volar cuando abra sus alas
y perderte en las nebulosas
de sus miradas.
Acompáñala en sus momentos
de preocupaciones y estrés,
el cáncer de mamas,
detectado a tiempo,
se puede manejar,
si has disfrutado
del paraíso de sus pechos,
asegúrate de estar con ella
cuando se haga la prueba.
((El Memorial Sloan Kettering en Harlem lo hace gratuito y sin pedir documentos de identidad. Si eres mayor de 40 o si en tu familia alguien ha padecido de cáncer de mamas, ¡haz la cita hoy!))
La magia está
en ver el universo
a través de su alma,
tratar de entender
cada luna,
cada planeta,
cada sol.
Contar las estrellas
en cada una de sus sonrisas,
dejarla volar cuando abra sus alas
y perderte en las nebulosas
de sus miradas.
Acompáñala en sus momentos
de preocupaciones y estrés,
el cáncer de mamas,
detectado a tiempo,
se puede manejar,
si has disfrutado
del paraíso de sus pechos,
asegúrate de estar con ella
cuando se haga la prueba.
((El Memorial Sloan Kettering en Harlem lo hace gratuito y sin pedir documentos de identidad. Si eres mayor de 40 o si en tu familia alguien ha padecido de cáncer de mamas, ¡haz la cita hoy!))
Tu Siervo por Siempre
Juan Fernández
Quiero beber,
como el ser más sediente,
cada gota que emana
del manantial de tu vientre.
Ser la copa donde viertes tu vida,
la suave escala donde mides tus besos.
Quiero ser la brisa que entra tu pelo,
tocar tu cráneo con mis dedos,
dormir enredado en tu cuello,
lamer cada gota de miel
que sudas, mi negra.
Quiero ser la alfombra donde caminas,
tú, mi reina, yo, siervo de tus respiros,
por siempre.
((Desde 1989, la cantidad de mujeres que mueren por cáncer de mama ha disminuido a un ritmo constante gracias a la detección temprana y las mejoras en los tratamientos. ¡Vamos, el siguiente paso es tuyo!))
Quiero beber,
como el ser más sediente,
cada gota que emana
del manantial de tu vientre.
Ser la copa donde viertes tu vida,
la suave escala donde mides tus besos.
Quiero ser la brisa que entra tu pelo,
tocar tu cráneo con mis dedos,
dormir enredado en tu cuello,
lamer cada gota de miel
que sudas, mi negra.
Quiero ser la alfombra donde caminas,
tú, mi reina, yo, siervo de tus respiros,
por siempre.
((Desde 1989, la cantidad de mujeres que mueren por cáncer de mama ha disminuido a un ritmo constante gracias a la detección temprana y las mejoras en los tratamientos. ¡Vamos, el siguiente paso es tuyo!))
Atrapado Entre Respiros
Juan Fernández (c) 2018
Viajo, como lo hacen las luciernagas en las noches de verano, tratando de llevar mi luz entre árboles oscuros de dos islas. Una, perenne, el centro de mis raíces, la otra, parte de algo enorme, dueña de mi sudor y mis días más pesados.
En pleno vuelo, se me esconden las alas de mi aguila, y nacen las verdes de mi cotorra salvaje. Mis garras de cazador las transformó en uñas de caricias y esplendor. Mi grito, despertador de libertad de una nación de perpetuas tareas, en cantar de once millón de sonrisas, que llevo enredadas en el alma.
Mientras toco las nubes, siento el negro de mis luchas diluirse en el colorido de mis montañas bañadas por las olas de mis mares. El tricolor de mis pies, botas de nieve convertidas en chancletas blancas, rojas y azules. Arrastrando el repicar de tamboras, acompañadas de timbrar de cada perforación de una güira metálica que me dice...¡Bienvenido a tu país, mi hijo!
Cierro mis ojos ciudadano de un mundo y despierto en otro, rehén voluntario de mis costumbres, cada poro respirando jobos y tamarindo. Busco en el firmamento, escondido entre los rayos del sol, el momento donde se transfigura mi espiritu, donde dejo atrás los cereales de los ingleses y añoro el desayuno de las viandas de mis taínos.
Veo los rascacielos de metal y cristal cambiar en el horizonte, en el medio, desgarrando mis extremidades, sostengo las partes mejores de dos mundos, lágrimas tatuadas en el palpitar de mi ombligo. Un mundo, donde nací, nadando en el capitalismo, el otro, de donde vienen mis orígenes, ilusionados con lo mismo. Ambos perdidos, sin entender que somos gotas en el océano que nos divide, que destrozan lo único que vale la pena, nuestra cultura.
Viajo para tejer las partes que se me desgarran cada día. Las horas en el aire, gastadas viendo como los demás tratan de hacer lo mismo, creando universos con nuestros respiros, contando los minutos, escondidos en un trago de alcohol y la ilusión del vaivén de unas caderas caribeñas. Nos vamos con sístoles de una cultura prestada por Washington y regresamos con las diástoles de los sueños de Duarte bañadonos las espaldas.
Nos vamos con taquicardia, volvemos con el corazón partido.
Somos ciudadanos de dos mundos, entendidos, lamentablemente, por ninguno. En cada vuelo dejamos un poco de nosotros en el aire, así, en contra de nuestra voluntad, en el lomo de nosotros, los ausentes, nacen las ramas del árbol de un millar de esperanzas y de nuestro sudor nacen los arcoíris.
Mis dos países viven en mi, yo soy un poco de ambos. Yo soy dominicano para los gringos y extranjero para los míos. Atrapado entre respiros. Flotando entre dos mundos. En los pulmones me nace una bachata mezclada con un blues.
Soy Dominico-Americano. Yo soy yo.
(Escrito en un vuelo de Jetblue, comiendo papitas azules, soñando que en unas horas me comeré un mangú.)
Viajo, como lo hacen las luciernagas en las noches de verano, tratando de llevar mi luz entre árboles oscuros de dos islas. Una, perenne, el centro de mis raíces, la otra, parte de algo enorme, dueña de mi sudor y mis días más pesados.
En pleno vuelo, se me esconden las alas de mi aguila, y nacen las verdes de mi cotorra salvaje. Mis garras de cazador las transformó en uñas de caricias y esplendor. Mi grito, despertador de libertad de una nación de perpetuas tareas, en cantar de once millón de sonrisas, que llevo enredadas en el alma.
Mientras toco las nubes, siento el negro de mis luchas diluirse en el colorido de mis montañas bañadas por las olas de mis mares. El tricolor de mis pies, botas de nieve convertidas en chancletas blancas, rojas y azules. Arrastrando el repicar de tamboras, acompañadas de timbrar de cada perforación de una güira metálica que me dice...¡Bienvenido a tu país, mi hijo!
Cierro mis ojos ciudadano de un mundo y despierto en otro, rehén voluntario de mis costumbres, cada poro respirando jobos y tamarindo. Busco en el firmamento, escondido entre los rayos del sol, el momento donde se transfigura mi espiritu, donde dejo atrás los cereales de los ingleses y añoro el desayuno de las viandas de mis taínos.
Veo los rascacielos de metal y cristal cambiar en el horizonte, en el medio, desgarrando mis extremidades, sostengo las partes mejores de dos mundos, lágrimas tatuadas en el palpitar de mi ombligo. Un mundo, donde nací, nadando en el capitalismo, el otro, de donde vienen mis orígenes, ilusionados con lo mismo. Ambos perdidos, sin entender que somos gotas en el océano que nos divide, que destrozan lo único que vale la pena, nuestra cultura.
Viajo para tejer las partes que se me desgarran cada día. Las horas en el aire, gastadas viendo como los demás tratan de hacer lo mismo, creando universos con nuestros respiros, contando los minutos, escondidos en un trago de alcohol y la ilusión del vaivén de unas caderas caribeñas. Nos vamos con sístoles de una cultura prestada por Washington y regresamos con las diástoles de los sueños de Duarte bañadonos las espaldas.
Nos vamos con taquicardia, volvemos con el corazón partido.
Somos ciudadanos de dos mundos, entendidos, lamentablemente, por ninguno. En cada vuelo dejamos un poco de nosotros en el aire, así, en contra de nuestra voluntad, en el lomo de nosotros, los ausentes, nacen las ramas del árbol de un millar de esperanzas y de nuestro sudor nacen los arcoíris.
Mis dos países viven en mi, yo soy un poco de ambos. Yo soy dominicano para los gringos y extranjero para los míos. Atrapado entre respiros. Flotando entre dos mundos. En los pulmones me nace una bachata mezclada con un blues.
Soy Dominico-Americano. Yo soy yo.
(Escrito en un vuelo de Jetblue, comiendo papitas azules, soñando que en unas horas me comeré un mangú.)
Los Amos
He pensado escapar tantas veces, desde que empecé mi esclavitud, 33 años atrás, pero ayer, mientras caminaba por los alrededores de la granja donde nacieron mis padres, vi como flagelaban a un par de miserables, que, como yo, trataban de abrir sus sentidos en un mundo de ojos cerrados. Ciegos intencionales con retinas perfectas. Creo que vamos creando, con nuestras acciones y nuestro intento de educarnos, montañas en las cordilleras de nuestras colonias, perdidas en los archipiélagos de nuestros antepasados.
Vamos entrelazando hilos de algodón imposibles de tejer, que arrastramos por siempre, convirtiendo nuestros sueños en hilachas, por el resto de nuestros invaluables míseros respiros. Perpetuamos nuestras colinas de falsas esperanzas esculpidas entre nubes de desconsuelos. Somos exploradores en nuestras jaulas de ignorancia, ilusionados en un vuelo que no despega, sin entender quienes nos cortan las alas.
Escalamos, con sogas de frustraciones, nuestras propias limitaciones, buscando clavar nuestras escarpias entre las rocas que nos hacen extraer de las minas, donde laboramos. Nuestras manos, picos y palas, nuestro sudor lubricando las maquinarias que ensamblamos nosotros mismos, luego nos venden las joyas fabricadas en las heridas de nuestras espaldas, ¡hasta nos hacen reír, felices, cuando las pagamos!
Somos naborias de pueblos conquistados por dioses que creamos para preservar nuestra cordura, así no los culpamos, pero les prendemos velas y le cantamos salmos al ritmo de sus melodías infernales, aún, servilmente, les cocinamos sus platos, le servimos sus vinos y le abrimos sus puertas, con nuestras mejores sonrisas, sin importar si dan, o no, las gracias. Sentimos que nos bendicen cuando nos dan una limosna. Bajamos nuestras cabezas en reverencia y cerramos nuestros ojos para que no nos castiguen.
Lo más penoso es que son peores los demás esclavos que los amos les permiten dormir en la casa grande. Creen que son hombres libres porque comen con cubiertos y en platos de losa fina. Nos han cambiado el látigo por un papel insignificante, por el que nos matamos, el que gastamos en la hacienda de otro amo. Sin entender, nunca, el ciclo del capitalismo.
El logro más grande de ellos, los amos, fue hacernos creer que somos libres cuando nos soltaron las cadenas y dejaron de atarnos las manos. Ya no nos compran en subasta, no es necesario, vamos voluntariamente a sus factorías, consumimos todo en las casas que de ellos mismos rentamos. Comemos sus alimentos podridos, mientras cocinamos para ellos filete de los mejores peces que pescamos, que compran con el dinero que consumimos en sus miserables espejos. Colón les enseñó el cómo, nosotros perpetuamos el cuándo, en ciclos eternos en el que siempre perdemos.
En las noches, cuando todos duermen, cuando sólo puedo escuchar sus ronquidos, me escondo en sus librerías y leo sus libros, los cristianos y los paganos, los que hablan de igualdad entre los seres humanos, y me rio de sus obras solemnes, ¡Iguales! Eso me produce mis mejores carcajadas. Cuando ya no puedo más y los libros descansan en mi pecho, como cobija en el desierto, retorno a mi camita de paja, me escondo en mis altares y por costumbre me pongo los grilletes, aunque me dicen los otros cautivos que ya no es necesario, nunca quiero olvidar que soy esclavo, aun camine en el mismo mundo que mis amos.
Yo no tengo que cambiar mis costumbres, ni esconder mis dioses de cavernas, ni olvidar mis ritos ancestrales, yo también sé jugar mi papel en este mundo de teatro, donde ellos juegan a ser dioses y yo a permitirles creer que son mis amos. Mañana intentaré escapar, otra vez, pero en la alborada escribiré otra historia desde el escenario de felicidad y cielos azules creado por los amos.
((Escrito después de unas vacaciones inolvidables en RD, de mucho trabajo, de conocer mejor mi país, de ver tantos detalles que nunca entendí. De pronto la jaula se me volvió más estrecha.))
Soy Yo y Mis Raíces
Juan Fernández © 2018
Los demás, inútiles, fastuosos cómplices del destino, tratando de hacer socavones en mi voluntad y mi alma, igual que hormigas en el pan de mis ilusiones, sus acciones amasando despedidas. Despacio fui aprendiendo a sembrar en ellos mis semillas. Asimilé como extender en sus huecos mis raíces y crear la base de mi avenencia. Diminutos cambios que producen las enormes permutas de mi savia.
Ellos bailando en sus lunas, tratando, sin éxito, de eclipsar mi planeta, nunca pudieron entender que los soles son los centros de sus propios universos. Nébulas infinitas de galaxias entrelazadas, unidas por materia oscura super complicadas, alimentadas por cada una de mis supernovas calcinantes. Son ellos cometas que se arrastran destronados, meteoros de un millar de lamentos, yo, con mis mundos, me mantengo enfocado en un norte por el bien, sencillamente, de los nuestros.
Caminaron por senderos de roña, cavilaron que eran míos, se equivocan y se pierden, en la mugre, los gusanos, abalando ellos en sus errores, mi camino, y mis pasos trillaron mis propias líneas, haciendo lo justo, asfaltando la vía, marcando en calzadas de necrópolis perdidas, las malas decisiones de muchos que se llamaban amigos. Mís viejos sinsabores, todos enterrados con cruces de mi propio tallado. Lágrimas de un pasado triste, buscando crear sonrisas donde otros crean lamentos en un valle de miradas perdidas.
Nada debe violentar el enfoque de los ecuánimes, ni hacer llorar a los auténticos, ni hacer temblar la certeza de los razonables, todos deben apuntar a una sola vía. No soy yo, no, ni son mis pasos para cumplir algún final, es la siembra perpetua de los ideales, las metas comunes, el sueño entrañable de mis compueblanos.
Quizás no vea el día donde la siembra produzca los frutos, pero lo disfrutaré, aun este muerto, en mis hijos, o en sus proles, o en las obras de sus hijos…pero mi fin tendrá sus frutos, siempre y cuando pueda lograr que mis raíces crezcan en los hoyos de mi alma que producen mis rivales, ayudándome a crear hortalizas en mi regia labranza.
Soy yo y mis raíces.
Siempre Retorno Los Viernes
Siempre retorno los viernes, aquellos de los veranos más cálidos, aquellos que nos dejaban respirar el sonido de los camiones de helados, todos corriendo detrás de ellos, cuando el calor se mezclaba con el rocío de agua fría de algún hidrante, como un regalo del cielo, brincando alegres con las bocas abiertas en una esquina cualquiera de mi adorado Manhattan.
Siempre retorno los viernes, cuando nos sentábamos, callados, en los bancos del parque de mis viejos amigos, los gritos de los niños corriendo, sin pensar en nada, jugando, simplemente, a hacer ruido. Recuerdo más que nada las largas conversaciones sin sentido de un grupo de soñadores dominicanos. El caminar lento de pasos pesados, el sudor de adolescentes calurosos, la búsqueda de lo incierto, las travesuras, el amor, de aquellos viernes lejanos.
Siempre retorno los viernes, cuando mirábamos las calles cambiar de colores, la transformación, lenta, de la melanina en las calles de mi aldea querida. Recuerdo el silencio de los inviernos fríos, los adoquines resbaladizos, los pequeños charcos de agua, negros y helados. Recuerdo el despedirse triste de las hojas de otoño y la algarabía incontrolable de las bulliciosas primaveras, el cantar de las flores y las melodías de los pájaros.
Siempre retorno los viernes, cuando caminaba mudo con mi abuelita de mano, mirando, por muchos años, el cambiar perpetuo de los trenes, los autobuses de mis amigos, cambiando, repletos de entes extraños. Recuerdo cuando se fueron los últimos judíos, los irlandeses y cuando se fueron los cubanos. El vacío del aporte de sus culturas, hoy tan extrañadas. Despacio fuimos cambiando.
Siempre retorno los viernes, cuando las banderas tricolores empezaron a colgar de las ventanas, sus cruces blancas ondeando orgullosas y entre los recuadros, azules y rojos, un merengue apambichao, romo, dominó y muchas jóvenes embarazadas. La droga entró por la puerta grande y se quedó de vecina permanente. El cambio de los ritmos a cadencia afrocaribeña, con el pasar de los años, los cigarrillos a escondidas se convirtieron en hookahs en las calzadas. Las miradas alegres se fueron perdiendo, los saludos se fueron convirtiendo en puñaladas. Nos están matando los hijos por simples pendejadas.
Siempre retorno los viernes, de tantas décadas pasadas, el gritar de los niños convertidos en el llanto de las madres, sus hijos muertos o encarcelados, los equipos de baloncesto convertidos en gangas, el camión de helado ya no se quiere parar en mi esquina y en las piernas no tengo los músculos de antaño. Las banderas reemplazadas, miles de ventanas cerradas, muchos recordamos cada vez que despedimos otra familia dominicana, que se iba a enterrar algún vecino asesinado. Despacio nos fueron cambiando.
Siempre retorno los viernes, mi vecindario volvió a convertirse en lo que era cuando llegamos, repleto de caras pálidas cubiertas de expresiones extrañas, ya no es mi vecindad. Las ciudades son como seres vivientes, se retuercen con el dolor y engordan con el tiempo, en sus largas vidas ven los cambios y solo sonríen. Nos ven caminar como dueños y luego nos despide como invitados. Somos parásitos temporarios en los intestinos de lugares extraños.
Siempre retorno los viernes, a aquellos viernes de antaño, caminando con el corazón en mis manos, buscando en las entradas de los edificios de la gran manzana, la sonrisa perdida de mi juventud olvidada. Busco en los rostros de los nuevos ocupantes la pasión con que corrimos en las aceras y jugábamos en las escalinatas. Los adoquines hoy cubiertos de asfalto. Los parques llenos de latas vacías, basura y la porquería que algún perdido arrebata.
Siempre retorno los viernes, hoy retorno con mis ojos cerrados.
Espacios Oscuros
Dejamos, desgarradas, migajas de nuestras almas lesionadas en las gotas de nuestras tempestades, en la fina arena de nuestros más estériles desiertos, esperanzados que se curen con anhelos y un poco de olvido, aunque tengamos que fabricarlo de los huracanes que nacen en los archipiélagos de cientos de pensamientos inmorales.
Olemos, sin saber cómo, las fragancias dulces, sabor a vainilla, de nuestros orquestados quiméricos amores, palpitando entre las tinieblas amargadas de nuestras destrozadas aprensiones. Somos víctimas preferidas de un cupido que derrochó, hace muchos, sus flechas y hoy sólo caza corazones perdidos.
Somos óleo y acuarelas, mezclas, muchas veces, sin sentidos, derramadas en las pinturas que mostramos al mundo, para sentirnos que tenemos sentidos, conjugando, en el arte rupestre, nuestras irremediables existencias. Lienzo que colgamos en las cavernas donde almacenamos nuestras diversas experiencias coexistidas, quizás, otra vez, con un poco de olvido.
Somos actores improvisados, sin guiones, en la completa oscuridad de nuestras mendigas líneas. Titeres y arlequines, pantomimas de paredes que derrumbamos y escarmientan. Mediocres en actuaciones de nuestras magistrales mentiras. Actores mecánicos de obras corrientes e insensibles.
Se desintegran nuestros espíritus y los reconstruimos con deseos de ser más que lo que piensan los demás que fuimos, buscando ser parte de algo libidinoso, psíquico o divino. Caminamos como dioses en un mundo de peregrinos, sin dejar huellas en el camino. Arrastramos los talones mientras corroemos nuestros pulgares en la vía.
Estamos carentes de designios, sin cuajar los más sencillos objetivos y reímos como si fuéramos capaces de hacer algo que ni siquiera entendemos, ni hemos decidido, ilusos rehenes de nuestras vidas sin destinos. Pecadores e impenitentes de tantos sinsabores. Preferimos la salida más cercana, cuando el crecer está en el aprendizaje de enfrentar nuestros errores.
Somos sombras en las luces de tantas vidas, jugamos a las escondidas con nuestros más cercanos amigos, convirtiéndolos en refractarios, creando el estorbo desde adentro. Nos colgamos títulos en el cuello que compramos con ofrendas. Nos convertimos en líderes de nuestros enemigos y queremos llegar al ruedo. Usamos nuestras falsas sonrisas como viaductos colgantes de escarmientos y nos quedamos en el aire con el desplome de sus cimientos.
Decoramos con las pieles de nuestras víctimas las historias que mostramos en nuestras verbales vitrinas. Funestos en adulaciones, serpientes venenosas, privados de alguna doctrina. Somos miradas perdidas en el silencio que existe entre falsos seguidores de nuestras vacías contiendas. Nos enfocamos en nuestras metas sin importar cuantas almas aplastamos en la rienda.
Somos mártires de nuestros propios flagelos, sangramos mientras tomamos licores y vinos, dibujamos con la sangre las caretas de nuestros circos, fingimos ser capaces, cuando siempre vivimos confundidos. Se nos pierden nuestras promesas en el horizonte de la oscuridad del túnel que cavamos nosotros mismos. La luz que divisamos al final de hoyo que profundizamos, es el faro del tren aplastante de otro maldito que viene arrastrando más promesas y condenas.
Somos cadenas de centenares de clavos crucificando, sin piedad, nuestros procreados cristos. Oramos a escondidas a dioses desconocidos, esperamos que nos concedan deseos masticados por nuestras envidias. Predicamos los evangelios de nuestras religiones apócrifas, cimentadas en las coronas de espinas de uno que no castiga. Visitamos templos erigidos, como salas de magnos teatros, cuando el templo real lo desvestimos por unos dólares baratos.
Prostituimos el cielo en besos infernales con clientes de domingos. Brindando limosnas, tratando de comprar perdones e indulgencias, buscando adquirir la paz que no fundamos. Caminamos detrás de promesas vacías, las defendemos como si fueran nuestras. Somos como las golondrinas, volamos en cielos desconocidos, tratando de elevarse solas, sin hacer grandes despedidas.
Nos empuñan el futuro, como si fuéramos insectos minúsculos e insignificantes, saboteando nuestras oportunidades de convertirnos en los seres celestiales que nacimos para ser en este mundo simple que opto por llamar mi cielo, mi infierno y mi purgatorio. Aquí cumplo todo lo mío. Nos sentimos cubiertos de libertad que no ayudamos a mantener y dejamos que nos la quiten. Quizás ni la merecemos.
Somos construcciones egoístas de diseños invertidos de pirámides que destruimos. El tiempo ha dejado de ser el profesor de nuestras vidas, nos deja envejecer, pero nada de cognitivo. Con él se nos van más fragmentos de nuestras almas y esperamos, quizás, otra vez, remediar con un poco de olvido.
Lamentamos, yo y mis cinco mil millones de bacterias, revelar lo que existe detrás del velo que te pusieron en este plano de anodinos. Si ya lo sabias, te felicito, ahora busquemos la salida. La ignorancia nos está matando la villa.
Ven, hablemos, ya somos dos que despertamos de esta loca pesadilla. ¡Piensa!, deja de buscar lo perfecto dejando escapar lo real y lo cierto. ¡Vive!, pero con los ojos abiertos. Detén el desgarre de tu alma en sueños y fantasías...lo real está despedazando el alma que te da razón de merecerte un respiro.
Luchemos, juntos, por un ideal.
No Celebraré este 4 de Julio
Este 2018 es mi 51vo 4 de Julio, quizás no recuerde los primeros tres, pero recuerdo del cuarto o quinto para acá. Este es el primero que me siento a reflexionar, he celebrado, personalmente, con carácter de júbilo por lo menos 40 de ellos. Este 51vo sólo lo voy a conmemorar, no porque no esté orgulloso de mi nación, soy de aquí tanto como soy de allá, pero he perdido mi centro, quizás por la edad.
Según pasan los años me he vuelto más escéptico, más preguntón, más crítico, hoy celebro las cosas que entiendo hacen bien, y conmemoro las que suceden por el simple hecho de las fechas, creo que aprendí eso, a la perfección, cuando conmemoré la muerte de mi madre este año. ¡Cero razones para celebrar!
Así, como la muerte de mi madre, conmemoraré el logro de mi país por independizarse de los ingleses, pero cuestiono cuando se independizarán los esclavos internos que retenemos, las mentes encarceladas por ser diferentes.
Me pregunto como celebramos la independencia de mi país cuando hemos matado 26 ciudadanos americanos, este año, sólo por ser transexuales. Me pregunto como vamos a celebrar las muertes brutales de nuestros jóvenes, mientras no podemos invertir tiempo, recursos e intelecto en crear alternativas educativas, culturales y deportivas para que nuestros niños crezcan sin el deseo de asociarse en pandillas.
Este será el primer 4 de julio, en muchas, muchas décadas que no tomare una fotografía de los fuegos artificiales, conmemoraré, en silencio, que estoy en el país, que pudiendo cambiar el mundo, no lo hace. Conmemoraré mi respiro, en la paz de mi alma, reflexionaré de cómo, cuándo y porqué somos, como nación, tan atrasados, ignorantes e insensibles.
Nos estamos matando nosotros mismos, pero no analizamos quiénes ganan mientras nuestras comunidades pierden, siempre hay un ganador de las miserias de los demás, pero no nos importa si no lo dicen las redes sociales. ¿Cómo celebrar independencia si la mayoría no lo somos?
Hace tiempo que dejé de celebrar lo que no entiendo, somos el 6to país del mundo con más muertes violentas, más de 17,200 el año pasado, somos como el 90vo en ranking mundial, per capita, pero los 25 primero no llegan a 10 mil, así nos disfrazan los números, yo soy un experto en estadísticas, así contamos mentiras y disfrazamos conciencias.
Conmemoro el nacimiento de mi nación, la que me vio nacer, pero no celebraré, nunca más, en lo que nos hemos convertido, no celebraré los 4 de julio, por lo que dejamos de hacer, por donde y en que usamos nuestros recursos, por el irrespeto que le tenemos a todo lo que, en nuestros ojos cegatos, no es normal.
Volveré, ojalá que si, antes de mi muerte, pues en mi ignorancia lo disfrutaba, a celebrar el 4 de julio, cuando vea un presidente luchar por la equidad y nuestro derecho a ser diferente, por lo menos, dentro de nuestra “gloriosa” nación.
Disfruta tú tu 4 de julio, yo le pediré perdón al mundo por la nación que parió. Estoy seguro que hoy no es día de júbilo para el resto del mundo.
Bueno, ya me cansé de oírme a mi mismo, celebra lo que tú entiendas debes celebrar, y disfrútalo...yo...mejor hablamos mañana.
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