por Juan Fernández
Recuérdame como un baile de amapolas,
colgando de un pensamiento,
guiado por el movimiento del viento entre tu pelo.
Recuérdame como las olas de un océano de sentimientos,
destilando malabares de gotas alcoholizadas
por cada uno de tus besos.
Recuérdame, por un segundo, como la bachata de la vida,
con pasos de agigantados de luz y vueltas
entre las nubes del cielo de tus sonrisas.
Y así, como el viento en tiempo de bolero,
recogeré cada uno de nuestros momentos
para convertirlos en la danza eterna
de las memorias rítmicas
de una vida repleta de vivencias inolvidables.
Tú, que revolteas tu falda para decirme que recuerdas,
yo, que me quito el sombrero para en un giro del merengue de mi tierra,
decirte que soy tu esclavo y que siempre, te recuerdo
en el tango que no duerme de la vida.
Recuérdame y baila.
Poema: Rieles del Olvido
Rieles del Olvido
Juan Fernández
Flotando, alegres, van los espectros
que guían a ciegas nuestros
destinos,
parece que no saben compadecerse
parece que no saben compadecerse
de las lágrimas de los honestos
míos,
saltando sin ruta alguna entre los pétalos
saltando sin ruta alguna entre los pétalos
de una flor moribunda de la
luna nueva,
como obesos obscenos querubines caídos
como obesos obscenos querubines caídos
de un nirvana obscurecido de
pesadillas,
que trenzan con sus infantas alas de algodón
que trenzan con sus infantas alas de algodón
emociones dinámicas de un
paraíso lejano.
Minutos atléticos que corren
sin destino,
segundos imperecederos antes
de la alborada,
cúmulos perpetuos de inmortales desafíos;
cúmulos perpetuos de inmortales desafíos;
techados manchados gravoso que
no nos cobijan,
que, como burbujas de jabón, se desvanecen,
que, como burbujas de jabón, se desvanecen,
entre los dedos de dólares
del nuevo interesado tío,
alimentos decaídos saturados de lombrices,
alimentos decaídos saturados de lombrices,
tratando de convencernos que
no existen,
la huella de platos aun sin lavar en el lavabo,
manjar exquisito de flacas moscas y hormigas,
en una cocina de cenizas esquelética que respira
sus últimos fríos, frágiles y asquerosos respiros.
la huella de platos aun sin lavar en el lavabo,
manjar exquisito de flacas moscas y hormigas,
en una cocina de cenizas esquelética que respira
sus últimos fríos, frágiles y asquerosos respiros.
Un sol que nunca calienta,
pero sabe cómo castiga
con correctivos firmes de
pretinas de condenas,
que brilla sobre los rieles de un tren que corre a ciegas,
que brilla sobre los rieles de un tren que corre a ciegas,
alimentado de leña sacada de
la piel de mis negros
y sudor amargo y seco,
cansado, de mis coterráneos,
del cielo nos caen las estrellas que nos aplastan,
del cielo nos caen las estrellas que nos aplastan,
como asfalto plateado de
carreteras y castillos,
somos reemplazados como si fuéramos piezas
somos reemplazados como si fuéramos piezas
de una antigua locomotora
conducida por un niño.
Vivimos modificando
contantemente un juego de gusanos,
cuando nacimos para cristalizar en monarcas mariposas.
cuando nacimos para cristalizar en monarcas mariposas.
Abre tus alas, aunque sepas
que te las van a cortar. Respira.
Poema: Esperanza
Esperanza
¿De qué tonalidad
es la esperanza aparente
que nos colorean,
como a niños, cada día?
¿Será que el verde brillante despertar,
¿Será que el verde brillante despertar,
detrás de
fingidas sonrisas, destalla en arcoíris?
¿De qué gama
empañada es la ilusión etérea
que nos sombrean,
con crayones, cada noche?
¿Será que
caminan descalzos los pies cansados
de los
soñadores de quimeras de luces perdidas?
Huyen los
pensamientos de tormentas grises
de espejismos
que no existen, ni se extinguen.
Sueños escritos
en sangre en pasaportes visados
con promesas
de otros idealistas de pacotilla.
Ilusiones y
promesas vendidas con cientos de flagelos
en las
costillas desnudas y enflaquecidas de los míos.
Pasaje de
ida, retornos al paraíso traspasados en filas
de
fantasmas perennes de omisiones sin destinos.
Una vida
alimentando la maquinaria del capricho,
una
esperanza que viaja en aviones del capitalismo.
Promesas
nunca cumplidas. Esperanza siempre perdida.
Retornando
a morir en su mismo lugar de origen.
Ciclos de
sueños infinitos.
Poema: Areítos
Areítos
Juan
Fernández
Se me duerme,
lentamente, la olvidada paz de mi delicado linaje,
muchas veces dormido, corriendo
exterminando, como fuego voraz,
por cientos de vacías venas rotas del olvido.
No
podré, nunca, aunque sea que lo más quiera, gritar, como loco,
libremente, cual
guerrero, las pequeñas afanadas victorias del día a día,
de mi gente luchadora
y sus dolidas fantasías.
Se me caen,
careciendo de sentido, cual rocío, las decenas de
permanentes mutiladas lágrimas, secadas por los vientos nobles
del valle perdido. Corren por mi vieja y sucia cara
mis mares y ríos.
Sólo siembro
en surcos, en la arena blanca huraña, mis cargadas
delgadas raíces rancias y
primitivas, sujetas a las historias perdidas
de naborías olvidados de una isla
de playas de espinas y látigos de castigos.
No se
de barcos viejos, de velas con cruces rojas, ni cientos de nuevas
calaveras
podridas en penumbras, ni de aguas turbias de ríos sucios,
lejanas de mi bohío,
no conozco la faz dañina del hombre conquistador,
ni sus ojos sedientos de
muerte color putrefacto, ni de la lluvia espesa
y roja de sangre de los míos,
ni de dioses pintados en ladrillos que no escuchan.
No conocía de las guerras
trastornada de conquista, ni las muertes agobiantes
provocada por trabucos.
Sólo
conocía el olor a yerba mojada de mi cielo seco, de las diosas isleñas
con sus cabelleras
largas y finas, sus caderas, sus melenas trenzadas
en elaborados babonucos
amarrados con cabuya. Mis hermanas de piel suave,
como plumas de tórtolas, dermis
canela, quemada por el sol implacable del mar Caribe.
Mis ancestrales bailes nocturnos
preñados de paz en areítos,
la cuna de mis grandes amores y lamentos, paz y tormento, los apasionados
la cuna de mis grandes amores y lamentos, paz y tormento, los apasionados
momentos
eternos y sagrados que no olvido.
Yo no
quiero que mi pueblo de Taínos se olvide de donde vino, de donde
y como se siembra
la batata, los jobos y la yuca, ni donde se tumban
los mejores cocos y el
palmito, del casabe recién tostado de ajo con aguacate
y la auyama, de ni de la
paz que una vez tuvimos, codiciada hoy por todos los ausentes.
Yo conocía
del trueque para crear amigos y la búsqueda del equilibrio, mezclando,
cada
día, todo con sonrisas, abrazos y un beso de despido. Conocía de mil noches
oscuras
huracanadas de tormentas de injusticia, y la búsqueda constante de
soluciones de armonía,
persiguiendo la felicidad con dosis elocuentes del
olvido.
La paz
no nos llegará, como regalo de Dios, en el descuido, ni por sorpresa,
la
tenemos que sembrar, alimentarla con orgullo, cosecharla en el momento que esté
lista.
Nosotros somos responsables de la Hayití que nos dimos.
En ti
vive el futuro que hoy cultivas.
Piensa.
Poema: Melanina
Melanina
Por Juan
Fernández
Si no me
oculto detrás del color
de la piel de mis negros ancestros,
ni me escondo en la triste cultura
del millar de sus pulcros lamentos.
El compás ardiente del ritmo
de templados tambores del recuerdo
no me traza límites cognitivos
de flotantes pensamientos.
¿Por qué lo haces tú, hermano mío,
provocando lágrimas y tormentos?
de la piel de mis negros ancestros,
ni me escondo en la triste cultura
del millar de sus pulcros lamentos.
El compás ardiente del ritmo
de templados tambores del recuerdo
no me traza límites cognitivos
de flotantes pensamientos.
¿Por qué lo haces tú, hermano mío,
provocando lágrimas y tormentos?
Si antes
de parir una negra guerrera
la gama de un millón de vívidos arcoíris,
y de su vientre fértil construimos
gigantescas pirámides y villas.
Si ya existían, enormes y poderosos,
los negros Olmec en Centro América,
¿Por qué no puedes entender, consanguíneo,
en tus indetenibles extensos insultos,
que cuando en África escribían poemas,
aun vivías desnudo en frías cavernas?
la gama de un millón de vívidos arcoíris,
y de su vientre fértil construimos
gigantescas pirámides y villas.
Si ya existían, enormes y poderosos,
los negros Olmec en Centro América,
¿Por qué no puedes entender, consanguíneo,
en tus indetenibles extensos insultos,
que cuando en África escribían poemas,
aun vivías desnudo en frías cavernas?
Si mi
sangre caribeña no me asusta,
en definitivo, nunca me margina,
y las alas me crecen, y mi alma,
autónoma, libre, danza con las musas.
Si no juzgo, no juro, ni perjuro,
y mis pasos por mi corta y frágil vida
dejan inmensurables huellas.
Si no me pesan mis acciones.
¿Por qué tus derechos intentan
pisotear, constantemente, los míos?
en definitivo, nunca me margina,
y las alas me crecen, y mi alma,
autónoma, libre, danza con las musas.
Si no juzgo, no juro, ni perjuro,
y mis pasos por mi corta y frágil vida
dejan inmensurables huellas.
Si no me pesan mis acciones.
¿Por qué tus derechos intentan
pisotear, constantemente, los míos?
Si el alto
contenido de mi melanina
no me arrastra ni me humilla,
ni el crespo de mi fuerte pelo,
ni mis grandes labios me discriminan,
y mi libertad en tu mundo no contamina,
y no encierran de grises tus latidos.
¿Por qué no caminar en mis calzados
y hacer las paces contigo mismo,
y liberarte del puñal ardiente
que te dejaron clavado en la espalda
cientos de ignorantes que hace siglos
que se fueron, que no existen?
no me arrastra ni me humilla,
ni el crespo de mi fuerte pelo,
ni mis grandes labios me discriminan,
y mi libertad en tu mundo no contamina,
y no encierran de grises tus latidos.
¿Por qué no caminar en mis calzados
y hacer las paces contigo mismo,
y liberarte del puñal ardiente
que te dejaron clavado en la espalda
cientos de ignorantes que hace siglos
que se fueron, que no existen?
No te pido
que camines de mis manos,
solamente que camines tu camino.
Yo no quiero consumir
mis cortos años en lágrimas,
ni pagando tus castigos,
sólo quiero cerrar mis negros ojos
cada fría o cálida noche
y besar las mejillas de mis hijos.
solamente que camines tu camino.
Yo no quiero consumir
mis cortos años en lágrimas,
ni pagando tus castigos,
sólo quiero cerrar mis negros ojos
cada fría o cálida noche
y besar las mejillas de mis hijos.
Quizás no
nací para volar,
pero déjame por mis fuerzas descubrirlo,
no me encierres en las metálicas
limitantes jaulas en tus miles de castillos.
pero déjame por mis fuerzas descubrirlo,
no me encierres en las metálicas
limitantes jaulas en tus miles de castillos.
Quizás no
nací para reinar,
pero en mis cienes siento
el peso de las coronas de mis padres,
no me pidas doblegar mi linaje
ante las heridas de tus grillos.
¡Déjame!, que antes de tu ser
una cosquilla en el ombligo de tu origen,
ya caminaba, orgulloso y erguido,
como amo de mis días.
pero en mis cienes siento
el peso de las coronas de mis padres,
no me pidas doblegar mi linaje
ante las heridas de tus grillos.
¡Déjame!, que antes de tu ser
una cosquilla en el ombligo de tu origen,
ya caminaba, orgulloso y erguido,
como amo de mis días.
Yo no
quiero ser más que nadie,
solamente quiero ser libre….
Yo, con la herencia de los míos.
solamente quiero ser libre….
Yo, con la herencia de los míos.
Poema: La Mata de Mango
Por Juan Fernández
De mi inocencia perdida lo recuerdo todo,
memorias, como si fueran cuentos de hadas,
el caer de la lluvia serena en tu negro pelo,
el correr, los susurros, el toque del viento,
los discretos uniformes azules del desaire,
tu sonrisa de ángel, tu mirada, tus dientes.
De mi juventud optimista recuerdo tu cuello,
nuestras largas horas de respiros silentes,
un beso lento debajo del árbol de los secretos,
tus labios moceríos, carnosos, asustados,
los míos tratando de perpetuar el momento.
Con el tiempo, lánguidamente, llegaron los años,
y retornaban el millón de carcajadas discretas,
el viento en tu pelo, la luz celeste en tu cara,
una vida completa buscando entre frutas prohibidas
el recuerdo, casi olvidado, de las memorias guardas
debajo de la mata de mango de nuestro colegio.
Tú que sin querer te pierdes en el viento,
yo preso eterno de cada uno de tus recuerdos.
De mi inocencia perdida lo recuerdo todo,
memorias, como si fueran cuentos de hadas,
el caer de la lluvia serena en tu negro pelo,
el correr, los susurros, el toque del viento,
los discretos uniformes azules del desaire,
tu sonrisa de ángel, tu mirada, tus dientes.
De mi juventud optimista recuerdo tu cuello,
nuestras largas horas de respiros silentes,
un beso lento debajo del árbol de los secretos,
tus labios moceríos, carnosos, asustados,
los míos tratando de perpetuar el momento.
Con el tiempo, lánguidamente, llegaron los años,
y retornaban el millón de carcajadas discretas,
el viento en tu pelo, la luz celeste en tu cara,
una vida completa buscando entre frutas prohibidas
el recuerdo, casi olvidado, de las memorias guardas
debajo de la mata de mango de nuestro colegio.
Tú que sin querer te pierdes en el viento,
yo preso eterno de cada uno de tus recuerdos.
Poema: Versos del Olvido
Por Juan Fernández
Esta noche, aunque quisiera, no podré escribir los versos tristes que una vez te inspiraron a escribir, mi amigo. El amor no ronda en mi rocío.
No tiritan azules tus astros en mi triste cielo, se esconden cada día en las nubes grises del olvido de las mentes indolentes de ángeles del castigo.
Te confieso que he intentado quererla, y ella, estoy seguro, nunca quiso a cientos de los míos.
Esta ciudad, he intentado tenerla en mis brazos. Puedo seguir intentando escribir tristes versos, pero el afán me agita, y sus besos no me alivian.
He buscado sus ojos grandes, y si, esos los he percibido tantas marcadas veces, a veces en sus gritos, otras en sus palos en las costillas de mis vecinos. Puedo escribir versos tristes, pero si continuo puedo ser detenido.
Una noche más, aunque inmensa, pero sin castigos, hoy no ha caído ninguno abatido, las balas, de alguna forma, quedaron en el olvido.
Al final, creo que si puedo escribir tristes versos esta noche por los cientos de ángeles caídos en manos de guardianes azules del destino.
Siempre has tenido razón, mi amigo, nunca seremos los mismos, yo los quise, pero ellos nunca me quisieron a mi. Han sido muchas las muertes, pero eterna será la intensión de que no caigan en el olvido.
En largas noches tristes, como estas, muchas madres los han tenido en sus brazos, y sus almas, definitivamente, no se alegra de haberlos perdido.
Tu amada, amigo Neruda, mi país en duelo por sus hijos perdidos, puedo escribir los versos más tristes esta noche, para asegurarme que nunca nadie los olvide.
Esta noche, aunque quisiera, no podré escribir los versos tristes que una vez te inspiraron a escribir, mi amigo. El amor no ronda en mi rocío.
No tiritan azules tus astros en mi triste cielo, se esconden cada día en las nubes grises del olvido de las mentes indolentes de ángeles del castigo.
Te confieso que he intentado quererla, y ella, estoy seguro, nunca quiso a cientos de los míos.
Esta ciudad, he intentado tenerla en mis brazos. Puedo seguir intentando escribir tristes versos, pero el afán me agita, y sus besos no me alivian.
He buscado sus ojos grandes, y si, esos los he percibido tantas marcadas veces, a veces en sus gritos, otras en sus palos en las costillas de mis vecinos. Puedo escribir versos tristes, pero si continuo puedo ser detenido.
Una noche más, aunque inmensa, pero sin castigos, hoy no ha caído ninguno abatido, las balas, de alguna forma, quedaron en el olvido.
Al final, creo que si puedo escribir tristes versos esta noche por los cientos de ángeles caídos en manos de guardianes azules del destino.
Siempre has tenido razón, mi amigo, nunca seremos los mismos, yo los quise, pero ellos nunca me quisieron a mi. Han sido muchas las muertes, pero eterna será la intensión de que no caigan en el olvido.
En largas noches tristes, como estas, muchas madres los han tenido en sus brazos, y sus almas, definitivamente, no se alegra de haberlos perdido.
Tu amada, amigo Neruda, mi país en duelo por sus hijos perdidos, puedo escribir los versos más tristes esta noche, para asegurarme que nunca nadie los olvide.
Pensamiento: Sociedad Versus Asociación
Hoy, en la
mañana, mientras llegaba al trabajo, escuché a un locutor de radio decir: “no
es lo mismo *sociedad* que *asociación*, uno no escoge la sociedad donde nace,
pero si las asociaciones que hace”. Esta oración se ha quedado conmigo toda la
mañana, quemándome neuronas, y quiero compartir, contigo, lo que pienso.
La “RAE.es”
define una sociedad como: “el conjunto de personas, pueblos o naciones que
conviven bajo normas comunes”, mientras que una asociación (asociar) es: “unir
una persona a otra que colabore en el desempeño de algún cargo, comisión o
trabajo”. Todos juntos somos La Sociedad, pero nosotros escogemos a quienes nos
asociamos, es una decisión propia, nosotros elegimos por preferencia los entes
de nuestra sociedad con los que colaboramos.
En este
orden, creamos asociaciones que nos permiten operar bajo procederes afines. Sea
por preferencias sociales, sexuales, culturales, raciales, laborales…y cientos
de otras afinidades que nos permiten operar a gusto. Esta acción, sola, no
representa un riesgo para los demás con los que decidimos no asociarnos, el
conflicto social inicia cuando un determinado grupo de asociados determinan que
están por encima de los demás en la sociedad y se empeñan en rechazar a todos
los que no son como ellos.
Esto se
evidencia, marcadamente, en estos últimos meses, en la asociación más poderosa
de cualquier sociedad, los uniformados, específicamente la policía. Se podría
decir, que, en Estados Unidos, es un caso de “Ellos Contra Nosotros”, y no debe
llegar, nunca, a este punto en una sociedad compuesta de entes racionales. Lo
que nos falta es tolerancia y respeto.
Entiendo
que las armas no matan, las personas lo hacen, pero este ensayo no es sobre por
qué maltratamos, sino por qué no toleramos. Las asociaciones se han constituido
en grupos conflictivos. Nuestras diferencias, en vez de darnos la oportunidad
de aprender de nuestra diversidad, nos está llevando al borde del abismo social.
Allí, divididos, nos recogen uno por uno, como leña para el fuego.
Yo pido, imploro,
que nos detengamos por un momento, que somos entes de un sólo planeta, que no
existen razas, ni colores, que somos todos parte del arcoíris de la multiplicidad.
En el planeta sólo existe una raza…la raza humana. Nuestra sociedad necesita
que las asociaciones que formemos trabajen unidas para mejorar el planeta.
Eduquemos nuestros hijos, y a nosotros mismos, para asegurar que seamos el bien
que queremos ver.
La tolerancia
conduce a la paz.
Cuento: Tsunami
Por Juan Fernández
Nadie se preparó para la llegada del tsunami en el sur de la isla de Santo Domingo. Unas horas antes, desde las Islas Canarias, se había generado la ola marina más grande de la historia del planeta, fue creada por una explosión en una caldera volcánica submarina en la zona oeste del archipiélago. Desapareció del globo terráqueo toda la superficie habitable de las islas y el temblor se sintió en todo el mediterráneo. La nube de ceniza despacio encerraba el planeta. Se anticipaba que la ciudad de Nueva York quedaría inundada bajo más de 20 metros de mar.
Corría agosto del 2028 y la regidora del barrio La Playa, en Barahona, la energética comunicadora Kanaima, era la única voz de alarma para salvar la gente de su próspera y bella ciudad.
Varios de los funcionarios de la Perla del Sur fueron formados bajo la lupa escéptica de la Fundación JOBAL y las prácticas de educación de los dominicanos del exterior de la zona Enriquillo, asistidos por una comunidad superactiva de dominicanos ausentes, entregados al desarrollo de todo el país.
Este escepticismo le permitió a Kanaima ver más allá de lo que todos pensaban, siguiendo un protocolo creado en el 2021 por la directiva de la Fundación, Kanaima activó una videoconferencia con los demás regidores del área y todos hicieron caso omiso a las advertencias de ella. Su explicaciones, aunque eran avaladas por un concepto inteligente, eran estupidas para ellos, escuchaban más la prensa y lo que decía algún idiota en YouTube o Facebook.
El tsunami llevaba siete horas y treinta minutos corriendo en el Atlántico y las olas superaban los 40 metros cuando impactó las costas del norte de la isla. Kanaima podía anticipar que cuando pasara las islas y chocara contra las costas de Centro América y Sur América crearía una réplica en el Caribe que devastaría el sur del país en su retroceso, especialmente a la capital y el municipio más próspero de la última década, Santana Cruz de Barahona.
Cuando los homólogos se burlaban y los alcaldes estaban enfocados en asistir al norte de la isla, Kanaima le pidió a su alcalde, quien fue educado bajo la misma doctrina que ella, que le ayudará a crear un procedimiento para salvar a la gente buena de su sector. Juntos evaluaron la hipótesis y llamaron a dos miembros de la Fundación, al mentor de uno de los fundadores, José Fernando Gutierrez y a una ministra de educación que trabajaba en la ONU, Melania Suarez, la conversación sólo tardó unos minutos y la decisión de proceder con lo planteado por Kanaima fue aprobado y un plan puesto en práctica.
Pocos hicieron caso y la destrucción de Barahona fue total, la regidora Kanaima y centenas de miembros del proyecto juvenil de la Fundación pudieron salvarse retirándose a las mismas montañas que usó Enriquillo para huir de los españoles.
El joven alcalde, la regidora y casi todos miembros de la Fundación, entendiendo como trabajaba el procedimiento de comunicación que Kanaima había formulado para su municipio, sobrevivieron el tsunami. Físicamente la provincia desapareció y 90% de los habitantes de las áreas costeras murieron ahogados, los hoteles fueron arrastrados por el agua como si hubiesen sido construidos de papel.
Kanaima se sentó sobre una piedra en un acantilado, desde allí se podían ver las ruinas de la ciudad, sintió la mano firme de su amigo, el alcalde, quien con un level apretón que le decía gracias. Se paró y fue caminando por cada espacio que los sobreviviente habían habilitado para morar, muchos lloraban desconsolados, pero al ver los ojos brillantes de la regidora sentían que había esperanza.
Ella fue saludando a cada persona como si fueran familiares, los conocía por sus nombres, conocía sus historias, sabía que no podía llorar, ni decaer, pues en ella descansaba la fe y la posibilidad de un mañana.
Las ayudas de los países del primer mundo nunca llegaron, ellos también fueron devastados por el tsunami. Los Barahoneros del exterior, aun dentro del dolor de sus pérdidas, se concentraron en hacer todo por su provincia y en menos de un año Barahona era la única ciudad activa del Sur de la isla. La presidenta pidió al congreso mover varios ministerios a Santa Cruz y los demás a Santiago.
El alcalde y Kanaima habían activado el puerto marítimo y el aeropuerto, que era el único operacional en todo el país. Barahona retorno a la gloria del siglo anterior y todo por la visión de una joven que no desistió de creer que ella es la única que puede lograr el cambio que desea ver en su entorno.
En la gorra de trabajo, que Kanaima siempre usaba, se podía leer la frase con la que todos la conocían..."Barahona Soy Yo".
Poema: Arcoíris
Arcoíris
Juan Fernández
Ayer, unas horas antes de salir, por completo, el sol, cuando la noche es fría, dueña y señora de uno, cuando en el horizonte se puede ver un poco de gris, muy oscuro, escurriéndose, despacio, entre los profundos edificios, me di cuenta que el arcoíris y sus colores no existen.
Caía, castigando mi piel, un roció que enfriaba la noche. Cada gota que se escurría en mi cara me mostraba una belleza desconocida para mí, pequeños arcoíris de plata, bordeados de colores irreales. Extendí mi mano para tocarlos y entre mis dedos se desplegaban, como si fueran manantiales de luz.
Entendí que sólo existían porque yo los veía, que su luz sólo brillaba para mí, que sin emisión ni agua no existían los bellos arcoíris de los que tantos poetas escribían, entendí que cada arcoíris es único, que dos seres no pueden verlo igual, entonces, como si el roció se convirtiera en diluvio, entendí mi vida.
Pensé en cada universo, cada asteroide, cada luna y cada planeta que he tocado, en cada castillo que he construido, en los grandes, los pequeños, también los que he destruido, en cada callejón sin salida del que me he escapado, pensé en cada respiro, en cada palpitar, en cada momento que he dejado de vivir, pensé que somos como arcoíris, que nunca existimos, que no somos más que reflejos de la luz que emitimos, desplegadas en algunas gotas de la lluvia de las vidas que tocamos.
Entendí que aun siendo lluvia, no puedo ser arcoíris, que siendo agua, necesito de la luz para crear mis arcoíris, y que sólo puedo serlo si los demás me lo permiten. Todo tiene su propósito, todo tiene su porque, yo puedo volar entre las gotas del roció y cargar en mi espalda mi luz, mi agua y mis arcoíris.
Aspiro a que mis ideas se propaguen como luz, entre las gotas brillantes de las mentes de mis amigos, y que de ellos nazcan brillantes arcoíris.
¡Ven resplandece conmigo!
Juan Fernández
Ayer, unas horas antes de salir, por completo, el sol, cuando la noche es fría, dueña y señora de uno, cuando en el horizonte se puede ver un poco de gris, muy oscuro, escurriéndose, despacio, entre los profundos edificios, me di cuenta que el arcoíris y sus colores no existen.
Caía, castigando mi piel, un roció que enfriaba la noche. Cada gota que se escurría en mi cara me mostraba una belleza desconocida para mí, pequeños arcoíris de plata, bordeados de colores irreales. Extendí mi mano para tocarlos y entre mis dedos se desplegaban, como si fueran manantiales de luz.
Entendí que sólo existían porque yo los veía, que su luz sólo brillaba para mí, que sin emisión ni agua no existían los bellos arcoíris de los que tantos poetas escribían, entendí que cada arcoíris es único, que dos seres no pueden verlo igual, entonces, como si el roció se convirtiera en diluvio, entendí mi vida.
Pensé en cada universo, cada asteroide, cada luna y cada planeta que he tocado, en cada castillo que he construido, en los grandes, los pequeños, también los que he destruido, en cada callejón sin salida del que me he escapado, pensé en cada respiro, en cada palpitar, en cada momento que he dejado de vivir, pensé que somos como arcoíris, que nunca existimos, que no somos más que reflejos de la luz que emitimos, desplegadas en algunas gotas de la lluvia de las vidas que tocamos.
Entendí que aun siendo lluvia, no puedo ser arcoíris, que siendo agua, necesito de la luz para crear mis arcoíris, y que sólo puedo serlo si los demás me lo permiten. Todo tiene su propósito, todo tiene su porque, yo puedo volar entre las gotas del roció y cargar en mi espalda mi luz, mi agua y mis arcoíris.
Aspiro a que mis ideas se propaguen como luz, entre las gotas brillantes de las mentes de mis amigos, y que de ellos nazcan brillantes arcoíris.
¡Ven resplandece conmigo!
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