Cuento - Capcioso

Juan Fernández | Diciembre 16, 2016

Lisbeth se despertó temprano, llena de vida, como siempre, quería llegar a tiempo a la rueda de prensa que iba a sostener el alcalde electo del municipio de Cutupú, Don Aldo, la mañana del 16 de diciembre. Como estudiante de comunicación Lisbeth había conseguido un pase especial de prensa, estaba asignada a la 5ta fila, en la silla de la esquina a la derecha del pulpito.

Cuando Don Aldo entró al gran salón todos se pusieron de pies, duraron más de 10 minutos aplaudieron, algunas señoras lloraban de alegría, en el rostro de otros se veía la euforia de las metas cumplidas, el orgullo, el honor de haber logrado llevar a este pichón de emperador al poder.

El discurso de apertura del lisonjero no pudo ser más grotesco, apenas podía hablar entre los aplausos, obviamente pagados, algunos hasta gritaban “amén” y “aleluya” al final de cada una de sus promesas vacías, este acto parecía más una obra de teatro que una rueda de prensa. Cuando llegaron a la parte de las preguntas fue otro acto de la misma obra coreografiada. Hasta que el conductor cometió su único error;

- Si, la joven de Pueblo Viejo con la blusa de rayas. - dijo el conductor, arrepintiéndose, casi de inmediato.

- Gracias caballero, a Don Aldo también, por todo el tiempo que nos ha dedicado esta mañana, ¿Si su nuevo departamento de policía se dedica, como usted propone, a investigar a cada extranjero en nuestros campos, quien va a protegernos de los crímenes que se cometen, especialmente los cometidos por agentes de la policía, e abarca su investigación el estatus legal de todas las extranjeras que trabajan en sus casinos y prostíbulos?

La sala quedó en completo silencio, Don Aldo, que eres un hombre obeso y muy blanco, cambio a color rojo encendido. Se fue a parar para responderle, pero uno de los secuaces le recomendó que no, que se tomará su tiempo.

- ¿Cuál es su nombre mi amor? - preguntó Don Aldo aún molesto. Su mirada era fulminante, la prensa había creado un túnel invisible entre la joven y el nuevo alcalde electo.

- MI nombre, Don Aldo, no es “Mi amor”, es, más que nada, irrelevante, que le baste saber que soy de los Coste de Pueblo Viejo, del mismo campo de Pablo Coste, el hombre a quien usted le mandó a partir la cara. Responda mi pregunta, ¿es sólo a los haitianos, a los negros, que van a deportar, o van a deportar a las venezolanas ilegales que trabajan en sus negocios? - retó la joven.

Don Aldo se puso más furioso, su esposa era extrajera también, una modelo venezolana de una belleza espectacular, él sintió que la joven fresca se refería a su esposa cuando hablaba de prostitutas, como su esposa había hecho algunos desnudos en su carrera, todos pensaban que no era una mujer pulcra. 

- ¿Esto es una rueda de presa o un juicio? - interrumpió el conductor. - ¡Cuidado, tiene un arma!

Una vieja lanzó un grito como de ultra tumba y apuntó en dirección a la joven. Lisbeth recibió un fuerte golpe en la cabeza, de su mano cayó el celular que acababa de sacar del bolsillo trasero de su pantalón, la sangre corría de su cabeza y la multitud corría frenética.

A Don Aldo lo sacaron del lugar corriendo, protegido por varios agentes de su cuerpo se seguridad. En el pavimento quedó lánguido el cuerpo de la joven, la pierna izquierda le temblaba involuntariamente, el golpe en la cabeza que le propició un guardia con la culata de su carabina le partió el cráneo. 

Lisbeth Coste duró varios días en coma, cuando despertó a su izquierda estaba su primo Pablo, quien había regresado de Baní, a su lado Justina, él estaba llorando, cabizbajo, su cara aún negra del golpe en la cara que había recibido unos días atrás.

- Prima, ¿cómo se siente? - le preguntó Pablo agarrando su mano, con el mismo respeto que trataba a todos, Lisbeth tenía 21 años, Pablo 48, pero para él todo ser humano merecía la misma consideración. 

A la derecha de la cama estaba la nana de ambos, Annette, que había viajado desde Nueva York cuando oyó la noticia. Su cara negra estaba marcada por la angustia, parecía de cuero pulido, su mirada tierna se había endurecido, y el dolor tenía un nombre, Don Aldo. Al pie de la cama Lisbeth pudo ver a una de sus primitas llorando, Gabriela, en su mano llevaba un libro de Poesías que le regaló la nana, “Pensamientos desde El Exterior”.

- Nana Annette, primo Pablo, Justi, ¿Qué me pasó? Lo último que recuerdo es que saqué el celular para llamarte y un silbido agudo en los oídos. - dijo Lisbeth cerrando los ojos. – Escuché el ruido de las personas corriendo, ¿qué día es hoy?

- Prima, han pasado tres días desde la rueda de prensa. – Respondió Justina, aún con la cabeza baja. – Esto no se quedará así, si no detenemos a este patán, nos matará a todos.

- Paciencia, Justina, paciencia. Lisbeth, ahora lo primordial es tu recuperación, Maritza se encargará de tu cuidado, esta lucha aún no ha comenzado. Una amiga mía, la doctora Paula Marilyn, viajará de la Florida a tratar el cuidado de tu cráneo. Necesitamos que pasados estos días retornes a la universidad, no podemos permitir que pases un semestre fuera.

Para Pablo la educación era primordial, el futuro de Pueblo Viejo descansaba en las manos de aquellos que habían sacado el tiempo para prepararse. La esperanza de un cambio permanente llega con la inversión en la capacitación de las siguientes generaciones. Pablo tenía un plan, pero no para una confrontación sin sentido, sino para capitalizar en las debilidades de un hombre sin escrúpulos. Lisbeth había tocado una llaga, sus preguntas capciosas habían expuesto una falla en el rufián, Pablo quería aprovecharlas…pero no hoy.

- Prima, usted enfóquese en curarse, nosotros haremos nuestra parte. Justina, vámonos, tenemos mucho que hablar. – dijo Pablo, dejando el salón, le dio un beso en la frente a su prima, y un abrazo caluroso a su nana. Tomó el libro de poesías de las manos de la pequeña Gabriela y dijo;

- A ellos, los del exterior, los necesitamos también. – Pablo salió a paso firme y secó sus lágrimas, respiró profundo, afuera lo esperaba su madre y algunos de sus primos. – Mamá, busque a tía Annie, y tráigame a mi nana, esto no lo vamos a lograr solos. Mantenga la calma…estamos en navidad, sonrían, aunque tengan que fingir las sonrisas, que no nos vean decaer.

Pensamiento - Vivir o Morir

Juan Fernández | Diciembre 15, 2016
(Basado en hechos de la vida real)

Caminando bajo la nieve de un invierno impío, llevo columpiando mi alma en la cuerda floja de una sociedad dormida, ambicionando decidir entre dos polos disímiles, o mejor, simplemente me dejo caer y determino, yo mismo, mi propia suerte. 

Marcando cada paso, con detalles, para sobrevivir otro día, con precisión, para darme la oportunidad de luchar contra otro ocaso, jugando a equilibrar mi aliento entre la vida y la muerte.

En estas madrugadas frías, mi espíritu cuestiona el vacío de la nada y hoyo negro que consume el todo, si la salvación de mi comunidad está segura por gracia o por acción, si podemos predecir la paz de nuestros días, que creemos eternos, o socialmente continuamos durmiendo, soñando utopías de vida o muerte, pensando que mañana estaremos, casi seguro, mucho mejor. Dudando cada paso por no tener estrategias. Orando de rodillas a un dios perfecto sin poseer nuestros ideales, desconociendo lo que queremos, desperdiciando deseos, aniquilando ambiciones.

Flota mi esencia entre cadáveres sociales y difuntos arlequines, entes inertes que, porque respiran, creen estar vivos, carentes de una razón de ser, ignorantes de sus propios destinos, enemigos del orden y disciplina, seres que se flagelan cada día con sus lenguas litigiosas serpentinas.

Carece mi sociedad de un plan que les garantice la existencia; cero tácticas, todo reactivo, arrastramos cada día, despacito, nuestras propias silentes cadenas, con las mismas que nos esclavizan. 

Sangrando de los tobillos que curamos los domingos con alcohol y cervezas en una fiesta entre homólogos, casi enemigos. Cada eslabón enlazando nuestras historias muertas y nuestras vívidas pesadillas. Ciudadanos desechables, olvidados en almacenes, futuros indecisos, debatiendo en elecciones inútiles, decidiendo, con cada voto, entre vivir o morir.

Perdemos moléculas de sangre con cada deportación, con cada visa nos castigan, nos desintegramos entre juegos de azar y trabajos sin sentido, piñones reemplazables, bailando al son de una música tocada con cuerdas construidas con las arterias del sudor de las cadencias de nuestras propias costillas.

Marcamos almanaques perpetuos sin destinos, viviendo un día más o muriendo segundo a segundo, sin razón de ser, creando millares de excusas para permanecer dormidos. Educándonos en ciencias inventadas por nosotros mismo. Como magos, conjuramos ilusiones y disgustos. 

Mañana un poco más de lo mismo, otro día en una estéril secuencia eterna de horas trenzadas, convertidas en moños de desperdicios, peinados en salones de belleza donde nos pintan las caretas del descuido.

Nos deleitamos con jocosos videos o gráficas preciosas de buenos días, enviadas como diarrea de reacciones incoherentes, descargadas en celulares inteligentes, gastando las células grises de nuestros cerebros consumistas.

Dejándonos convencer que el último modelo de un aparato, que nos hace brutos, que carece de importancia, es una meta y una razón de existir. El capitalismo tiene un plan, nosotros fantasías.

"No todo está perdido", me dijo ayer un profesor, que cuento entre los míos, casi llorando, mientras discutíamos si el afán por despertamos valía la pena, si éramos soñadores o creadores de pesadillas, si podíamos escuchar la música de poetas de tiempos más gentiles, hoy casi perdidos, si aún se podía volar con Gardel y Silvio, y dejar que nuestro afán por estar vivo venciera nuestra propia y ardua tarea por morirnos.

"Somos autores de nuestros propios destinos", me dijo, citó a Juan Bosch, Bob Marley y Cervantes en un sólo movimiento de palabras danzarinas, puso el punto final con Bob Dylan.

Le respondí que no sabía, que sus años viejos eran más importantes y mis años nuevos más ignorantes, que necesitábamos de todos, aun de los más dormidos, aquellos que sólo son carne de cañón, los que consideramos perdidos, que cada uno de los entes de nuestra hermosa sociedad vale todo el sacrificio, y como Lot lo hizo por Sodoma, discutimos, entre locos, en Gomorra, en conteo regresivo por la vida, y casi nos convertimos en sal, los dos queríamos ver el final, y decidimos dar un paso al frente más, la cuerda floja tejida por la necesidad de ser creadores de nuestros propios destinos. 

"¿Vale la pena vivir o morir?", pregunté, y una niña, quizás tenía unos seis, caminó entre el profesor y yo, nos sonrió, le faltaban dos dientes, pero de su boca, les juro, nació un arcoíris, sus ojos fueron dos soles y su mirada fulminó mi respiro. Nos miramos y nos abrazamos, nos reímos, habían ya otros tres, nos despedimos entre amigos y el silencio marcó nuestro destino.

¡Si, decretamos (entre sonrisas), mejor vivimos!

Cuento - Mentir Fue Necesario

Juan Fernández | Diciembre 14, 2016

Mercedes llegó al aeropuerto en Nueva York sola y pérdida, no se imaginaba que la terminal fuera tan grande. Mientras caminada se enfocó en el sentimiento tibio que le causaba pensar en su amado, Eduardo, lamentó no verlo antes de partir, pero si no hubiese sido así no llega a tiempo.

Afuera la esperaba Claude, el hijo de Annette. la nana de su primo Pablo. Eran los seres más nobles que ella conocía, una familia ejemplar en cualquier país del mundo. Desde que Claude la vio le preguntó por su tía, Silvia, la esposa de su tío Jean Claude, el guachiman de las ruinas.

Mercedes pensó en contarle lo del ataque de epilepsia y la caída, pero pensó en el amor que le tenía el joven a su tía y decidió cambiar la historia. Claude era un joven muy delicado de salud, había nacido con un problema en el corazón y su tía lo había cuidado como a un hijo cuando a Annette le salieron los papeles para viajar. El amor entre ellos dos era legendario en todo Pueblo Viejo, y una de las razones por lo que todos habían aprendido sobre el amor familiar entre los haitianos.

Al montarse en el auto, Claude le pidió que se pusiera el cinturón, Mercedes pensó que no era normal, pues iba en el asiento trasero, pero Claude le explicó el riesgo que sería que fuera suelta y terminara convirtiéndose en un peligro para los demás si iba suelta.

- Mercedes, quiero presentarte una persona muy especial, se llama Amanda, es tu prima, y quiere ser economista, como tú. - dijo Claude en un español perfecto, pero con una mezcla de un acento francés e inglés a la vez.

Una jovencita hermosa le sonrió, en su cara pudo ver algunos rasgos muy familiares, se le acercó para darle un beso y entonces le vio su brazo izquierdo.

- Espera, tu eres la hija de mi primo Juan, el hijo de tía Annie, - dijo Mercedes, - tu papá y el mío eran mejores amigos cuando eran niños. ¿Qué te pasó en el brazo?

La pequeña llevaba una cura parecía una quemadura de tercer grado le quemó su bracito. Le contaron del incendio que había pasado y como Amanda había salvado la vida a muchos. Iban transitando por el "Van Wyck" cuando escucharon en la radio una noticia que dejó a Mercedes pasmada:

- Interrumpimos este programa para llevarles en vivo al lugar de los hechos, Gutiérrez, danos detalles. - dijo el locutor con una voz de un galán de novelas.

- Jim, tu vez, ¡por eso es que pasan las vainas! - Mercedes conocía esa voz, era José Gutiérrez, su cronista favorito, de Santiago, - la muerte a disparos que le propició la policía a un taxista y un mecánico en Baní, ha creado un enfrentamiento en ese pueblo, las injusticias no tienen límites. El alcalde de ese municipio es el primo hermano del nuevo alcalde de Pueblo Viejo, en La Vega, que se preparen nuestro vecinos de La Vega.

- José y dicen que todo ha sido organizado por dos jóvenes de allí, de Pueblo Viejo. - Afirmó el locutor.

Mercedes le pidió a Claude que detuviera el vehículo, la cabeza le daba vueltas, aunque ella votó por Hilaria para alcalde, Don Aldo había ganado y el futuro de su campo estaba en peligro, y ella a 1471 millas de su amado.

- Mercedes, lleguemos a mi casa, mamá me dijo que te llevara directo. - dijo Claude sin detenerse.

Mercedes sólo pensaba en sus primos, Pablo y Justina, de seguro que era ellos que se había ido a Baní. Justina le había dicho que iban a hacer algo, que lo de Don Aldo no podía agarrarlos sin estar preparados, pero no pensó nunca en esto. Su mirada se perdió en los rascacielos, el resto del viaje fue en completo silencio. Amanda se había movido al asiento de atrás, y después de ponerse el cinturón, se recostó del regalo de su prima.

Unos 30 minutos después, llegaron a Washington Heights. Annette la esperaba en el frente del edificio, abrigada de nariz a los pulgares, le contó que ahí, en la calle 135, había llegado la primera Coste que viajó a Nueva York, su tía Edita, la abuela de su primo Juan, pero que eso era parte de otra historia. Subieron a su apartamento y la sentó en la cocina. Claude y Amada siguieron con las maletas al cuarto donde viviría mientras estudiaba, era obvio que ya habían acordado todo.

- Licencia Mercedes María Coste Saviñón, debo iniciar diciéndole que estamos muy orgullosos de usted y sus logros, economista a los 22, magister a los 24, y ¿doctora a los 26? - dijo Annette con una sonrisa que le llenaba la boca,- estas son las últimas palabras que le hablo en español, a partir de mañana sólo inglés, el futuro de Pueblo Viejo depende de usted, el que estudia es el dueño del mundo. Usted puede vivir con nosotros sin pagar, ni un chile de palmita, mientras estudie. Don Aldo va a causar estragos, pero esperamos que personas como usted puedan enmendar lo que va a pasar en estos 4 años. ¡No nos falle!

Mercedes y Annette duraron horas en aquella cocina, en la mesa estaba el regalo que le guardó la nana, una colección de libros; Nietzsche, Descartes, Maquiavelo, Kant, Rousseau, Marx...El reto era leer 12 libros en el 2017, le explicó la nana. Sus temas eran interminables, Mercedes entendía porque la mamá de Pablo le confió la crianza de su hijo a aquella señora, era una líder a carta cabal. 

A las 3:00am Annette llevó a Mercedes a su cuarto, le agradeció el hecho de que no le dio detalles del accidente de su hermana a Claude, hubiese sido devastador, le explicó. Mercedes le dio un largo y cálido abrazo y le dijo al oído.

- Mentir fue necesario. - apagó la luz, cerró sus ojos y lloró. 

Cuento - Sedición

Juan Fernández | Diciembre 13, 2016

El martes 13 de diciembre empezó como todos los martes 13, lleno de bendiciones y, como una señal divina, en la capital todo estaba tranquilo. Muchos empezaron las celebraciones de navidad debajo de la hermosa Torre Eiffel, frente la plaza de la bandera, otros empezaron en una sala de hospital, producto de un lunes que ellos calificaron de “inolvidable”. Estúpidos, el alcohol no perdona pasatiempos.

Para Pablo la época era más sencilla, sus preocupaciones eran de otro orden. Mientras los demás enfocaban sus energías en celebrar, él pensaba en todas las vicisitudes y crujías de su campo, Pueblo Viejo. En el hecho de que habían escogido un alcalde nuevo, un empresario, una persona sin ningún historial político, el dueño de unos edificios y un casino en La Vega, Don Aldo Trucios.

Pablo llegó a la estación de La Metro a las 10:00 am, el próximo autobús salía a las 11:00 am hacía Santiago, de allí se iba en voladora hasta su campo. Siempre que viajaba a La Vega lo hacía por Santiago para ver a su amiga Sonia, quien trabajaba a unos pasos de la estación de llegada. En La Metro tenía la oportunidad de ponerse al día con los correos electrónicos del trabajo y en la voladora con todos los detalles del día a día de su pueblo.

A las 2:00pm, Pablo estaba entrando a la casa de sus padres, al lado de la capilla, frente a frente a la casa de su prima Justina. Le dio un beso en la frente a su mamá, y le entregó los coconotes que le pidió, a su padre le llevó una MamaJuana de Azua que le había encargado.

- Mi hijo, - dijo la madre, - usted cada día está más delgado, tenga cuidado que esa mujer no le esté cocinando su comida bien, usted sabe que esas mujeres profesionales no les gusta la cocina.

- Mamá, Pamela es de la capital, pero su papá es cibaeño, de Nagua, y su mamá, que en paz descanse, es de la frontera, familias de mucha honra, - respondió Pablo, – tenemos una señora que nos cocina, yo como bien mamá, pero usted sabe que tengo que cuidar la diabetes.

- Bueno, si tú lo dice, - respondió la madre dándole la vuelta para verlo y emitiendo su descontento con una mueca en la boca, - mire, sus primos quieren verlo, están todos en la casa de mi ahijada Justina.

- Está bien, creo que sé de qué se trata.  – Pablo dejando su mochila sobre el sillón de la sala, se dirigió hacia la casa de su prima.

Al entrar a la sala, Pablo se detuvo por un segundo, todos sus primos, de los 18 a los 40 años estaban sentados en la sala.

- Pablo, entra, te estábamos esperando – dijo la prima sin saludarlo.

- Sa…lu…dos, - dijo Pablo, pensando “¿En que lio me he metido?”

- Pablo, estamos preocupados, de nosotros tu eres el que sabe de política a nivel de gobierno, cómo te criaste en el Partido de la Liberación Dominicana, sabemos que tienes una base educativa en la materia, - dijo Justina, era, obviamente, la vocera del grupo. – Necesitamos tu ayuda. En unos días Don Aldo inicia su “reinado”, como dice el mismo, y creemos que los de Pueblo Viejo vamos a ser víctimas de excesos. 

- Pero, ¿ustedes porque creen eso? Don Aldo no tiene antecedentes que podamos evaluar. – Dijo Pablo como para enfriar un poco las cosas, en las caras de sus primos se podía ver una mezcla entre temor, ignorancia, preocupación y rabia. 

- Oh, pero, ¿tú tienes que esperar que te azoten para saber que lo pueden hacer? El tipo sonó el látigo dos o tres veces en campaña, – dijo Justina, – además, es el hecho de que es lo suficientemente loco para hacerlo.

- ¿Y qué tienen ustedes en mente? – dijo Pablo, enfatizando cada palabra, – parece que ustedes ya tienen un plan.

- Lo nuestro es sencillo, el 20 de enero Don Aldo toma posesión, y el 21, el día de la Altagracia, nosotros despertamos la conciencia de la gente. – Justina estaba de pies, los demás acertaban con la cabeza. – Y tú serás nuestro vocero. Necesitamos un discurso de esos que mueven la gente. Queremos que renuncie antes que inicie sus atropellos, o, por lo menos, que sepa que no vamos a aguantar maltratos, prometió deportar todos los haitianos, el problema no es él, el problema son los secuaces, los policías, los guardias, los de la frontera. ¿Tú te imaginas lo que van a pasar los haitianos respetuosos, trabajadores, honestos que viven en nuestro pueblo?

Pablo pensó en Jean Claude, su amigo de infancia, en su bella esposa, en su nana, que se había ido a Nueva York, pero que viajaba regularmente.

- Si Don Aldo es un hombre de palabra, como dice el mismo, entonces va a cumplir con sus promesas de campaña, - dijo la prima levantando el puño, - y no podemos permitirlo. ¿es que vamos a consentir que nos arrastre a los años de las cavernas de la democracia?

- Primos, no podemos llegar al punto de la sedición, tenemos que tratar de actuar dentro del marco de la ley, tenemos que iniciar un proceso de adaptación y aprendizaje, ya Don Aldo es una realidad de nuestro pueblo, y vamos… - dijo Pablo, cuando como una tormenta entraron un grupo de policías y guardias por la puerta delantera y la del patio.

- Que no se mueva nadie, coño, que ya sabemos en lo que ustedes están, - dijo un policía mientras le daba un bastonazo a Pablo en las costillas, - tu vienes de caquito caliente de la capital a armar líos aquí y no lo voy a permitir. El nuevo jefe nos dio instrucciones claras, no vamos a tolerar esta mierda aquí. ¡No ha empezado su mandato y ya tu vienes a cagar la vaina!

Pablo quedó tirado en el piso, los primos estaban asombrados, mientras estaba en el suelo, uno de los guardias le dio una patada en la cara.

- Ese es un regalito de Don Aldo, - le susurró el guardia mientras le ayuda a levantarse. La sangre le corría de la nariz partida. – Eso es sin hacer nada, ya tu sabe lo que te espera si pasa algo.

Pablo levantó la mirada, la cabeza le daba vueltas, al mirar hacia atrás, mientras los policías lo arrastraban para sacarlo de la casa, vio que su prima Justina, tenía un cuchillo en la mano derecha, dio un paso y Pablo la detuvo con la mirada y un gesto leve de negación con la cabeza. Ella escondió el arma, y dio dos pasos atrás.

Cuando Justina se acercó a la ventana del carro de la policía donde lo llevaban detenido, Pablo le dijo una frase que enfrió sus venas;

- Reza por mí el día de la Altagracia, prepara una misa a las 10:00am. Cuando la autoridad no es justa, la sedición es la única respuesta lógica.

Justina se quedó frisada en la mitad de la vieja carretera, las lágrimas no dejaban de correr por su cara. La madre de Pablo la agarró por un brazo y le dijo;

- Mire, cállese, seque sus lágrimas y déjese de pendejadas, lléveme a la jefatura a buscar a mi muchacho. No se me vuelva un etcétera que en esta familia las mujeres tenemos los ovarios bien puestos.

Justina tragó en seco, en ese preciso momento entendió, perfectamente, porque Pablo era el líder de su generación, secó sus lágrimas y respiró profundo, apretó los puños y junto a su madrina, salió a buscar a su primo. 

Pensó;

- Este es sólo el principio…

Pensamiento - Lágrimas Heladas

Juan Fernández | Diciembre 12, 2016

Germina la primavera entre expresiones grotescas e insectos, saltando libres y castos entre capullos de flores indiferentes, sin contemplar las equivocaciones de miles de inocentes, que buscan exterminar tus delicadas y gentiles ofrendas.

Nadan en veranos tibios y turbios, de lagunas y ríos sin vida, como viajes irregulares, serenos, de incomodas golondrinas. Pensamientos podridos que sólo culminan en quimeras, inclinaciones mentales que sólo engendran condenas.

Palpitan las hojas secas de los otoños que no se olvidan, tallos secos y viejos de árboles sin esperanzas, ni honra, raíces sin razones de ser, enterradas por error en tierra fértil, como telaraña que atrapa parásitos y entes anómalos.

Se han quedado inertes e indolentes mis sollozos, pasmados, en un invierno extinto de sentimientos atónitos e inútiles, colgando en una bota pegada de una chimenea de hielo, tratando de descubrir si de la nada puede arder el fuego.

No puedo ser político de distintas estaciones, incoherente, soy la cepa de una floresta aborigen de un idealismo nuevo, el néctar de flores que aún no hemos dejado que florezcan, exterminio de muertos, votos infalibles en urnas de conciencia.

Soy presente, pasado y futuro, soy dueño de mis acciones, amo absoluto de mis decisiones, entregado a mis convicciones. Soy la descendencia nueva de una sociedad de inocentes, en mi descansa la honra, el trabajo, el bien y el mal, el castigo.

Despierta, tus lagrimas heladas no son excusas para la inconsciencia.

Poema - Te Sigo Amando

Juan Fernández | Diciembre 11, 2016

Te sigo amando, reconcomio alegre,
como se aprecia un abrazo cálido
en las madrugadas más frías,
desconociendo los límites del todo,
con la simpleza pavorosa de la nada,
juzgando una vida de momentos eternos.

Te sigo amando, amor, arduamente,
con la ternura inocente de un niño,
como las rosas cultivan sus espinas,
por necesidad de vivir sin prejuicios,
por amar simplemente sin prohibiciones,
con la libertad que otorga la paz.

Te sigo amando, detenidamente, mi ser,
porque eres savia, que sabes colmar
el tallo de mi árbol con tus encantos,
porque sin tus hechizos endiablados,
amar pierde razón de ser, pierde sentido.

Te sigo amando, absolutamente, bondad,
porque mis sentimientos más profundos
han aprendido a correr tras el sabor embriagador
de cada uno de tus más escuetos besos.

Te sigo amando, simplemente porque respiro.





Cuento - Llegaste Tarde

Juan Fernández | Diciembre 10, 2016

Cuando Eduardo llegó al Nueve, las voladoras de “Moca por Dentro” ya estaban llenas. En la primera trataron de acomodarlo, pero fue imposible, en la segunda le ofreció pagarle el pasaje a una señora, si ella esperaba la próxima, y no pudo convencerla. Era un día especial para Eduardo, pero ni todos los dioses del Olimpo, ni todos los Ángeles del firmamento podían llevarlo a Pueblo Viejo a tiempo para poder cumplir con su compromiso.

Cuando estaban a punto de salir, como si Dios mismo hubiese escuchado sus oraciones, la señora lo llamó desde la ventanilla y le pidió $500 pesos para darle el asiento, con mucho dolor tomó un gran respiro y se los pagó, el viaje valía un millón. Diez minutos más tarde Eduardo iba sentado en el asiento del frente de la voladora que lo llevaría a la gloria.

A su lado iba una joven haitiana con una herida en la cabeza, parecía reciente y dolorosa, cuando pasaron por el Abanico del cruce de Constanza, ya le había contado la historia, eres la esposa del vigilante de la Ruinas, tenían años viviendo en Pueblo Viejo, Eduardo conocía al vigilante, un hombre de mucho respeto y un alma de Dios, ambos. 

El resto del viaje pasó sin pena ni gloria, algún chistoso decía algo, pero al final el chofer le explicó;

- Es el WIFI que lo tiene callados, mire para atrás y se dará cuenta que no son pasajeros, son “zombies” cibernéticos, esclavos de los celulares, en esta voladora, antes, se podían escuchar las mejores conversaciones, los mejores chistes, es más, he escuchado aquí poemas que pueden competir con Neruda y Mir. – dijo el chofer, mientras se acomodaba la gorra.

Eduardo contaba con eso, con la tranquilidad, hoy, 10 de diciembre iba a dar un paso enorme en su vida, y lo último que necesitaba era un chofer distraído o un tipo celoso peleando con una mujer, o algo que pudiera interrumpir su viaje.  Hoy tenía que llegar a tiempo y decir las cuatro palabras más importantes de su vida.

Cuando la voladora dobló a la derecha para entrar a la vieja carretera, el corazón se le detuvo, el tráfico estaba completamente detenido. El chofer sacó la cabeza para preguntarle a un policía que estaba pasando, y la respuesta dejo a Eduardo frío;

- Mire, lo voy a dejar pasar, pero quiero que me cierre las cortinas de la guagua, y los niños y personas delicadas deben bajar la cabeza, nadie puede ver para afuera…abra la puerta para yo entrar y cruzarlo hasta Pueblo Viejo, nadie puede abrir nada. – el policía medía más de 1.80 metros, y su uniforme parecía brillar. Cuando entró a la voladora, mandó a sentar al piche, se sentó en el suelo asustado. 

- Arranque y no me pase de 5 a 6 kilómetros de velocidad, los de adelante, cierren los ojos, coño. – La voz del policía parecía un trueno y el silencio sacó fuerza y se empoderó de todos.

Eduardo no pudo evitar ver, la carretera parecía un campo de batalla, con teipi blanco habían marcado lo que parecían cuerpos y extremidades humanas, así como en las películas, en las posiciones que habían muerto, el marco que más le impresiono fue el que estaba encima de la virgen, sin cabeza. El chofer iba temblando.

- Comando, ¿y qué fue lo que pasó aquí? – dijo el chofer sin mover la cabeza.

- Cállese y siga, y no me levanten la cabeza los de aquí atrás. – dijo el policía molesto.

Limpiar la sangre del accidente de unos días atrás, había sido un imposible, todos pedían un poco de lluvia, pero como había llovido tanto en las últimas semanas, en el Cibao, se habían secado las nubes. Eduardo, por fin, llegó a su destino, pero pasar los 7 kilómetros de carretera había tomado más de una hora, y la razón de largo viaje, se había ido, lamentablemente, Eduardo llegó tarde.

- No Eduardo, lamentamos decirte que Mercedes se fue ahora mismo para el aeropuerto, con lo del accidente en la carretera, el tráfico ha sido un desastre y no podíamos arriesgarnos que la dejara el avión. – le dijo la hermana.
- Gracias, ¿y la doña está?, le traje un dulce de los que a ella le gustan, y la canquiña que le prometí le traería. – Eduardo se sentía triste, pero su corazón se iluminó cuando vio a la madre.
- Mi hijo, se te fue la muchacha, ella esperó lo más que pudo, pero llegaste tarde. – le dijo mientras se secaba la mano con el delantal y le daba un abrazo, – esa muchacha está enamorada de usted. Mire que ella me dijo que no le dijera nada, pero usted es un joven serio, y de buena familia, los Costes han sido muy buenos con nosotros, desde los tiempo de Billín y después Serafín. Coja y lea esto que ella le dejó.

Eduardo extendió su mano y tomó la carta, la abrió delante de la señora, quien le dijo que se sentara. La hermanita se le sentó al lado, pero la mamá la levantó por una oreja y se la llevó. 

“Estimado amigo, 
Has sido una inspiración en estos últimos meses. Si estás leyendo esta cara, llegaste tarde, pero no llegaste tarde a mi vida, ahí llegaste justo a tiempo. Eres todo lo que buscaba; un caballero y tu delicadeza para manejar tus sentimientos ha sido ejemplar. Aun cuando te había dicho que nunca pasaría nada entre nosotros, que ni gastaras tu tiempo, permaneciste firme, sin presionar. Te has convertido en amigo, y ahora que te conozco, no puedo negarte que fue un error no salir contigo. 
Esta maestría sólo dura un año, y cuando regrese…¡Prepárate! 
Tu…bueno eso veremos. 
Mercedes”

Cerró la carta, se la colocó en el pecho, y cuando subió la cabeza se encontró con la mirada de la hermana, quien decía que si con la cabeza, dejándole saber que ellos sabían, todos, como Mercedes se sentía. Se despidió de todos, y se fue caminado solo por la vieja carretera, pensó en las largas e interminables horas que gastó frente al espejo lo que le iba a decir a su amor desde que la viera;

“¿Quieres ser mi novia?” - Simple y directo.

Llegó tarde para escuchar la respuesta, pero las almas hablan el lenguaje silente del amor, y allí, donde nacen los sentimientos, las palabras, muchas veces, sobran.

La luna lo acompañó el resto del camino y sus pasos dejaron el suelo, sus alas se desplegaron…y voló.

Poema - Música en Estupor

Juan Fernández | Diciembre 9, 2016

Cada nota métrica de la música de tus carnosos labios, me aniquila, como la obertura de una opereta de suspiros. Me conservas, casi inerte, el corazón, que rara vez palpita en tu presencia, como las estrofas del aturdimiento de cada uno de tus respiros de sonata. Así, como un solfeo, me levita y me lleva al orden de tus pechos.

Soy esclavo de tus pupilas divagantes, perdidas entre las plumas de un espasmo, naboría del tempo más ardientes de tus pensamientos, flotando en el trémulo de cada uno de tus orgasmos, como bemoles del piano de nuestras vidas, en las teclas de la melodía de tus notas fragmentadas sostenidas entre las cadencias del arpa de tus senos y la armonía que concentras en tus piernas.

Mantienes mi juicio en embotamiento, y me robas con tu canto la conciencia, soy el acorde que se pierde en tu guitarra, y la llama que se enciende entre tus cuerdas. Has oído mis lamentos en a cappella, y mis risas más recónditas en barítono, en unísono, eres música que se duerme en mi estupor y me despojas con el arco de tu vientre cada gota de clave de mi arpegio.

Dotada Remanente de Milagros, Facultada de Sol, Laurel de mis conquistas, Si, mi alma y mi espíritu eres en crescendo, la música interminable del universo de instrumentos que no existen. Eres luz y el brillo de mis días….tu amor en concierto de sentimiento.

Poema - Acta de Divorcio

Juan Fernández | Diciembre 8, 2016







Existen nubes grises y apagadas que nos queman,
llamas frías que consuelan los ánimos perdidos,
eslabones interminables de cadenas y condenas
sentenciadas por magistrados apáticos del descuido.

Lo que una vez fueron jazmines y pétalos de rosas,
sólo quedan las espinas, como dagas, sin pasiones,
tripas de los intestinos de la soledad y la indolencia,
instantes alegres caducados por la esencia de la vida.

Colores que paulatinamente pierden sus matices,
filtros en un mundo digital que carece de sentido,
fotografías de memorias que nunca se revelaran,
cámaras negras en el universo de una tempestad.

Espacios y palabras claustrofóbicamente disolutas,
que consumen el oxígeno del ataúd de los anhelos,
momentos inolvidables de crónicas que no nacieron,
senderos jamás construidos, adoquines del castigo.

Dos firmas que sellan el destino, un corazón dividido.

Cuento - Reencuentro con el Primer Amor

Juan Fernández | Diciembre 7, 2016

Pasaban las 10:00pm cuando Ruth recibió el único mensaje de texto de su esposo en todo el día, hoy, miércoles diciembre 7 era su cumpleaños, y, como casi todos los días, se sentía sola.

“Felicidades, te veo mañana, mucho trabajo fuerte, cómprate algo que no pase de $1000 pesos.”

Ruth llevaba 20 años casada con Fabián, vivían en Pueblo Viejo, en La Vega, a unos pasos de las ruinas, le habían comprado un solar a los Malares y construyeron una casita, allí procrearon sus dos hijas. En los últimos siete años, después que Fabián empezó a trabajar para el BHD-León viajaba cada dos o tres días semanales, se quedaba y con los años simplemente no prestaba atención a su descuido.

Pensó que los rumores de las chismosas del pueblo no podían sacarla de su eje, sabía que Fabián era un excelente padre, y que no le era infiel, si fuera verdad que tenía otra familia en la Capital, se lo hubiese confesado, negaría cualquier cosa, pero no un hijo.

El horrible timbre de los mensajes de su celular la sacó del trance, leyó el mensaje, y como todos los años, de un número desconocido, le llegó un texto:

“Felicidades Ruth Angelina Coste Salazar. El tiempo no podrá, nunca, apagar el fuego del amor de primera vez, para lograrlo, tendría que detener las olas, dejar de crecer las flores, secar los rocíos. Para dejar de amarte, tendría que dejar de girar la luna, o calendar el sol, espero que hayas tenido el día maravilloso que yo pedí para ti, como todos los días. Bendiciones, siempre serás mi reina y yo siempre viviré esperando el día que pueda ser tu esclavo. – Yo”

Ruth sabía que era alguien de su colegio, nadie sabía su nombre completo, y mucho menos el de soltera. Cada año le llegaba un mensaje como este, la llenaba de ilusiones. Cerró sus ojos, respiró profundo, pensó en su primer amor y lo bello que se sintieron aquellos besos, aquellas caricias, aquel primer encuentro en el parque de Las trinitarias, y la noche eterna que vivió en Jarabacoa aquella semana santa. Pensó en contactarlo para ver si era él, le temblaban las manos, “tenía que ser él”, pensó. 

Caminó despacio por la casa vacía, las niñas se habían ido a estudiar al extranjero, tocó con sus dedos cada mueble frío, cada jarrón inerte, cada cuadro sin vida. Pensó en los 20 años con Fabián, en el compromiso de su matrimonio, en sus responsabilidades, en su honra, en su pudor. Borró el mensaje, aun sintiendo el calor por todo el cuerpo del recuerdo.

- Quizás el año próximo, le respondo el mensaje, por el momento no habrá reencuentros con este primer amor misterioso. – Respiró profundo, lloró, sola y se durmió.