Los Momentos Que Dejamos


Somos las memorias que perdemos, caminando entre hojas secas de un otoño, copos de un invierno en medio de tormentas tropicales. Vamos muriendo poco a poco en cascadas de crónicas que dejamos entre renglones. Iniciamos caminos que se desvanecen en la nada, dejando migajas que se malgastan y nos perdemos recorriendo en círculos de historias que contamos. Somos honrados por leyendas del pasado.

En los millares de calzadas que la vida me ha trazado, como líneas de mapas de una metrópolis de carreteras entreveradas, nace siempre, en cada una, la esperanza de encontrar una vía de claveles de cristales, pavimentada en laureles, con un destino deliberadamente despejado, y se nos prenden las luces que una vez apagamos, y se nos marcan las sendas con un millón de señales, tomamos un paso, nos olvidamos del pasado.

Cada paso que damos nos afirma el sendero, y vamos trenzando sueños, con los hilos de nuestros gusanos de seda. Caminamos con nuestro fardel de esperanzas al costado, con calzados construido de anhelos y abrazos. Nos increpamos por cada paso que no damos, y perdemos el ritmo que nos lleva a nuestro destino, y miramos atrás, culpando los pasos que no dimos en nuestros caminos del pasado.

Diseña nuevas rutas, que nadie haya andado, no te pierdas en las calles que marchaste y has olvidado, dibuja nuevos mapas en las hojas blancas del diario secreto de la academia de tu vida. Se maestro y señor de tu propio destino y camina por las calles empedradas que construyes con los adoquines desnudos de las experiencias de tu pretérito, repletos de heridas curadas del pasado.

No te detengas caminante, calza zapatos nuevos, que tu viaje no ha empezado.




Compromiso Social


En el fragmento más bajo del viaducto del bar nocturno de tu vida, entre las sombras más tétricas, donde las aguas salinas se mezclan con la miel dulce y cristalina, donde los peces no tienen sentidos y nadan en peceras de Moët y vino tinto, sin escamas, las sirenas cantando aleluyas acompañadas de arpas y violines, las ranas nacen en barriles de whiskey con los intestinos repletos de lombrices. Ahí, tus ojos pueden verlo todo.

A unas pulgadas de las columnas de soporte del puente de ilusiones que te regalan, construido por delfines y ballenas asesinas, donde por hablar se te pudren los dientes y tus sueños son tejidos en hilos de parásitos, donde tus huellas y tu futuro se desvanecen entre juegos de azar, barajas, bailes y nicotina, donde las sonrisas son pagadas con la nómina de tu sangre extraídas por agujas repletas de heroína, donde te venden el amor, los besos y hasta los hijos, al por mayor o detalle. Ahí, tus oídos pueden oírlo todo.

Donde te dijeron que nacían los sueños de todos en el universo, burbujeando en una copa de champagne, donde los arcoíris paren palomitas de maíz y semillas revestidas de chocolate y azúcar, donde las fantasías se dibujan en discotecas de cristal, empañadas por el polvo de alguna planta mística y recóndita, directamente importada del sur, debajo del árbol de las peras de plata, donde duermen las gallinas de los huevos de oro. Ahí, tu nariz puede olerlo todo.

Donde palpita tu cerebro, consumiendo células grises por millar, y tu corazón discurre planes y proyectos, donde logras arar el cielo, y de las nubes te crecen hortalizas, que comes con tu familia, que no existe. Miras hacia abajo, buscando en la tierra un Dios que no entiendes, cortado de revistas de modelos de otros mundos, y te pierdes en las lluvias que te caen de las piedras y el asfalto de un camino vecinal. Ahí, tu piel puede sentirlo todo.

Esta noche, donde estés durmiendo, donde este mundo te permita posar la cabeza, rentándote los barrotes del vagón de un tren descarrilado, después que te azoten la espalda y perfores la tarjeta de salida, por la que vendes tus suspiros, cuando la piel sangrienta se pegue de la tela de la blusa de tu espanto, cuando tus sentidos puedan absorberlo todo y la razón tome conciencia, cuando despiertes y notes que no eres más que un engranaje poco engrasado de un aparato infernal que te vendieron como el paraíso terrenal. 

Entonces, levanta tu cabeza y sonríe, viste tu mejor disfraz, arlequín, píntate la sonrisa que desean todos ver y baila en círculos interminables en las cajas de músicas de los amos de tus expresiones, eleva la frente al cielo y desnuda tu saber, busca en los dólares, que imaginas podrás recoger en las calzadas, alegría, pan y vino, ponte la soga al cuello, y párate en la silla de la destrucción de tu cultura y tus sueños de niña. Tómate una “selfie” más con el celular de tus pesadillas e invade las redes con la magia de tu risa perfectamente tatuada. Ahí, al fin, eres una diva.

Cumple con el rol que te escribieron en el guion de tu vida, como cualquier bufón de la corte del rey de tus opresiones, se feliz y sueña con los angelitos del infierno de tus últimos días.

¡Felicidades eres una Estrella Social!

Las Espinas Dorsales (parte 2)

Juan Fernández

Las espinas dorsales tienen dos razones de ser; una, mantener el cuerpo erecto cuando necesitamos caminar con la frente en alto, la segunda, y quizás la más importante, cuando necesitamos eliminar los temores, cuando la vida nos cuestiona, cuando necesitamos enfrentar nuestros miedos, cuando necesitamos asegurar que nuestros pasos sean firmes. Eso lo determinamos nosotros.

Es posible que científicamente alguien lo defina con más raciocinio, con mejores palabras entre buscadas, de diccionarios desconocidos, pero esto no tiene nada que ver con la ciencia. Desde ese punto de vista todos tenemos una columna vertebral, pero pocos han creado las condiciones para asegurase que esas vertebras no se conviertan en obstáculos y la rigidez termine matándolos. Eso lo determinamos nosotros.

Treinta y tres pequeños discos que dictan el momento perfecto para transformarnos en seres con sentido. Hace millones de años que dejamos de ser moluscos de algún lago, y echamos patas, algunos dirán que fuimos creados así, seres casi perfectos, hace sólo seis mil años. Quizás la naturaleza nos obligue a arrastrarnos, algunas veces, en otras nos dará la oportunidad de ser dioses, y sacar una espina dorsal de donde muchos pensaban que no teníamos nada. Eso lo determinamos nosotros.

En los meses por venir, aquí en la tierra de las oportunidades, tendremos la oportunidad de separarnos de los invertebrados, podremos escoger ser gusanos, comer de nuestra propia tierra, o podremos ser águilas, tendremos la oportunidad de echar una columna y volar. Eso lo determinamos nosotros.

Tienes todo lo que necesitas para poder hacer lo que quieras, solo tienes que entender que el mundo es de aquellos que se sienten dueños de si mismos y aceptan la realidad de lo que viven. Tu decides. Eso lo determinamos nosotros.

Te veré la próxima vez que pase por tu nube.

Pensamiento - Te Veré Partir


Sentado, me siento sólo, en el horizonte gris de un velero de mástiles de conciencia. A estribor veinte años de estudios, a babor una vida de instrucciones que sólo puede brindar una aldea de reyes y reinas. Sangre roja revestida de matices de azules del acero de mis costumbres y mi herencia. La proa repleta de metas, detalles de proyectos para cada tempestad por venir. 

Un año más que se nos va, un latido en el tiempo del planeta, nos gastamos respiro a respiro, no somos más que moléculas de polvo buscando su lugar en un cosmos de estrellas. Dioses de nuestros propios universos, creadores de galaxias y constelaciones eternas e imperfectas.

En unas horas amanecerá otro día, otro segundo en una estela de minutos que se queman con los retos. Espero que cuando me saquen cuenta por los regalos de la vida, yo pueda explicar lo que hice con los minutos que han pasado y los que me quedan. Quiero ser merecedor de la cosecha.

Las olas de un nuevo año se acercan, conmovidas por una tormenta, y mi barco me sonríe, las velas de mi alma cien por ciento dispuestas. 

En unas horas una bola en la ciudad que no duerme le dirá al mundo que es año nuevo, espero haberme ganado uno más por la forma que viví el viejo.

¡Gracias 2016 por los bellos recuerdos!

Pensamiento - Te Fuiste Amigo

Juan Fernández 

Cada segundo es un amigo que se pierde en momentos disipados. Sostenemos el aliento tratando de detener el tiempo y quedamos grotescamente desmembrados en ridículo, los minutos malgastados por el viento de actos que se pierden en nuestros pensamientos preñados de fetos inertes.

Cada hora que dejamos que camine sola por los caminos recónditos de nuestros pueblos fantasmas de nuestras mentes ambulantes, no son más que lémures, temerosas de sus propias sombras, que caen inconscientes por el precipicio perpetuos de nuestras alucinaciones. Ciclos de lo mismo, ruedas que giran entre ruedas, que se pierden en el infinito.

Cada día que pasa va dejando su marca, pies de seda que dejan huellas en nuestras espaldas de arena, fósiles de intenciones que se quedan olvidadas en el manto eterno de la época de momento. Ideas que nunca nacen, tareas que no se hacen, proyectos que no germinan, programas que cavan sus propias tumbas, sistemas que se quedan flotando en las nubes de cielos que no existen.

Otro año que, como un manantial de pesadillas, se queda en las sábanas de nuestros delirios, cincuenta y dos semanas de vacaciones mentales, completamente improductivas, doce meses escalando montañas de enormes inquietudes, un segundo más que se pierden y como el humo se disipa. El tiempo es una constante que no duerme.

Te fuiste viejo amigo. Gracias por tus recuerdos.

El 2016 fue un año increíble en un calendario de incrédulos. El 2017 promete más, está en ti que no sea lo mismo.

¡Felicidades!

Pensamiento - Muerte Inesperada

Juan Fernández | Diciembre 21, 2016

Un impulso mal medido hacia un vacío de pánicos y horrores, desde un precipicio angosto, el abismo más alto y riesgoso, igual que nadar en las aguas turbias y profundas de un espanto, divagar en el silencio de un lecho de desechos calados, sin medidas y sin fondo, como un sol que no brilla, abandonando totalmente el delirio súbito de vivir y hacer nuestra propia marca.

Nos pasamos la vida planeando cada paso, como si fuéramos dueños de algo, esperamos controlar el todo y simplemente no somos más que un puñado de elementos químicos que no sirven para nada. Bolsas de piel repletas de estiércol y huesos, movidas por un músculo involuntario, repleto de ventrículos y miedos, parecemos un arcoíris de emociones; una sangre roja que nos une, soñamos, una materia gris que apenas usamos, una carga de melanina azabache que cualquier incoherente usa para juzgarnos. Caminamos con cadenas en las manos.

Circulamos melancólicos debajo de una lluvia de conmociones, arrastrando nuestras botas en cada charco, metiendo nuestros pies en el fango creado por otros y por nosotros, sin saber, nos envenenamos con nuestra propia toxina y después queremos juzgar nuestra muerte de insospechada. Cavamos nuestras propias fosas, en búsqueda de metas ilusas, que no existen. Nos convertimos en nuestros propios verdugos, o peor, escogemos los postores menos oportunos para que nos pasen sentencias.

Somos peritos en construir nuestras propias muertes espontáneas, jugamos el papel que otros escriben para el teatro de la obra de nuestras propias caídas, martirizamos a todos los que tocamos y crucificamos a cada ente vinculado directamente a nuestro propio sosiego, arrastramos sus cadáveres por décadas, y nos sofocan sus respiros. Nos vamos convirtiendo en máquinas reproductoras de canciones de quebrantos y quejas. Nos sentamos cada día a escuchar el disco rayado de la vida monótona de nuestros camaradas escogidos.

El reto es simple, vive una vida con metas y objetivos, o resígnate a morir en vida, impeliendo una muerte que con el tiempo llamaras imprevista, toda una farsa, tu muerte será premeditada, simplemente tu entierro será un poco más tarde. Tus aliados, igual de extintos, te mantendrán en vida, conectado a un artefacto artificial, consumiendo licor, música y sexo sin sentido. Creerás que tienes derechos, igual que los demás vivos, cuando no vales ni la masa cúbica que ocupan tus células en el planeta.

Quizás mi escrito te parezca exagerado e insólito, no estoy seguro que no lo sea, para mi ese juicio lo pasas tú, pero yo estoy tratando de entender si estoy vivo. Al final, tú eres el dueño de lo que tú crees que es vida…tenga yo la razón o no. Sueña, piensa, planifica, ejecuta y vive, que la otra opción es hacer a todos creer que tu muerte fue lenta, oportuna e inesperada. 

¡Mentira!

Cuento de Navidad 2016


La mañana del 24 de diciembre inició extraña para Martin y sus hermanos, Alberto, Henry y Checo. Tenían dos días sin dormir, la venta de los puercos había sido un éxito. Los cuatro guerreros tainos del siglo 21 se pasaron el tiempo en mucho trabajo y tomando Brugal Leyenda, un regalo de sus amigas, Sonia y Lilliam.

Durante las largas horas del 23 se rieron más que nunca, entre picar puerco, comerse unas carnitas y videos para los demás integrantes de su grupo de whatsapp, contaron cuentos de sus años en el colegio y las bromas sanas de su época. A las 12:00pm Martin recibió un mensaje que le dejó pasmado, su amigo Emilio, desde Nueva Jersey, le dijo que para el negocio iban dos diplomáticos dominicanos desde Nueva York, el vice cónsul, Francisco Nobles, y el ex embajador George Morrodel, dos peledeistas legendarios de esa urbe. Ambos estaban de cumpleaños y un amigo le recomendó el cerdo de la Alitas Picantes de Riki Martin.

Sonia y Perla llegaron para ayudarles a decorar el área antes de que llegaran los “dominican yorks”.  Un despectivo que con el pasar de las horas iba a desaparecer del vocablo de todos los que estuvieron esa tarde en el pequeño restaurante.

- Lo más probable es que lleguen con un séquito de babosos hablando de todo lo que tienen y de lo que van a conseguir cuando gane el PLD otra vez, - dijo Checo mientras montaba unas luces nuevas en el humilde establecimiento. – Yo soy miembro del partido, pero tenemos que retornar al boschismo…es lo único que nos salva.

- Bueno, que no vengan a joder, - respondió Martin, - aquí vendemos puerco asado, no pasadías en el paraíso.

- Tranquilos, están como dos viejas chismosas – dijo Sonia, - si Emilio les recomendó venir es porque son buenas personas. Al final en ese partido se educaba a los miembros como líderes, no como vividores. Esos hombres son de la vieja escuela de Juan Bosch. 

- No, eso no importa, lo importante es porque tienen cuarto y eso es lo que necesitamos, - refutó Henry – no tienen que ser buenas personas para comer puerco, si beben romo, y comen cueritos, son de los míos. 

Todos brotaron en carcajadas…

- Choco, Choco, mire…mire- vociferó la nietecita de Fátima, la vecina, que era vegetariana y odiaba el olor a carne de todos los días. Algunos decían que el viejo con que vivía se la quería llevar para otra ciudad, solo para no escucharla quejarse de las carnes de Martin, pero él, el vecino, era su cliente número 1.

Bajando por la Beler venía una carabana de jipetas y lambones, como nunca se habían visto en los Pepines.

- Coño, ¡pero ni que fuera el Papá! - dijo Alberto mientras llegaba la avanzada a inspeccionar el lugar, - ven acá, ¿pero estos tigres están locos?

- Cállense la boca que estos “tigres” vienen a hacernos la navidad. – dijo Sonia, poniendo el orden, Perla salió a encontrar la primera jipeta.

- Saludos, bienvenidos a las mejores Alitas de Santi…

- Señorita, perdone que le interrumpa, cuatro miembros del PLD de Nueva York, Charles McToy, Migdalina Echevara, George Morrodel y Francisco Nobles han venido acompañados de un invitado especial y queremos asegurarnos que no haya peligro en los alrededores. – dijo el coronel Frías.

- Perdóneme coronel, pero no sabíamos, que eran tan importantes…

- No es que lo sean, de por sí, ni siquiera el líder se considera así, – respondió el pulcro coronel. – Algunas personas del exterior dicen que ustedes hacen el mejor puerco del área, y hasta yo quiero un poquito, pero no se lo diga a nadie.

En unos minutos la calle era intransitable, las cuatro jipetas que llegaron estaban repletas de regalos para los niños del área; libros, útiles escolares, reglas y transportadores…todo lo básico para el estudiante de hoy, además una tarjeta de regalo de Librería Cuesta para comprar 12 libros en el año y un regalo especial al cumplir un año leyendo 12 libros, notificados a través de un correo electrónico especial del departamento de educación.

Los cuatro políticos de Nueva York entraron a la humilde casa, para sorpresa de todos, eran personas excelentes y calmados, no los arrogantes que se imaginaban los hermanos, eran producto de una crianza dominicana cementada en décadas trabajando en una comunidad de líderes de la diáspora dominicana. McToy era un profesional de la electrónica, Nobles, uno de los cumpleañeros, estaba asignado al área de visados especiales en el consulado, Morrodel, el más joven, y el otro cumpleañero, había sido embajador alterno por años, ahora trabajaba en un proyecto de liderazgo interno del PLD, y Migdelina, la subsecretaria de prensa, era la directora de una agrupación cultural en el Bronx.

- Gracias Señor Santos, usted no puede ni conjeturar el placer que nos da compartir con usted estas suculentas despensas, un puerquito navideño, así como no hemos consumido en los últimos años. – dijo el líder, mientras le pedía a Perla que le sirviera a los de seguridad y sus acompañantes primero. – Sería un placer para nosotros si el Señor Santos y sus hermanos nos acompañan.

Terminando de decir estas palabras se escuchó un disparo, la bala pasó a pulgadas de los 4 neuyorkinos y casi le da en la cabeza al líder, un enorme aparataje de seguridad entró en acción, el encargado de seguridad personal del líder, Alejandro, entró a protegerlo, fue cuando pudo ver el cuerpo de un hombre vestido de negro con un cuchillo en la mano, se había escondido detrás del arbolito de navidad.

- Líder, vamos a sacarlo de aquí… - dijo Alejandro, cubriendo el cuerpo de su empleador. En la azotea de un edificio comercial estaba su mejor franco tirador, Alberto Coste, un joven militar de campamento de La Vega, oriundo de Pueblo Viejo. Cuando Alberto estaba de turno, Alejandro respiraba tranquilo.

- Gracias Alejandro, por favor vengan conmigo, Martin, ¿Podemos usar su sala por unos minutos? – pidió el líder con la voz sutil que le caracterizaba.

- Claro, vamos. – Martin los dirigió a su salita, y se sentó junto al líder a escuchar.

- Compañeros, antes que nada, quisiera desearle al compañero Morrodel y a Nobles, un hermoso día, me he sentido orgulloso de compartir con ustedes todo el día de hoy, especialmente siendo sus cumpleaños, es una pena que concluyera de esta forma, pero son gajes del oficio.  – dijo el líder, - pero además, quisiera desearles a todos en este hogar las mejores navidades de sus vidas, a la joven Perla, quisiéramos desearle que continúe su recuperación, nos enteramos que recién sobrepasó una difícil operación y la vemos aquí, en pie de batalla. A las personas, en colectivo, como siempre, simplemente queremos para ellos lo mejor, para los compañeros y compañeras inseparables de Unión 86, nada, el universo es pequeño para todo lo que ustedes se merecen, para los hermanos y hermanas de Areito Político Cultural, ustedes saben que los amo, y para todo dominicanos y dominicana, donde quiera que se encuentren, que no olviden su patria, que la patria nunca se olvidará de ellos. 

¡Feliz Navidad!

Cuento - ¿Por qué te vas?

Juan Fernández | Diciembre 20, 2016

La noche del 20 de diciembre, al salir del trabajo, Josefina Almánzar sabía que empezaba la navidad. Como abogada esperaba este día con ansias, entre los largos días en el estrado y las noches en la universidad, el año era eterno, pero con la salida de sus estudiantes en la noche del 20, se cerraba “la matanza de las neuronas” y empezaba la “gozancia”. 

Su primera parada era el colmado de Don Andrés, a comprar un par de “juguitos verdes”, “vestidas de novia”, para tomárselas con una de sus alumnas predilectas, Margot, en el campito precioso de Pueblo Viejo, en La Vega, y celebrar la vida. Margot había perdió a su esposo trágicamente unos años atrás, y tomarse esa cerveza fría se había convertido en casi un ritual navideño para las inseparables amigas.

Normalmente subía por el Santo Cerro, pero esa ruta estaba cerrada por un accidente, por lo que tomó el cruce de Cutupú. Pasando el Callejón de los Rodríguez, a unos metros del cruce de La Vereda, Josefina se encontró frente a frente con la muerte; tirada en la mitad de la carretera estaba desangrándose una mujer delgada, parecía malnutrida, como salida de un cuento de horror, en su cara, aunque era negra, se podía ver el moretón de un fuerte golpe, en su brazo la sangre le corría sin control.

- Mujer, ¿Qué te pasa? Habla… – Preguntó Josefina a la temerosa víctima, casi dictándole que tenía que responder.

- Ayúdeme mi señora, él me quiere matar. – Respondió, sin esperar que Josefina terminara su pregunta. – Se volvió loco, se volvió loco.

Josefina se levantó y puso de pies a la señora, en la rodilla derecha se le podía ver casi el hueso, y de su abdomen salía otro chorro de sangre. Normalmente no se metía en este tipo de cosas, pero era navidad y no iba a permitir que pasara una desgracia frente a ella.

- Doña, usted no debe meterse en esto, - dijo un hombre que salió de los matorrales, la ira le salía por la boca, los ojos y casi por los oídos.

- Posiblemente no, pero hoy, usted no va a hacer nada. – Respondió la abogada. – Yo no sé lo que está pasando, ni me importa, pero hoy empecé mi navidad y ustedes dos no me la van a arruinar.

- Señora, entrégueme a la mujer y siga su camino, no se meta - dijo el hombre, mientras agarraba el machete firmemente con la mano derecha.

- Escúcheme bien, si da un paso más lo mato, como a un perro, y averiguamos luego. – Josefina sacó de su costado un revolver calibre 38 edición especial, cromado, “su amigo inseparable”.

El hombre, creyéndose Superman, dio un paso más, y sin temblarle el pulso, Josefina le disparó en el hombro derecho, el disparo rasgo la piel, arrancándole un pedazo, pero no le penetró el cuerpo, los años de práctica con el arma habían servido de algo;

- El próximo te lo pego en la cabeza, idiota, tú crees que vivimos en los tiempos de Lilí,  – su brazo, extendido, no le temblaba ni un milímetro – no he venido a este campo a que uno de ustedes…

Lo que pasó a continuación dejó a Josefina sin respiro, el hombre, quien había caído al suelo y soltado el machete, estaba llorando del dolor, y como si fuera la escena de una novela, la mujer se le tiró encima.

- No lo mate mi señora, que él no es malo, es por el alcohol, usted sabe… – La mujer apenas podía con su propia vida y estaba defendiendo la de un malnacido como este.

Josefina pensó en darle un tiro a los dos y salir de ellos, ayudar al planeta eliminando dos inútiles, pero la bala valía más que los dos juntos, y al final su ruta era a tomarse una cerveza con su amiga, y no la de un cuartel defendiendo algo que no valía el tiempo, ni la pena. Se montó en su vehículo y se marchó. El timbre de su celular la sacó del trance.

- Mi bultis, ¿dime en que estas? – Era su amiga Aracelis desde España.

- Nada mi amor, acabo de ver una escena “de amor” de los tiempos de las cavernas, que casi me arruina la navidad, pero nada otra escena más de la ignorancia de los míos.  – Dijo Josefina mientras se arregla el pelo. – Voy camino a Pueblo Viejo a ver a la bultis menor, a Margot.

- Muy bien, dale un beso de mi parte, no olvides que te adoro, llámame cuando estés de regreso. – dijo Aracelis con un acento del viejo continente.

Josefina condujo en silencio el resto del camino, pensó en lo mucho que necesitan nuestros campos de todo tipo de educación; cívica, moral, respeto por la vida, valor propio… la lista era interminable. Pasando el puente de rio Verde, respiro profundo, no quería llevar a su amiga ningún estrés.

Cuando pasó la clínica de Maritza Coste redujo la velocidad, a unos metros tenía que hacer una izquierda, en la gallera, para llegar donde su amiga, al fondo esperaba ver la vieja palma seca que estaba en el frente de la casa;

- Bultis, ¿y la palmera? – preguntó Josefina.

- Saludos mi Bultis, con ella me voy a hacer una casita para usarla de centro de reuniones para los de este campo. – dijo Margot arreglándose la blusa.

- Pero amiga, estas sudada como una bestia, - dijo Josefina viéndola casi de lado.

- Tumbar la maldita mata fue más difícil de lo que yo pensaba. Pasé la mañana en la fiscalía buscando el permiso, y una idiota de los nuevos administradores de Don Aldo me la puso en China. – respondió Margot.

- ¿Y qué pasó? – preguntó Josefina.

- ¿Tú no ves la mata tumbada? – dijo Margot, y ambas reventaron a carcajadas.

Las amigas se sentaron tranquilas a tomarse la cerveza que Josefina había traído, en el fondo se escuchaba el sonido de las hachas sacando las tablas de la vieja palmera. Hablaron por horas de las necesidades de educación de las mujeres de esos predios, del abuso intrafamiliar, de los crímenes de pasión, de las mujeres que pierden la vida por amor.

En los ojos de Margot, Josefina podía ver una nueva chispa de vida.

- Tu sabes que cuando quieras en mi bufete tenemos espacio para ti, - dijo Josefina despidiéndose de su amiga.

- Gracias mi Bultis, usted sabe que se le quiere, pero mi trabajo está aquí en mi campo, hoy más que nunca entiendo eso, Miguel así lo hubiese querido. – dijo Margot, mientras le daba un abrazo a su profesora.

Amabas sonrieron, y prometieron verse antes de que terminara el año. 

- ¡Feliz Navidad! – dijeron casi en acorde. 

Cuento - Toqué Fondo

Juan Fernández | Diciembre 19, 2016

Margot se despertó espantada, la misma repetida pesadilla de los últimos años, mezclada con los truenos de una lluvia infernal de otro frío diciembre. A su lado dormía Prescila, su pequeña e inocente hija, lo único que le quedaba de su amado Miguel. 

Unos años atrás se habían conocido, “bíblicamente”, en un pasadía en la casa de verano de su compadre, Luis Souffront, en Burende. Ese día, sentada en un columpio, que colgaba en un gran árbol de caimito, que crecía al lado de la enramada, mientras Miguel la mecía, Margot se olvidó de todo y de todos; de su campo, Pueblo Viejo, de su familia, de su crianza, de su creencia, de su vergüenza, con cada ir y venir del bendito columpio sus inhibiciones se perdían. Esa noche, bajo la luz de una luna llena de un octubre precioso, sereno y tibio, Miguel la hizo su mujer.

Para nadie en Pueblo Viejo fue una sorpresa la boda de Miguel y Margot, se amaban por años. El respeto de Miguel por Margot era legendario, habían prometido no tener relaciones hasta que ella terminara la universidad, y ya había terminado la maestría. 

La boda fue coordinada de la noche a la mañana, algo extremadamente sencilla, los invitados no llegaban a veinte, las dos familias se dieron cita en la capilla, y la tía Annie y José, el rubio, los dejaron celebrar la ceremonia en la vieja casa que era de los Polanco. Su prima Justina fue la madrina, y como el padrino, un primo de Miguel, nunca llegó del exterior, Pablo tomó su lugar y celebraron el acto civil, para cumplir con la ley.

En el fondo se podían escuchar enormes guacamayos emitir los más extraños sonidos, parecían animales de otro mundo, pterodáctilos perdidos en el tiempo. Sus colores hacían contraste con las grises nubes;

- Annie, ¿desde cuándo tenemos guacamayos en Pueblo Viejo? Ese animal no es de aquí. – preguntó la vieja nana, Annette. 

- Son nuevos en estas áreas, - respondió la tía Annie. - Unas personas del Aljibe trajeron unas parejas desde Suramérica, Colombia o Venezuela, y se han multiplicado a montones, vienen aquí a comer de las semillas de amapolas.

- Prepárense para las permutaciones, - respondió Annette, - un animal tan grande no entra a un ecosistema, donde no tiene predador que lo controle, sin causar problemas, pronto creará pequeñas alteraciones ecológicos que afectaran a otros animales de lugar.

Todos se quedaron en silencio, escuchaban a la vieja nana explicarles lo que ha pasado en la historia del planeta cuando un animal no es controlado desde su inicio. Les contaba en detalles los riesgos de un crecimiento descontrolado, Pablo, Justina y Margot, sintieron que les hablaba a ellos directamente. Cuando terminó no entendían si les hablaba del guacamayo o de algo más complicado. 

- Mis hijos, vengan que quiero decirles algo, - pidió Annette con sus brazos abiertos. – Ustedes dos acérquenseme un poco más, quiero poder tocarles sus manos, los demás, hagan un círculo cerrado, no cierren los ojos, ni bajen sus cabezas…esto no será una oración, ni un sermón.

Los jóvenes no estaban seguros de que estaban supuesto a hacer, se acercaron a la nana, uno de cada lado. Frente a Annette quedó la tía Annie, Pablo y Justina quedaron agarrados de manos.

- Cada vez que dos jóvenes deciden unir sus historias para formar una nueva, las familias nos regocijamos y entendemos que unidos podemos crear el nido que necesitan para echar las raíces para convertirse en los pilares que necesita esta comunidad seguir creciendo. Los que estamos aquí presentes somos sus familiares, Margot, yo fui tu segunda madre, y para mí fue un gran honor, a usted Miguel, no lo conocía, pero si mi ahijada lo escogió para su compañero, entonces usted ya tiene la bendición de esta vieja. Reciban la bendición de esta, su familia, llegará el día que de ustedes dependerá el futuro de Pueblo Viejo. 

Y como si fuera una señal del cielo, la nana elevó la mirada al firmamento y empezó a llover. Corría la tarde de un 19 de diciembre, y ese día, con apenas dos meses de embarazo, Margot unió su vida a Miguel, el mismo día que Dios se lo llevó.

Miguel había construido una casita de dos cuartos de dormir con el primo Félix, el hijo de Tete, en el callejón detrás de la gallera, en la tierra del difunto tío Memén. La casita, aunque pequeña, era perfecta para una nueva pareja; una sala con cuatro mecedoras, una mesita redonda y algunas otras piezas que le regaló su prima Charito antes de irse a vivir a Alemania. 

Cuando salieron de la ceremonia, aquella noche fría y lluviosa, Margot aún tenía puesto el vestido de novia, decidieron irse caminando los cortos metros por la vieja carretera Duarte, Annette y Annie les llevaron hasta el portón, los cuatro mojándose bajo las bendiciones de la lluvia.

Miguel se reía como un niño todo el camino, le dijo a su amada que nunca había sido tan feliz, y la besaba y abrazaba mientras caminaban, le dijo que recordaría cada segundo de este día como si fuera el último día de su vida, y diciendo estas palabras, el universo alineó todo para cumplir su deseo; un rayo cayó sobre una mata de palma, un pedazo del tronco voló y traspasó a Miguel desde la espalda hasta salirle por el pecho. 

Exactamente tres años después, en una noche lluviosa e igual de fría, a las 2:00am Margot estaba sentada en la mecedora de su cuarto, en la oscuridad observaba el rítmico respiro de su adora Priscila. Esta noche no era diferente a las demás, pensativa y triste no podía sacar su pensamiento de su amado Miguel. Desde la ventana de su cuarto podía ver el lugar específico donde cayó muerto, en sus brazos, su amado.

Los últimos días habían sido difícil para todos en el campo, el ataque a su primo Pablo, la despedida de su prima Mercedes, el golpe en la cabeza de Lisbeth...y la larga noche que habían pasado todos en la galería de su casa escuchando canciones de Arjona, Silvio y Aute, los preferidos de Miguel, ella, sus primos y la vieja nana.

Margot se puso de pies, caminó despacio por la oscura y desolada casa, vio hacia el dormitorio y su hija respiraba igual de profundo que como lo hacía su padre. Silenciosamente abrió la puerta de la calle, se tiró una toalla sobre la bata de dormir y bajo la lluvia caminó lentamente hacia el tronco muerto de la infecunda mata de palma, se paró frente a ella y lanzó un grito que parecía de ultra tumba, como un animal herido, cayó de rodillas y sus lágrimas ahogaban las gotas de lluvia.

En la oscuridad, desde la gallera, Annette, Pablo y Justina observaban en silencio, la nana sabía que esta noche algo pasaría, los primos temblaban desesperados, pero la vieja nana los mantenía controlados.

- Déjenla, hoy mi ahijada ha tocado fondo, mañana renacerá, como el ave Fenix, necesitamos su capacidad y su entrega, nuestra odisea está a punto de forjarse, necesitamos la abogada brillante que sabemos que es. – dijo la nana, mientras los primos lloraban escuchando cada grito desesperado de la joven.

Margot se puso de pies, secó su cara con la toalla, entró a su casa, veló el sueño de su hija por unos segundos, y entró a bañarse…con el agua se escurrían tres años de dolor, de amarguras, de penas. Abrió los ojos, por un segundo le pareció ver a Miguel parado en la puerta, su imagen se esfumó perezosamente.

- Mi familia me necesita, mi hija me necesita. ¡Ya está bueno! - Margot se acostó a dormir, por primera vez soñó en paz.

Poema - Incomprensión

Juan Fernandez | Diciembre 18, 2016

Se me harán llagas en los pies de tanto transitar los caminos que no he andado y me faltan por andar. Lamentos que nunca he sentido, temores que nunca he vivido, en el casi medio siglo que el universo me ha regalado, serán mis compañeras en la cruda realidad del despertar de la razón, marcándome el corazón, con cinceles de apatías y cortafríos de desidias.

Seré el fruto neto de un millar de indiferencias criadas en matorrales límbicos de seres invertebrados, poseedores de verdades escritas en autobiografías de sus inútiles vidas clandestinas, que no merecen ser vividas. Crudezas escondidas detrás de cortinas, doctrinas prostituidas, ideales trasferidos, como substancias prohibidas, en las calles de una ciudad consumida.

Cada farol que se oculta en las avenidas de nuestras mentes hipnotizadas por las pantallas chicas y los celulares grandes, programados para con sus anclas prenderse de cada una de nuestras neuronas. Pensamos en sucesos digitales, automatizados en números de dos guarismos, por un dios de puntitos negros y un ejército de caritas amarillas que expresan nuestros sentimientos, mejor que nuestras palabras. Comprendemos mucho de un todo que no vale nada.

Un paréntesis y dos puntos que detonan una sonrisa, para mí un error gramatical de una mente vacía. ¡Cervantes se moriría! Yo prefiero los besos análogos, y abrazos sinónimos de vida, el calor de células empáticas, sonrisas repletas de dientes y un millón bacterias defendiéndome la vida.

Esta navidad me regalaré el mejor de los calzados, caminaré caminos nunca trillados, ¿Y tú, ya corriste los caminos que la vida ha marcado para ti?

¡Ven, sígueme!